Monstruo

Javier Gómez | 21 de noviembre de 2010 a las 12:42

PRIMERO fue el quebradero de cabeza para que los nombres de las estaciones fueran no sólo política, sino también socialmente correctos. Ese afán llegó al absurdo cuando se nombró ‘La Isla’ a la parada que debió llamarse Huelin o Héroe Sostoa. Dios nos libre de recordar a un empresario explotador ni a un militar, por mucho que este combatiera en la Guerra de la Independencia. Aunque para batallas absurdas, las que se libran desde la administración contra los nombres incrustados en la memoria popular. Ya vimos el fracaso de la iniciativa de llamar Blas Infante al Hospital Carlos Haya. En el caso del Metro, su apeadero se llamará ‘Carranque’, ni hablar de prolongar el recuerdo a un odioso aviador franquista.

Luego vino la tontuna de la fecha de inauguración, que ni siquiera será total, sino un montaje de ibertren más electoralista que otra cosa: a las 11.11 horas del día 11 del noviembre (11) de 2011, usted podrá darse un paseíto en el Metro, pero sólo por la Carretera de Cádiz o el campus de Teatinos. La fecha fijada parece más propia de Al Qaeda que de una institución pública seria, como el medio de transporte que se pondrá en servicio. Habrá que ver si la Junta se atreve a cobrarlo o si le da por poner recorridos gratis, todo sea con tal de arañar votos en las autonómicas de 2012. Hasta 2013 no se espera abrir las líneas 1 y 2, y ni siquiera completas entonces, puesto que el tramo de la Alameda principal y el Parque sigue sin fecha de inicio de obra definida.

La última ocurrencia de los responsables del Metro de Málaga la hemos conocido esta semana. El diseño de los trenes (lo de llamarlos así es otro eufemismo, pues en realidad aquí tendremos un tranvía). Ojo fenicio, colores picassianos y líneas que recuerdan a la constelación de Taurus. Así que no tendremos trazado del Metro sino un signo del zodiaco. De seguir así, la próxima rueda de prensa será para anunciar que Rappel será el maquinista. Y, por supuesto, María Gámez se hará otra foto con él.

Ante semejante colección de chorradas, va siendo hora de pedir un poco de seriedad a los responsables de Ferrocarriles Andaluces. No se puede escurrir el bulto de los problemas de comunicación del PTA trasladando la patata caliente a Fomento. No se debe olvidar que la primera fecha que se prometió para inaugurar las dos líneas, completas, fue febrero de 2009. No hay que demorar más el inicio de las obras en la Alameda principal. Y, desde luego, no es admisible que la línea 3 hasta El Palo y Rincón de la Victoria sea una fantasía que sólo se rescata en periodo electoral y que encima se haya diseñado urbanísticamente tan mal, desaprovechando la oportunidad de transformar el paseo marítimo.

Más que a la constelación de Tauro, los vagones del Metro deberían llevar un dibujo de Quimera, otra criatura mitológica griega. Monstruo de tres cabezas, una de macho cabrío, otra de león y otra de dragón, que vomitaba fuego. En eso se ha convertido el proyecto de ensueño que debía transformar Málaga: en una pesadilla que lanza fuegos artificiales de colorines.

  • Realidad y no

    Seguir soportando las banalidades de la Junta andaluza con el estoicismo con el que lo hacemos los malagueños, sólo es fruto de la pérdida de interés que esa altísima institución tiene para nosotros. Nos gobierna, sí; nos administra, sí; explota los recursos que obtiene esta provincia con ímprobo esfuerzo en la Costa del Sol con turnos imposibles de horarios extremos, sí; nos ningunea, sí; obstaculiza nuestro normal desarrollo, sí; es dañina para con Málaga, sí; es amada, no; es considerada, no; es respetada, no. Con esta quiniela de desencuentros sólo nos cabe mandar a esta maldada Junta a la mismísima Sevilla y evitar que nos siga haciendo un daño mayor. Málaga detesta a la Junta sevillana, hoy PSOE y mañana PP, con verdadero denuedo; no es cuestión de formaciones políticas, que también, es que Málaga jamás se ha hallado a gusto en esta autonomía sevillanizada hasta la vulgaridad e hiriente con los malagueños hasta el dolor. No sé si acertada o erróneamente, a esta provincia sólo le resta minimizar el apoyo a los progresistas y esperar un trato diferente de los populares. Pero no podemos continuar en esta rodada infernal hacia el retroceso. Jamás una institución creída amiga hizo tanto mal y obró con tanto desprecio como lo hace la Junta con los malagueños. No será posible el perdón en décadas. Javier Fernández