Oiga, que esto lo pagamos todos

Javier Gómez | 30 de diciembre de 2010 a las 12:20

Una de nuestras grandes carencias democráticas es la falta de una sana conciencia colectiva de ‘taxpayer’. Si pagamos nuestros impuestos deberíamos exigir resultados, que nos justifiquen por qué es necesario quitarnos cada euro de nuestro bolsillo para dárselo a la Administración pública. Aunque muchos de ellos no lo sepan, somos los jefes de los cargos públicos, los accionistas del Ministerio de Fomento, de la Junta de Andalucía, del Ayuntamiento. Los dueños de la estación de tren, de ese hospital, de aquel colegio, del coche oficial en el que se pavonea ese concejal, de la nueva hiperronda. Todas las obras públicas son nuestras y no de ningún partido, pese a los ridículos esfuerzos de los políticos por aparentar lo contrario. No, la segunda circunvalación de Málaga no es ningún regalo de Reyes Magos del PSOE para Málaga ni el PP es un frustrado Papa Noel al que le birlaron el trineo.

Hay que lamentar que entre las medidas de austeridad aprobadas en los últimos meses no se encuentre la extinción de las inauguraciones. Son un acto absurdo, que retrasa la puesta en servicio de bienes públicos, y sólo pensado para que el cargo de turno se haga la foto de turno junto a la estúpida placa de turno. De eso sabemos bastante por Málaga. Hace meses una ministra llegó a inaugurar con un placón una aportación de arena en La Caleta. Así que de la fiesta de las vanidades y los codazos que se producen debajo de cada carpa inaugural podríamos escribir una novela. El último episodio fue la apertura de la mitad de la hiperronda el miércoles. Como empieza a ser tradición, la Subdelegación del Gobierno de Hilario López Luna (lleva ya demasiados años en el cargo para le demos el beneficio de la duda) recurrió al esperpento para ningunear al alcalde y supuestamente beneficiar a la candidata socialista a la Alcaldía. Si lo hicimos con Bustinduy, por qué no con Gámez, pensaría algún estratega de pacotilla. Así que organizó antes una visita a la autopista de peaje de Las Pedrizas sin invitar a De la Torre. Sí que se llamó a la prensa y a la delegada del Gobierno andaluz en Málaga. En el acto posterior de apertura de los dos tramos, en el que no había más narices que invitar a De la Torre, no se le permitió intervenir. Como ocurrió en la inauguración del AVE. En cambio, hace unos días vimos a Ruiz Gallardón dando su cuota de discurso en la inauguración de la estación de Atocha, junto a Blanco.

Flaco favor le vuelve a hacer el PSOE a su candidata a la Alcaldía cuando la pasea por una nueva muestra de desprecio a esa institución, un insulto a toda la ciudad en la piel de su máximo representante. Un acto de precampaña de una pobreza intelectual y democrática alarmante. Y que pagamos todos.

  • Realidad y no

    Qué buenos argumentos, amigo Sancho, usa el escriba para calificar el acto y descalificar actores. Es éste, mi buen escudero, bachiller tan astuto como ya habíamos supuesto. El acto en sí, dada su medía importancia pues se inaugura la mitad de la obra, es poco relevante; lo que una vez más clama al cielo, y aquí me veo obligado a copiarle los argumentos al escriba pues no ha dejado cabeza alguna sobre uno sólo de los títeres, es que se arrincone a nuestra primera autoridad, al alcalde de los malagueños, al honorable De la Torre, al único personaje que no tiene connotación alguna con la Junta de la vanidades. Y llueve sobre mojado, mi buen Sancho, pues no es sólo doña Celia del Toboso la que pone el grito en el cielo, y sí lo es el Consistorio, y es la ciudad, y lo es el escriba comprometido, y en definitiva el vulgo que se asombra cuando se repiten actuaciones que ya han sido condenadas y censuradas en ocasiones anteriores por inadecuadas, por partidistas, por vulgares, por propias de tahúres y truhanes, de follones y malandrines. El teatro de las vanidades, querido Sancho, se muda en el corral de los estúpidos. Javier Fernández