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Puntos seguidos y Frankensteins

Javier Gómez | 10 de marzo de 2011 a las 10:59

EL problema de las denominadas leyes de punto final es que habitualmente son sucedidas por un punto seguido, una conjunción copulativa y otra condicional: Y si se ha perdonado a Marbella, ¿por qué no hacer lo mismo con la Axarquía? Y si en aquella comarca se van a legalizar 11.000 viviendas irregulares, ¿por qué no también en Cártama, en Estepona o en Mijas?

Definitivamente, las precampañas y las campañas electorales son periodos tan inútiles como indigestos para la economía, la moral, la ética y la legalidad en este país. Es un tiempo de despilfarro, de despropósitos, de mentiras y de ataques a la razón y al sentido común. La amnistía urbanística de la Axarquía anunciada la pasada semana por la consejera de Obras Públicas de la Junta, Josefina Cruz, ha entrado por derecho propio en los anales históricos de la demagogia electoralista. Ya lo fue la carta blanca dada a las barbaridades cometidas en tiempos de Jesús Gil y sus secuaces. Que todas esas sinvergonzonerías queden en pie sin derribo alguno tendrá un altísimo coste en el futuro. De hecho, ya lo ha tenido: el efecto llamada de la permisividad de nuestros responsables políticos ante las viviendas ilegales. ¿De qué sirve perder años en trámites, enmiendas, debates parlamentarios y correcciones, en costosísimos Planes de Ordenación Territorial, si luego la Ley del Suelo está para saltársela?¿Quién le niega ahora a nadie su deseo de construirse una casita en el campo? Sí, desde luego hay muchos inocentes que compraron su vivienda de buena fe, sin saber el desaguisado en el que se metían. Pero son mayoría los que eran conscientes de lo que hacían.

Puestos a crear precedentes y coartadas éticas para el futuro, el mensaje que ha dado estos días el alcalde de Málaga sobre el concejal de Urbanismo tampoco es lo que se dice ejemplarizante. No se trata desde luego del mejor cartel con el que presentarse a la reelección por cuarto mandato, acosado por la cuestionable conducta de su delfín político y por el pulso del Museo de las Gemas, el otro Frankenstein particular del regidor y su fallida política cultural.

No hay peor enemigo que uno mismo ni rival más peligroso que el exceso de confianza. Los populares acuden a las urnas tan seguros de su victoria que sería bonito disfrutar de un partido igualado que les diera una sorpresa. Pero desde el lado socialista están empeñados en recurrir al juego sucio.