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Sólo aquí es posible

Javier Gómez | 29 de abril de 2010 a las 10:14

TENGO a Miguel Rodríguez y a Francisco Porras, los presidentes de Myramar y Edipsa, los dos primos que salieron al rescate de Udisa y de la ciudad en el enésimo hundimiento del plan del Puerto, por dos empresarios serios. Dos malagueños comprometidos, que hacen sus negocios principalmente en la provincia, que dirigen dos promotoras con una larga e intachable trayectoria que no se ha visto salpicada por los escándalos protagonizados por muchos compañeros, dos firmas que construyen bien, con la calidad por bandera y que no se dedican a especular y salir corriendo.

Tengo a Braulio Medel, presidente de Unicaja, por un hombre prudente, un sabio de las finanzas y la política que no ha caído en las fáciles tentaciones del ego y la idolatría que le rodea. Un astuto catedrático que ha sabido llevar a la práctica sus lecciones, hasta situar a la caja andaluza en la Liga de Campeones de las entidades financieras españolas.

Por todo ello me deja perplejo la deriva adquirida por el plan especial del Puerto y su zona noble, una concesión que gestionan mayoritariamente ambas firmas y Unicaja. El mejor suelo libre de la ciudad, cuyo destino llevamos dos décadas debatiendo, montando y desmontando. Era una buena idea, discutible pero razonable, situar la sede de la obra social de la caja, un potente edificio cultural, en la denominada esquina de oro. Pero lo de colocar un supermercado al lado, como lleva dos meses advirtiendo este periódico, es una aberración impropia del prestigio de las tres sociedades e inaudita incluso para un lugar que se quiere tan poco a sí mismo como Málaga.

Sólo aquí es posible que todo el mundo -incluyendo el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde, y el alcalde, Francisco de la Torre- esté en contra de algo y sin embargo ocurra. Sólo aquí es posible que para una vez que se ponen de acuerdo los dos partidos y sus líderes locales, Miguel Ángel Heredia y Elías Bendodo, sea para criticar algo que puede suceder gracias a la desidia y falta de liderazgo de las instituciones en las que gobiernan.

Hay quien ha recopilado los cientos de artículos que ha merecido el plan del Puerto. Deberían enterrarse en una caja bajo la Farola. Los malagueños del futuro alucinarían.

Delitos y moral

Javier Gómez | 22 de noviembre de 2009 a las 15:08

Uno empieza a pensar que la actual dirección del PSOE de Málaga se pasa de marxista. No es que Miguel Ángel Heredia y Francisco Conejo hayan recuperado la figura del filósofo Karl. Lo preocupante es que es la foto del cómico Groucho la que parece presidir la entrada de Fernán Núñez, sede provincial de los socialistas. “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”, es una de sus muchas frases célebres. Y en el desmadre urbanístico al que asistimos hay que pellizcarse varias veces para constatar que no estamos dormidos cuando se presta atención al bacanal de declaraciones disparatadas que se está celebrando en las últimas semanas. Heredia y Pendón se han embarcado en una absurda batalla por ver quién es el campeón de los pobres ediles arrinconados por la Fiscalía. Es una aventura que no puede acabar bien. Porque algunos no son víctimas, sino delincuentes.

De acuerdo, resulta injusto que se persiga con más vigor un diseminado en mitad de la Axarquía que miles de viviendas ilegales en Marbella. Pero se equivoca el PSOE al meter a todos sus alcaldes en el mismo saco de víctimas de una rígida ley del suelo que elaboró el propio PSOE. Una de las mínimas cosas que se le pueden exigir a un político es el cumplimiento de la legalidad, aunque sorprendentemente burlarla no se incluya dentro de los supuestos que fijan los estatutos del partido para las expulsiones. Del PP podemos ver su lentísima reacción durante los escándalos de Gürtel, mientras que en el caso socialista, sólo se habla de suspender a quien supuestamente cometa actos irregulares graves que lo merezcan a juicio del comité federal. Y de momento, ese órgano rector de los socialistas no ha dicho ni mú sobre la rebelión de la Axarquía. Sí ha hablado, quizás demasiado, Heredia. El viernes sentó doctrina y anunció que su partido no expulsará a los alcaldes procesados o incluso condenados por delitos urbanísticos. Será contundente y expeditivo con cualquier detenido o acusado por corrupción –en eso los socialistas le llevan la delantera ética a los populares malagueños–, pero bastante laxo en los asuntos urbanísticos. En esos casos les pondrá hasta abogado. El secretario provincial se dejó llevar por el calor de su encendida defensa de los alcaldes y llegó a felicitar al regidor de Sayalonga, recientemente condenado. Poco podía imaginar que mientras celebraba esa rueda de prensa se conocía que la Fiscalía acusaba a José Luis Navas de nuevos delitos. Ahora le pide cuatro años de cárcel por un feo caso de cuatro grandes chalés con piscina –difícilmente se pueden confundir con casa de aperos– en el que están implicados los familiares de una concejal y que se pusieron después a la venta en una inmobiliaria ubicada en un local propiedad del regidor. Si los delitos no son causa suficiente para expulsar a alguien de un partido, imagínense lo que ocurre con las inmoralidades. Han dejado de aparecer en las nuevas ediciones de los diccionarios políticos.

Pregunta  no amorosa:  ¿Por qué lo llaman fusión cuando quieren decir absorción? Unicaja lleva bastantes trimestres destinando una buena parte de sus beneficios a provisiones para estar preparada para la crisis, lo que se suma a la adecuada política de riesgos de la entidad. Ambos factores hacen que la caja malagueña sea una de las que menos morosidad registran. La principal cualidad que debe tener un gestor es la prudencia, y Braulio Medel posee la cátedra. En cambio era vox populi en el sector desde hace casi dos años que Cajasur iba camino del precipicio –la intervención por el Banco de España– por su alocada apuesta inmobiliaria. No es de extrañar que Unicaja no tenga prisa por fusionarse. El tiempo sólo corre en contra de la caja cordobesa.