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Valiente Gámez

Javier Gómez | 9 de enero de 2011 a las 12:59

NO se le puede negar valor a María Gámez. Si fuera una cantante novata en su primer gran concierto, habría escogido a los Rolling como teloneros. Si se tratara de un torero ante su alternativa, a José Tomás y Enrique Ponce en el cartel. Tener a Felipe González como presentador en el lanzamiento oficioso de tu candidatura puede ofrecer más contras que pros. Sí, el brillante ex presidente te garantiza lleno absoluto, pero también te exige estar a su altura, y eso es francamente difícil, por no decir imposible. La política española no ha dado mejor orador en los últimos 30 años, así que Gámez debió sopesar mucho las ventajas y el evidente riesgo de que un bonito jarrón chino le birlara la audiencia, como ocurrió. Pero desde luego la candidata socialista logró que nadie dudara de sus palabras cuando se definió como una persona valiente a la que no asustan los retos. El desafío al que se enfrenta en mayo es considerable: nadar a contracorriente en medio de la tormenta de la crisis, que amenaza con hundir la flota socialista, y quitarle el puesto a un alcalde muy valorado por sus vecinos, pese a que en los últimos años no haya hecho demasiados méritos para el aprobado.

De la Torre es un caso digno de tesis doctoral. Cuenta con una imagen imbatible de gestor, pese a que los números del Ayuntamiento dicen lo contrario, la burocracia municipal resulte asfixiante y los promotores tiemblen sólo con oír su nombre. También de dialogante, porque habrá estrechado tres o cuatro veces las manos de cada malagueño y es capaz de reunirse las veces que haga falta hasta con el mismo demonio, aunque siempre encuentre un problema para cada solución y un agravio lo espere al doblar cualquier esquina. La austeridad es otra de las cualidades que se le suponen. Nadie dice que él no sea frugal, pero a lo largo de estos años, desde los millonarios sueldos de algunos gerentes, pasando por el derroche de la faraónica sede de Urbanismo o el último capítulo del alumbrado navideño y la artística Cabalgata, ha dado muestras de que no es precisamente una prioridad de su equipo de gobierno.

Que el cambio es posible es la idea fuerza de Gámez, y para venderlo tampoco había mejor padrino que González, quien tras ganar sus primeras elecciones en el 82 con ese estandarte llegó a presentarse en su larga agonía electoral como “el cambio del cambio”.

La aspirante del PSOE tendrá que luchar contra las encuestas, contra la inercia de una ciudad conformista que puede y debe aspirar a más y mejor, pero también contra sí misma: resulta difícil olvidar que es la delegada de la Junta, y el Gobierno andaluz tampoco ha estado muy fino bajo su égida con Málaga, pese a los prometedores y casi olvidados inicios de Griñán.

Gámez se presentó como la alcaldesa de las personas frente al ladrillo, de las palabras frente a los números, de los parques frente a los aparcamientos, de la cooperación frente a los agravios, del carril bici frente a las autopistas urbanas, de los acuerdos frente a la confrontación permanente. Aunque tuvo la elegancia de no nombrarlo más que para decir que seguro que también él piensa que su modelo es el mejor para Málaga, De la Torre estuvo presente, implícitamente, en todo su discurso, que pareció de investidura, por cierto.

Atento la escuchaba, entre un auditorio de casi cuatrocientas personas, su gran fichaje, Carlos Hernández Pezzi. El arquitecto, una de las mentes más lúcidas de esta ciudad, un rebelde con causa, un tipo creativo poco amigo de lo políticamente correcto, es su coordinador de campaña y casi todo el mundo, menos él, da por hecho que irá en la lista. Pero puede que con él empiecen y acaben los galácticos. Su designación fue un triunfo de Gámez frente al aparato y las estructuras del partido, quizás peor enemigo para la candidata que el propio De la Torre.

Cada vez que la dirección ha decidido algo, ya sean la absurda caza de brujas, lapidación a la vida de Brian incluida, de Ignacio Trillo, la inspección al maldito edificio de la lona frustrada, o esa fea costumbre de confundir institución y partido, ha ido en perjuicio de la candidata. Y ahora los socialistas vuelven a caer en el mismo error de siempre: confeccionar la lista no en base a escoger a los mejores posibles, sino a que se mantenga el equilibrio en las agrupaciones. Como si no fuera difícil encontrar músicos valientes dispuestos a tocar, a la banda de Gámez le quieren colocar de inicio varios intérpretes que desafinan. Superada con éxito la prueba del telonero González, a la candidata le queda la prueba más complicada: convencer a los propios de que es posible ganarse al público.

Sí, María tiene mucho valor. Nadie puede quitarle eso.