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Atrapada por su pasado

Javier Gómez | 19 de agosto de 2010 a las 10:45

EN Marbella da igual lo honrada que sea y parezca la mujer del César, todo el mundo piensa que es una puta. Son tantos los antecedentes penales, los concejales detenidos y la mala fama acumulada en los estercoleros televisivos, que nadie se va a creer otra cosa. De ello se quejan amargamente en el Ayuntamiento de Ángeles Muñoz: en los días previos a la redentora visita de Michelle Obama, una tele nacional llamaba al Consistorio preguntando cuáles eran los mejores lugares para hacer un reportaje sobre la prostitución. Tu puñetero plató, debieron responder.

Tras el paso de Jesús Gil, de Julián Muñoz, de Marisol Yagüe, fauna selecta del zoo de la corrupción, uno esperaría que el equipo de gobierno del PP fuera absolutamente escrupuloso con todos los procedimientos. Que se preocupara mucho del qué dirán. Que se inhibiera en cualquier concurso público que pudiera provocar suspicacias y reparos morales. Pero no. El último escándalo es la adjudicación de tres locales en el puerto deportivo, propiedad municipal, a una empresa de la que es socio el hermano de una concejal. De Alicia Jiménez que, fíjate que casualidad, es precisamente la que gestiona los puertos. Aunque el contrato ha sido mediante procedimiento negociado, no tenemos muy claro dónde se ha negociado.

No es el primer dolor de cabeza que provocan esta concejal y su familia. Hace unos meses, el PSOE denunció que es la dueña de un edificio en el que el Ayuntamiento tiene un local alquilado. Además de edil, casera del Consistorio. Pero éste no es el único asunto turbio que parece del régimen anterior. Tanto o más grave es el caso del concejal de Medio Ambiente, Antonio Espada, que extrañamente sigue en su puesto a pesar del varapalo judicial que recibió el mes pasado, cuando un juez absolvió a los socialistas Bernal y Radío de una demanda del edil por supuesta intromisión en el honor. Habían denunciado, verazmente, que una empresa de Espada ganó dos contratos de suministro de materiales al Ayuntamiento por más de 234.000 euros.

Por mucho menos, el alcalde de Málaga forzó en diciembre la dimisión de Manuel Marmolejo. Y eso que Málaga no es Marbella y nadie cuestiona que la honradez sea la piedra inexpugnable de la gestión de Francisco de la Torre.

Pese a todo, Marbella

Javier Gómez | 5 de agosto de 2010 a las 10:21

NINGÚN lugar, de Mónaco a Taormina, de Malibú a los Hamptons, resistiría incólume la imagen de su orondo alcalde repanchingado al borde de un jacuzzi lanzando diatribas, rodeado de las azafatas de una indigna televisión nacional, o abanicándose las mollas en los pasillos de la Audiencia provincial. Sería muy duro para cualquier destino de lujo, de Seminyak a Mauricio, de Saint Tropez a Formentera, salir sólo en los informativos por los ajustes de cuentas de las mafias, por las gracias de una cuadrilla de majaderos en el club playero de moda tirando dom perignons a cuerpos de plástico y tarjeta de crédito. Pocos sitios recuperarían su prestigio tras pasar casi toda su corporación por la trena, tras el romance de su alcalde con una tonadillera y la exhibición de cuernos de su ex por los platós. Marbella lo ha aguantado todo. Una jet set que degeneró de la belleza de Deborah Kerr a la de Gunilla, una sociedad que encumbró a traficantes de armas y a virtuosos del pelotazo urbanístico. Incluso 007, otrora símbolo del buen gusto que huyó del gilismo, nos salió rana. Querríamos creer que Connery se largó porque Gil le plantó bloques delante de su chalé, y no porque tuvo licencia para recalificar. A tal punto llega la cosa que se creó un verbo, marbellizar, para hablar de la corrupción en Baleares.

Marbella ha soportado como penitencia un largo paseo por los vertederos. También el desprecio de los representantes del Estado y de la Junta. El Rey contaba los minutos que le faltaban para volver a Marivent cada vez que visitaba al rey Fahd. Los príncipes no se han prodigado por aquí. No ha habido ni un detalle de la Casa Real o de Moncloa. Hay que ser jarrón chino para veranear en Marbella. Como presidente está mal visto. Siempre queda más sencillo ir al Palacio de Las Marismillas, como si uno fuera duque de Medina Sidonia. Ha calado tanto el estigma en el subconsciente político que traicionó al presidente de la Junta. En su peor metedura de pata, presumió de que él no pasa sus vacaciones en Marbella. Ni su antecesor. Griñán sigue sin pisar una de las principales ciudades de la región, el santo y seña de un sector turístico que aporta casi el 15% del PIB a Andalucía. El mismo sitio al que se le promete desde hace treinta años que algún día llegará el tren.

Ese lugar maldito es el elegido por la mujer de Obama para sus vacaciones europeas. Marbella también se merece un descanso, parar y oler las rosas. Se llaman Michelle y Sasha.

My belle

Javier Gómez | 2 de agosto de 2010 a las 20:44

No sé si los 800 millones de euros que ha calculado ya una agencia especializada, pero desde luego la visita de Michelle Obama vale un tesoro para Marbella, para la Costa del Sol y para Andalucía. Los empresarios ya pueden ir recaudando para ponerle una estatua. A ella o a la amiga que le recomendó el viaje.

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