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Ese dinero es mío

Javier Gómez | 5 de abril de 2009 a las 2:15

Tan aficionados como son los políticos a crear instituciones de todo tipo y dudosa utilidad para colocar a compañeros, próximos candidatos, últimos derrotados o simplemente a viejos elefantes a la espera de la jubilación y de una buena pensión, resulta extraño que a ninguno se le haya ocurrido crear un Observatorio del Gasto Público. Así, con mayúsculas. Gasto entendido no como inversión, sino como dispendio, como empleo superfluo e innecesario del dinero de los ciudadanos. Existe un defensor del contribuyente dependiente de la Secretaría de Estado de Hacienda, pero lamentablemente entre sus atribuciones no está la de fiscalizar si cada euro público se utiliza realmente para fines públicos o bastardos.

Desde luego, los medios de comunicación no somos los más adecuados para tirar la primera piedra en este asunto. Porque aunque periódicos, radios e incluso televisiones se supone que dan servicio al derecho constitucional a la información -y uno incluiría que al control del poder-, no parece sano para la libertad de prensa que el Gobierno, las comunidades autónomas y las corporaciones locales sean los principales anunciantes del país y que las cuentas de explotación de los medios dependan de estar a buenas con los políticos a los que deben vigilar. Pero a pesar de no estar libres de pecado, lanzaremos la dichosa piedra.

En Málaga, como en otros muchos lugares de este país, la prostitución del dinero público es tan habitual que ya no escandaliza. Los abusos se han hecho tan frecuentes que los hemos asumido como normales y, lo que es peor, como parte intrínseca del sistema democrático. Nos parece lógico que cada concejal, cada diputado provincial, tenga su coche oficial con chófer. No cuestionamos que alcaldes como los de Málaga o Fuengirola cuenten con vehículos de lujo a su disposición que cuestan más de 100.000 euros a las arcas municipales. Que en aras del pacto PSOE-IU en la Diputación pueda llegarse a una proporción inaceptable de asesores y cargos de confianza o a que la empresa provincial de la vivienda, que hace unas escasísimas 60 VPO al año, pueda pagar dos sueldos de 72.000 euros a su gerente y consejero delegado. Cada año asistimos a eventos, fiestas, almuerzos y exposiciones subvencionados con fondos públicos con el único interés de promocionar al político de turno o de propagar los logros del partido en el poder. Hemos transigido con que determinados cargos municipales cobren 180.000 euros al año y tengan cláusulas de blindaje en base a una supuesta valoración de mercado de sus capacidades, aunque no los haya fichado ningún tribunal independiente. Y así los cargos y puestos públicos se multiplican de manera inversamente proporcional a los títulos y méritos de los políticos que de forma abrumadora los ocupan. Gracias a controlar una pequeña agrupación, a conseguir afiliar al partido a un buen número de militantes, muchos de ellos familiares, o de tener cierta influencia política, uno puede convertirse en consejero de una caja, en gerente de consorcio, delegado, director general, presidente o consejero delegado. Y ese es sólo el principio, porque a partir de ahí sólo queda gastar más.

Esta semana ha llegado al Congreso una grotesca bronca por un ridículo cartel del Ayuntamiento. Seguro que al alcalde, Francisco de la Torre, se le podrían ocurrir otras muchas cosas en las que emplear los 5.000 euros que ha costado la indigna puyita al Ministerio de Medio Ambiente a cuenta de la ampliación del paseo marítimo de Poniente. Con ese dinero se pueden pagar desayuno, almuerzo y cena a 625 necesitados en el albergue municipal. Incluso costear los caros menús de esta Semana Santa, a 24,6 euros el cubierto, a 203 policías locales. Y sobre todo, se corre el riesgo de que se desate una guerra de carteles y propaganda en cada uno de los cientos de conflictos abiertos entre las administraciones, ante lo que se frotan las manos los rotulistas e incluso los medios de comunicación a la caza de publicidad. Es fácil imaginar los primeros anuncios. “El Ayuntamiento quería tuneladoras, pero la Junta usa los molestos muros pantalla para el Metro”. “La Junta quería un megahospital, pero el alcalde no nos deja recalificar los suelos de Carlos Haya mientras sí se lo permite a los promotores privados”.

La bronca en el Congreso, además de abochornar a los malagueños ante los representantes electos de todo el pueblo español, dejó en mal lugar tanto a Celia Villalobos como a Miguel Ángel Heredia. El socialista tendría que mirar muchos de los derroches similares que hacen sus compañeros antes de insinuar que el alcalde de Málaga “roba”. Por su parte, la veterana popular debería guardar un poco más las formas y recordar que no engaña a nadie con su falsa y encendida defensa del regidor y de un cartelón indecente. Eso sí, publicidad gratis han conseguido ambos a raudales.

Citas a ciegas

Javier Gómez | 1 de febrero de 2009 a las 3:21

 QUE sepamos, lo único que tienen en común es que ambos pertenecen a la generación X y que los dos quieren que Málaga recupere el peso político perdido. Aunque por el cruce reciente de comunicados entre PSOE y PP no lo parezca, Miguel Ángel Heredia y Elías Bendodo han cumplido sus buenos propósitos y se han reunido ya en dos ocasiones. En lugar muy poco discreto, aunque ambos encuentros pasaran desapercibidos: la cafetería del hotel Larios. El intercambio de pareceres, con buenas vibraciones según ambas partes, vino precedido por reuniones de los lugartenientes, Paco Conejo y Francis Salado. Aunque todos son conscientes de los riesgos que corren ante sus directivas regionales, todos tienen ganas de poner en marcha varios consensos de interés general para Málaga. En las próximas semanas esas reuniones casi clandestinas darán paso a una puesta en escena pública.

La carta

Hablando de Heredia, ha recibido una carta de la parlamentaria catalana Montserrat Nebrera, en el que la popular, tristemente famosa por sus impresentables críticas al acento de Magdalena Álvarez, acusa el recibo del libro ‘Persona y democracia’, de María Zambrano, que le envió el malagueño. En Fernán Núñez no ha sentado demasiado bien el tono medio cariñoso, medio tocanarices: “Mi querido amigo Miguel, la presente te acusa recibo del libro de María Zambrano que me envías (escrito en castellano, por cierto)… Supongo que no sirve de nada que te diga que jamás pretendí ofender a los andaluces (¿o es que decir que cuando habláis rápido no os entiendo es ofender?), pero en fin, ojalá algún día tengamos oportunidad de hablar con tranquilidad, no con periódicos y radios en medio. Un saludo cordial de una nieta de jienenses (sic)“. No hay nada peor que un charnego renegado, señora Nebrera. No se ofenda.

Saturno y sus hijos

Hay quien sostiene que el puesto de mayor rotación laboral de España es el de director de Comunicación de Francisco de la Torre. En casi nueve años como alcalde, ha tenido seis bien diferentes. Fernando Leguina sustituyó a Ana Benavides, Carlos Pérez Ariza a éste, y después vinieron Juan Carlos Jiménez Laz, Marcos Bonastre e Isidro Cuberos, un curtido y buen profesional que no sabía dónde se metía. Estadísticamente parece imposible que todos sean culpables del fracaso en el intento de unificar qué, cómo y por cuánto comunica el Ayuntamiento. Y ninguno habría cometido el desliz burdo de trucar una foto para borrar el logo de otra institución. A lo mejor el fotógrafo municipal, que tendría mejores cosas que hacer un domingo por la tarde que “prácticas informáticas”, se tomó en serio los comentarios de una concejala que antes había pedido a los peñistas que se quitaran los delantales de la polémica. La misma edil que ejerció como consejera editorial de una revista de barrio en la que salían fotos suyas en 14 de 16 páginas y en la que se criticaba a la oposición. Financiada con publicidad de sus áreas, por cierto.

Es sólo uno de los ejemplos del reino de taifas que siempre ha sido en esta materia el gobierno municipal, que no satisfecho con montar su propia televisión y radio también se ha ido de rebajas inmobiliarias para que la cuenta de resultados de una empresa del sector no note tanto el mordisco de la crisis. Muchos ediles tienen su propio asesor de imagen, muchos negocian personalmente la publicidad de su área, y algunos cuentan las horas para ventilarse al actual director de Comunicación, que sólo ha intentado imponer cordura. Y que pase el siguiente. También lo devorarán.

Heredia devuelve el golpe

Javier Gómez | 12 de enero de 2009 a las 16:23

Sería injusto achacarle a su nuevo secretario provincial, Miguel Ángel Heredia, la responsabilidad de todos los males que atenazan a los socialistas en Málaga. También culparlo de la pérdida de peso, de la pírrica influencia, que tiene el PSOE malagueño en el regional y en la Junta. Heredia es un hombre de Zapatero, su vicesecretario general, Bernardino León Gross, es la mano derecha del presidente, y la presidenta provincial del partido, Magdalena Álvarez, tampoco es que sea vista con muy buenos ojos por el aparato regional. Así que no es de extrañar que Chaves y sus muchachos vean Málaga como una cuña de la renovación -vaya eufemismo por jubilación- de los ‘barones socialistas’. Sólo queda el presidente andaluz en la trinchera tras las salidas de Ibarra, Bono y Maragall.

Así que por una vez, y sin que sirva de precedente, tenemos que aplaudir el puñetazo -ya veremos si palmadita- en la mesa dado hoy por Heredia en la reunión de la Ejecutiva.  Tras el duro bofetón que ha supuesto para la provincia y, sobre todo, para los socialistas malagueños, el ‘affaire Cuenca’, el correoso diputado ha devuelto el golpe. ¿Que Chaves y Pizarro no quieren ni oír hablar de discursos localistas a propósito de la posible fusión de las cajas? Pues ahí está el líder de los socialistas malagueños diciendo alto y claro, por primera vez, que la sede de esa hipotética entidad tiene que estar en Málaga, que la Junta tiene que dar a esta provincia más peso y juego en el gobierno autonómico, que somos la capital económica.

También ha anunciado una batería de iniciativas en ayuntamientos y la Diputación para que se posicionen a favor de esta idea. Si la Junta y el PSOE andaluz no querían localismos, desde luego la mejor forma de combatirlos no era multiplicando por cien el centralismo, echando más gasolina al fuego. La batalla está servida.