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Tragedia de lo legal y lo correcto

Javier Gómez | 1 de septiembre de 2011 a las 18:24

No hace falta ir en silla de ruedas o tener un familiar o amigo discapacitado que lo haga. Basta con tener un hijo pequeño y llevar el carrito a cuestas para irritarse con la larguísima rehabilitación del Teatro Romano de Málaga, que tras más de 2,3 millones de euros invertidos y casi dos décadas de trabajos ha sido incapaz de hacer más accesible el monumento. Se mire por donde se mire, la por otra parte bonita -y cara- caja verde del centro de interpretación del recinto arqueológico es una chapuza. Sólo de esa forma puede calificarse una obra realizada bien entrado el siglo XXI en la que se falta al respeto a las personas con movilidad reducida. Al inmueble se habilitaron dos entradas. La principal, con escalones, y la trasera, con una pequeña rampa sin el ancho suficiente. Esa fue una elección estética, en la que no entró en consideración ninguna afección al yacimiento. A partir de ahí, cualquier defensa que haga la Junta del proyecto elaborado por el arquitecto, profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, Antonio Tejedor, queda bajo sospecha. Entre otras cosas porque hubo numerosos problemas durante la ejecución del mismo. Y los nueve escalones que interrumpen el tránsito de los discapacitados, a modo de insalvable barrera, que les mostramos el martes en la fotografía de portada de este periódico, en el punto de mira. Alguna forma de no ponerlos, de permitir el acceso de todos al escenario y cruzar por delante del graderío, tenía que haber. Tiene que haberla. Parece que la hay. Como era posible no insultar a una parte de la sociedad colocando esa rampa en la trasera de la vergüenza. Pobre sensibilidad, y así nos va, la de los técnicos del Gobierno andaluz y de la Gerencia de Urbanismo que autorizaron en su momento ese diseño en lugar de esforzarse en mejorarlo.

A partir de ahí, la irritación -con algo de puesta en escena, que para algo hablaba del Teatro Romano- expresada ayer por el consejero de Cultura al hilo de la polémica, suena a obra mil veces representada. A menudo los tecnócratas -y hasta ahora no incluíamos a Paulino Plata en esa categoría- confunden lo legal con lo correcto, la norma con la moral, lo común con lo oportuno, lo habitual con lo deseable. Y con mayor frecuencia tratan de ocultar errores en la gestión o cobardías en la toma de decisiones políticas amparándose en el criterio de los técnicos. Que una actuación pública cumpla la legislación y las normas no le otorga automáticamente el certificado de calidad. Es el mínimo exigible y siempre se puede hacer mejor. En el caso del Teatro Romano puede que la ley no ordene quitar esos malditos escalones, pero debería ser obligatorio. Lo demás son pantomimas.

El enemigo en casa

Javier Gómez | 27 de marzo de 2011 a las 13:25

SE suponía que ésta iba a ser la semana de las inauguraciones, los paseíllos, los baños de multitudes, las fotos cortando cintas tras el frenesí de las primeras piedras. Había dos fechas marcadas con trazos especialmente dorados en el calendario. El 24 y el 25, días respectivos de la inauguración del Museo Thyssen y del Palmeral de las Sorpresas del Puerto, las supuestas joyas de la corona de la gestión de Francisco de la Torre y María Gámez, aunque tanto uno como otro lo hemos pagado entre todos. Además, a un precio similar, superior a los 30 millones de euros la pieza.

El alcalde esperaba como agua de mayo la apertura de la pinacoteca, los piropos radiados de la baronesa Tita Cervera, la llegada a Málaga de una marca cultural de primer nivel cuya complementariedad o competencia con el Museo Picasso está por descubrir. Obviamente lo deseable sería lo primero, pero habrá que estar atentos a las exposiciones temporales (el plato fuerte del Palacio de Villalón) y a posibles contraprogramaciones de dos instituciones culturales ligadas al Ayuntamiento y a la Junta, respectivamente, por lo que la tendencia será al enfrentamiento.

Decíamos que De la Torre llegaba a la fecha prevista, al frenesí de operarios intentando dar apariencia de terminado a un museo que no lo está, con el agua al cuello. El escándalo de su delfín Manuel Díaz y la certeza de que la otra gran obra estrella de su mandato, la chapucera y pacata reforma de la plaza de la Merced, no iba a estar a tiempo, le ponían incluso más presión a la presentación de la colección pictórica ganada para la ciudad sí, por su persistencia, pero también por el dineral que se ha gastado en la pinacoteca. El regidor está más nervioso que nunca, cuando las encuestas le dan por ganador holgado y la marea es claramente favorable. Su partido se niega una y otra vez a los debates electorales con María Gámez, temeroso del contraste con una adversaria joven, que representa el futuro. Y su séquito no para de cometer errores, de hacer trampas, de trasladar mensajes que certifican ese nerviosismo.

Un buen ejemplo de ello es el absurdo reparto de cientos de DVD y folletos para anunciar dos piscinas que no estarán hasta dentro de un año en Segalerva y Huelin. Una forma como otra cualquiera de insultar a la inteligencia del votante, más quisquilloso que nunca con estos dispendios, por mucho que oficialmente los pague la empresa concesionaria. Y por último, en la víspera de abrir el Thyssen, estalló el caso de la concejal Teresa Porras, Materazzi particular del equipo de gobierno del PP y mentora del concejal de Urbanismo, que fue su director de distrito en el anterior mandato. Era de justicia poética que Porras, a quien tanto ha protegido De la Torre contra viento y marea, en ocasiones más allá de lo razonable, fuera quien le aguara la fiesta.

Pero uno siempre puede contar con el rival para que lo saque del aprieto. Es lo que llevan una década haciendo los socialistas de Málaga, de Sevilla, de Madrid, que dos elecciones perdidas después siguen sin enterarse de que el juego de los agravios, las promesas condicionadas y las mentiras no funciona, de que soplarle al fuego no es la mejor manera de apagarlo. Apenas unos días después de tener aquí, por segunda vez, al ministro de Fomento dando un mitin vendiendo el humo del Parque en el Campamento Benítez (una operación de libro, reducir un Museo-Parque de 300 millones a un Parque de 8 y encima presumir de ello en la campaña), los finos estrategas del partido debieron de pensar que era el mejor momento de mandar un convenio ultrajante al Ayuntamiento.

Fomento condiciona ahora esa inversión ridícula a unas plusvalías urbanísticas que ya no existen y pretende hacer caja con la ciudad. Si alguien quería dejar fuera de juego a la candidata María Gámez y darle oxígeno al alcalde no había mejor forma. De poco vale la rectificación posterior del Ministerio, de que no importan las plusvalías, el daño ya estaba hecho. Lo que tampoco podía esperar Gámez es que al consejero de Cultura, Paulino Plata, que este último año disputa el apodo de costkiller a muchos ejecutivos, le diera por anunciar el fin del Parque de los Cuentos justo el día en que se inauguraba el Palmeral. Así que el Convento de la Trinidad ha estado abandonado una década para nada. Poca sorpresa para un proyecto que nació muerto. Ni los niños se lo creyeron.

¿Esto era la crisis?

Javier Gómez | 22 de marzo de 2010 a las 20:20

Varias reflexiones a bote pronto sobre la crisis de gobierno:

1.- Tan importante no debía de ser para el PSOE que hubiera una Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio separada de Obras Públicas. Ha durado menos de dos años. Debe de ser más importante quién es el candidato del partido a la Alcaldía de Sevilla. La marcha de Juan Espadas, tras una magnífica pero corta labor, significa la desaparición de su departamento. Que se lo cuenten ahora a los funcionarios, mareados de tanta mudanza. Un motivo más para soliviantar a los alcaldes de la Axarquía. Y quizás para retrasar más los PGOU pendientes.

2.- Tan importante, prioritaria, no debe de ser la Educación para el presidente Griñán, cuando no es suficiente Consejería para visualizar a su nueva ‘número dos’. Se mantiene además la premisa de colocar a un cargo orgánico del partido al frente de la Consejería, en este caso al secretario provincial del PSOE de Granada. Qué fácil se le ponen las cosas al PP para hablar de adoctrinamiento en las aulas.

3.- Tan importante, básica, y estratégica, no debe de ser la Innovación cuando también se suprime como Consejería específica. En España, en este caso en Andalucía, seguimos siendo expertos en nadar contracorriente: en plena crisis, cuando más falta que nunca hace invertir en I+D+I, nosotros recortamos presupuesto. Al menos Antonio Ávila, que llevará también Economía, podrá cuidar a su segunda Consejería en la elaboración presupuestaria. La labor de Francisco Triguero seguirá siendo imprescindible.

4.- Paulino Plata salió por la puerta trasera de la primera línea política con su ‘espantá’ de Marbella. Cierto que Chaves le forzó a presentarse como candidato, pero apenas duró tres meses en la oposición, y casi no apareció por la ciudad. Con bastante retraso, ha logrado la ‘recompensa’ que sin duda esperaba. De Plata se pueden decir muchas cosas, buenas y malas, pero si se compara con alguno de los consejeros y consejeras salientes de la última década el antequerano sale muy bien parado. Motivado, es un purasangre de la política, con unas capacidades de comunicación y dialéctica que ya quisieran muchos.

5.- A Mar Moreno le han llovido flores de todos sitios. Especialmente impresionantes fueron los recientes halagos de Zapatero. Su paso por Obras Públicas fue fugaz, como el de esos futbolistas que entran en el descuento y a los que no se puede calificar. Un ridículo mes. En Educación no ha llegado al año. Ha puesto en marcha el plan TIC 2.0 con el reparto de ordenadores portátiles, y en algunos sitios, como en Málaga, ha montado la marimorena con los comedores escolares. Pero nos quedamos con ganas y sin tiempo para examinarla a fondo al frente de una Consejería tan complicada. Salvo que la idea sea que conozca todas las consejerías en tiempo récord para ser una buena candidata a la Junta en el futuro, va siendo hora de que se quede un poco quieta en el mismo sitio. Básicamente, para que pueda salir en la foto.

6.- La salida de Cinta Castillo de Medio Ambiente es quizás la decisión más lógica tomada por Griñán. Una consejera no puede decir que el hotel de El Algarrobico no tiene impacto en el medio ambiente. Tenía que haber dimitido al día siguiente. Tampoco armar el lío territorial que ha montado con las competencias hidrológicas.

7.- En una administración tan voluminosa como la Junta, cualquier cambio de calado tarda meses en digerirse. A Griñán le quedan dos años para las elecciones y las encuestas no soplan a favor. Va siendo hora de dedicarse al 110% a  afrontar la crisis de verdad. No la interna ni la del partido.

8.- Vistos los cambios, da la impresión de que el presidente primero anunció la reducción de Consejerías y luego ha quedado atrapado por su promesa. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? La pregunta ha tenido respuesta inversa: Vivienda y Urbanismo, Justicia e Innovación han sido las prescindibles. Vaya sacrificios. Seguramente tres de los cinco problemas y retos más importantes que tiene ante si Andalucía.