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El río de la ciudad

Javier Gómez | 14 de febrero de 2010 a las 14:08

En Málaga hay una rica cultura de tradiciones orales. Abuelos, padres, hijos y nietos van trasladando y conservando un amplio legado histórico. Se trata de promesas pendientes, proyectos inacabados e infraestructuras necesarias pero que parecen de leyenda. Un veterano director de periódico acaba de jubilarse y cada vez que venía un ministro a Málaga le contaba la misma historia: “Cuando empecé a trabajar, ya se hablaba de que el saneamiento integral de la Costa del Sol era urgente”. A este paso, desaparecerán los diarios de papel y todavía saldrá mierda de las alcantarillas directamente al mar para asombro de los turistas que nos siguen siendo fieles a pesar de nuestros deméritos.

Mucho más antiguo que cualquier periódico, más de un siglo más viejo que el diario decano de España, es el primer proyecto para desviar el río Guadalmedina y acabar tanto con el peligro como con la división que supone para la ciudad. Vamos camino de los trescientos años hablando del problema  y la presa del Limonero, la última gran obra que se hizo al respecto, cumplirá dentro de poco la treintena. Porque el cementerio vegetal de La Virreina no se puede considerar obra, sino una broma de mal gusto del Gobierno del PP. Y en cuanto al PSOE, el denominado ‘cinturón verde’, el plan de defensa forestal de Málaga que elaborara Ruiz Sinoga y otros expertos de la UMA y que la Junta presentó a bombo y platillo hace una década, sigue perdido en el amplio baúl de los olvidos del Gobierno andaluz en Málaga. No nos cansamos de recordarlo. Resulta inaudito que la mayor  repoblación forestal acometida en esta provincia date de los tiempos de la República y los primeros años del franquismo. Ahí siguen Los Montes de Málaga y desde entonces no se ha hecho nada parecido, aunque se prometiera multiplicar su superficie por seis.

En el año 2000, en plena campaña electoral, Celia Villalobos presentó un proyecto para desviar el río y embovedar el cauce urbano. Tendría hasta su línea de Metro. Un compañero articulista, entonces diputado, prometió ante notario abandonar su acta si el proyecto se acometía. Entonces pareció una pequeña temeridad. Hoy podemos decir que José Asenjo jugó sobre seguro. Apostaría a que se jubila sin que el Ayuntamiento, la Junta y el Gobierno consigan ponerse de acuerdo sobre el plan Guadalmedina. De momento llevan tres años sin ser capaces de encargar un estudio técnico serio, sin politizar, que establezca los límites de seguridad de cualquier actuación. Esa es la eficacia de la fundación que dirige el plan estratégico de la ciudad. Con estos estrategas, para qué queremos enemigos.

San Pedro

La herencia que recibió Miguel Ángel Heredia de su antecesora en la dirección del PSOE era ruinosa. Un partido dividido, en el que se había convertido en costumbre mirar hacia otro lado ante las denuncias urbanísticas y con el rumbo moral a la deriva. Mientras los alcaldes ganaran elecciones, poco importaba las barbaridades que hicieran. Estepona fue ejemplo de ello. Uno de los cargos de confianza de Barrientos era Rafael García, subdirector de la televisión municipal y uno de los organizadores de los cursos ‘Ciudad del periodismo’, en los que el ex alcalde dio rienda suelta a su egolatría. También fue responsable de comunicación de la gestora de Marbella, lo que le valió para colocar a su mujer como concejala del PSOE (estaba contratada por el Ayuntamiento de Estepona, pero no parece que fuera mucho a trabajar) y acceder él mismo a la dirección de la agrupación socialista de San Pedro Alcántara. Cuando la operación Astapa desmanteló el quiosquillo de Estepona, García fue destituido por David Valadez, que entendió que era un cargo de confianza de Barrientos. Cobraba 4.800 euros al mes. Tras varios recursos judiciales, hace un mes una sentencia obligaba a Valadez a readmitirlo. Difícil de conciliar el código ético, ir dando discursos de los valores socialistas en Marbella, cuando en Estepona, que no tiene ni para pagar la luz, estás ganado una pasta y has denunciado al regidor de tu partido por considerarte cargo de confianza.  El viernes, presionado por el partido, García dimitía como líder socialista en San Pedro. Puede que Heredia haya empezado a enmendar algunos errores del pasado.

El perro del hortelano

Javier Gómez | 8 de noviembre de 2009 a las 10:46

Como su propio nombre indica, uno de los principales objetivos de las Escuelas de Negocios que sus alumnos aprendan a negociar. A través de prácticas, los profesores enseñan a los ejecutivos cómo la solución ideal es la de ganar-ganar y cómo el directivo que se empeña en ganar sólo él y que pierda hasta la ropa interior el rival está abocado generalmente al fracaso. Se supone que todo esto lo aprendió en clase el alcalde de Málaga, que cursó un máster de Alta Dirección en San Telmo. Pero vista su trayectoria al frente del Ayuntamiento, ignoramos si Francisco de la Torre faltó a clase esos días o si bien ningún docente ha sido capaz de sacarle el tiburón que lleva dentro. A lo largo de los años, el regidor se ha ganado a pulso una fama de terco, puntilloso y exigente, que algunos tildarían de tocanarices, tanto con los cargos del Gobierno como con los de la Junta. Sus compañeros de partido lo reconocen, pues muchos lo sufrieron. Y a fuerza de parecerse tanto al perro del hortelano, De la Torre no es que no coma ni deje comer, es que se ha quedado sin comida.

Que conste que en muchos de los conflictos que tiene abiertos con otras administraciones –¿acaso existe algún acuerdo en sus relaciones institucionales?– , el alcalde tiene razón. La lleva cuando dice que los terrenos del Campamento Benítez pertenecen a la ciudad, pues fueron arrebatados por un gobierno golpista. Pero si un Ministerio como Fomento llega anunciando una inversión de 300 millones de euros –que a la vista de los hechos no se creían ni ellos– para construir un Museo del Transporte, lo que tiene que hacer el Consistorio es mandar allí la banda de música municipal, no interponer un recurso judicial y litigar hasta el Supremo. ¿Realmente es más importante para los malagueños que ese suelo pertenezca al Consistorio a que se haga allí algo? ¿Ha ayudado por ejemplo al barrio de Capuchinos que el cuartel de Segalerva sea municipal, cuando lleva seis años abandonado? Sí, De la Torre tiene razón y lo que ha hecho el ministro José Blanco al paralizar el proyecto es impresentable, pero el argumento se lo ha puesto en bandeja de plata el propio Consistorio.

También resulta increíble que a estas alturas no esté clara la propiedad de los suelos sobre el soterramiento del AVE. ¿Acaso no se vanagloriaba el regidor de haber negociado, y muy duro, con Fomento para los convenios del plan especial de Renfe y del soterramiento? Pues algún cabo gordo debió de quedar suelto en esos acuerdos que tardaron tantos años en concretarse. Y por muy desafiante que ahora se ponga el Ayuntamiento, como suele ocurrir llega al desafío sin los deberes hechos. El proyecto del bulevar no está aún terminado. Así que otro bonito argumento a la Junta de Andalucía para que no consigne un euro en sus presupuestos.

Queda apenas año y medio para las próximas elecciones municipales. Suponemos que algún día -aunque de momento no tiene pinta- el PSOE despertará de su largo letargo en la ciudad y planteará tanto un candidato con opciones como un proyecto coherente en el que las instituciones en que gobierna no se dediquen a hacer oposición a De la Torre, que sabe sacar mucho partido de ese asedio. De momento el alcalde no tiene ni uno solo de los grandes proyectos con visos de estar terminado para entonces. Metro, Carretera de Cádiz, Puerto, Bulevar, plan Guadalmedina, Baños del Carmen, Auditorio, segunda ronda, megahospital, autopista de las Pedrizas… La lista de proyectos pendientes de Málaga deprime tanto como hastía, y el único as que le queda en el manga a De la Torre es su plan para peatonalizar y mejorar la plaza de la Merced. Pero el reloj sigue corriendo y las prisas no son su fuerte.

Un cariño sin demostrar

Javier Gómez | 1 de noviembre de 2009 a las 14:10

Griñán, del que se da por hecha su capacidad como economista, se ha equivocado terriblemente con un cálculo. El presidente de la Junta ha evaluado mal el crédito del que dispone el Gobierno andaluz en Málaga. Injustamente para él, casi todo lo dilapidó su antecesor. Han pasado ya casi diez años desde que Manuel Chaves, quien como decíamos agotó la paciencia y la ingenuidad de los malagueños con su larga lista de promesas incumplidas, anunció en plena campaña electoral el proyecto del tren de la Costa del Sol. Desde entonces ha habido anuncios de todo tipo, peleas con el Ministerio de Fomento, y miles de papeles moviéndose arriba y abajo. Pero no se ha movido una sola piedra ni se ha puesto siquiera, aunque fuera simbólicamente, la primera traviesa. Los presupuestos de 2009 ya contenían una partida con el compromiso de las que obras comenzarían este año. Incluso el Consejo de Gobierno de la Junta, con Chaves aún a la cabeza, se reunió en Málaga para adjudicar el primer tramo, en La Cala de Mijas, por 163 millones de euros. Pero difícilmente se podrá hacer nada ni en lo que queda de año ni el que viene con la asignación presupuestaria que se ha destinado para 2010: cinco miserables millones de euros. Huele a nueva tomadura de pelo, y ya pueden apostar ustedes que la obra no se iniciará hasta 2011, oportunamente días antes de la campaña electoral de las municipales, en las que el PSOE teme perder su gran feudo de Mijas, a pesar de los esfuerzos de Antonio Sánchez por hacer olvidar el nefasto paso de Agustín Moreno por la Alcaldía.

El caso es que el proyecto ha pasado ya por las manos de cinco consejeros de Obras Públicas (Vallejo, Gutiérrez, Moreno, García y Aguilar) y ninguno ha dado hasta la fecha muestras de tomárselo demasiado en serio. Como si no se tratara de la infraestructura más importante que tiene pendiente Andalucía, para la que se prevén cien millones de usuarios anuales. Como si la Costa del Sol no recibiera cada año el 40% de los turistas de la comunidad. Como si Marbella, la única ciudad de la península de su tamaño sin conexión ferroviaria, no mereciera que la Junta la saque del ostracismo y le haga al menos el mismo caso que a Dos Hermanas, aunque no tenga mitinódromo.

En las cuentas andaluzas también sorprende, o quizás ya no, el olvido por segundo año consecutivo de la otra gran promesa socialista, el megahospital. Cada vez se confirma más que esta iniciativa surgió como surgió: una charla de café en la que se pactó inventarse una gran moto para tapar años y años de sequía inversora en materia sanitaria, una cortina de humo con la que ocultar que Málaga es la provincia andaluza con menor ratio de camas hospitalarias por habitante, y eso sin contar la población flotante. De los ridículos presupuestos asignados al plan Guadalmedina y al parque Arraijanal, el último as sacado de la manga autonómica, mejor ni hablar.

Hay muchos factores para explicar el olvido de Málaga en las cuentas andaluzas. Una de ellas es que el secretario provincial del PSOE, Miguel Ángel Heredia, está más ocupado cazando tránsfugas para su zurrón de alcaldías inmorales que presionando en Sevilla. Otra es el permanente victimismo del Ayuntamiento de Málaga, que disfruta como un cochino en el barro de la confrontación y está encantado de morder las pocas manos que le pueda tender la Junta. El proyecto de gobierno de De la Torre puede estar agotado, sin ideas y dando síntomas de descomposición, pero siempre convencerá más a los ciudadanos que el modelo socialista de convertir las instituciones en instrumento de acoso y derribo al contrario. Y la Junta, como ha ocurrido en Vélez y Ronda, ha sido indigna avalista de mociones de censura o mercadeo de ayuntamientos. “Con nosotros, la Junta invertirá más”, se ha reiterado sin que a nadie le dé un síncope democrático.

Pero la mayor responsabilidad de estas malas cuentas para la provincia hay que atribuírsela al nuevo presidente de la Junta. El cariño, el trato especial que anunció para Málaga hay que demostrarlo con papeles, cumpliendo promesas y ejecutando proyectos. Sin eso, de poco nos sirve que esté aquí cada quince o veinte días.