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Caprichos del destino

Javier Gómez | 16 de diciembre de 2009 a las 11:28

Uno de los tópicos recurrentes de Málaga es que hasta hace poco ha vivido de espaldas al mar. Otro de ellos es que prácticamente todos sus atractivos han sido concedidos por la naturaleza o el azar. Los nativos, especialmente las últimas generaciones, no hemos hecho otra cosa que estropear la herencia. Incluso el inmejorable clima de la Costa del Sol parece correr peligro estos días.

Hasta hace unos años Málaga se movió entre el desinterés y la apatía respecto a uno de los mayores regalos que le ha brindado el destino. Cualquier ciudad del mundo daría la torre derecha de su catedral a cambio de la partida de nacimiento de Pablo Picasso. Se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran falanges, los personajes que han alcanzado su impacto en la historia de las artes. Puede que Miguel Ángel y Velázquez. Quizás Shakespeare y Mozart. A lo mejor incluso los Beatles. Sólo hay que hacer la prueba del Google. Con 23,5 millones de referencias, ni Málaga, ni Andalucía ni España disponen de muchas marcas así.

Hasta los ochenta, en la casa natal de Picasso en la plaza de la Merced había una pollería. La dictadura franquista hizo muchísimo daño a todo el país, pero a esta ciudad la convirtió además en madrastra de su hijo pródigo. Eso empezó a cambiar tras la muerte del dictador. En 1984, Aparicio envió a Curro Flores a Milán para convencer a Eugenio Chicano de que se encargara de crear la Fundación. En pocos años ganó respeto internacional como centro investigador y el aprecio de la familia Picasso. Más tarde se celebraría la exposición Primera mirada, germen del Museo Picasso. Éste se inauguraría en 2003 gracias a la generosidad de la nuera y del nieto, Christine y Bernard Ruiz-Picasso, y al buen hacer de los responsables de la Junta. El domingo se anunció la ampliación de la colección, una extraordinaria noticia que no oculta que aún queda mucho por hacer. La Universidad debe tener una cátedra Picasso activa, el Ayuntamiento colaborar y no competir, los malagueños presumir de paisano. Picasso no puede ser sólo un capricho del destino. Debemos merecerlo.

El pollo, el sapo venenoso y el loro

Javier Gómez | 28 de junio de 2009 a las 12:35

 Los miles de folios con escuchas, denuncias y hechos recopilados por los investigadores de la operación Astapa no sólo ponen de relieve el grado máximo de corrupción al que se había llegado en el Ayuntamiento de Estepona. El sumario judicial es además un completo ensayo sobre las miserias de la condición humana, un catálogo de ambiciones desmedidas, de ansias sin freno por el poder y dinero de quien ya tiene más que de sobra de ambos. Del durísimo retrato sociológico que se desprende de las conversaciones grabadas no se libra casi nadie. Ni siquiera una alta institución del Estado como es el presidente del Senado. Ni otros compañeros de partido de Antonio Barrientos, hoy valores ascendentes de la ejecutiva regional, que lo llamaban para recomendarle tal o cual operación con determinadas cajas de ahorros. Ni por supuesto los periodistas de cuya amistad era tan aficionado.

El sumario de Astapa, que en manos de un moderno Shakespeare se convertiría en una segunda parte de Macbeth, aunque las montañas verdes de Escocia habría que cambiarlas por el ladrillo y las grúas costasoleñas, es también un tratado sobre la estupidez humana. Cuesta creer la imprudencia de todos estos presuntos delincuentes, la indecencia de sus palabras y actos, cuando apenas un año antes se había desencadenado la operación Malaya y ya había conocido toda España diálogos similares. El uso de los coches oficiales por Yagüe, el recalifícame aquí o allá esos terrenos, la bochornosa manteca. Hay bastante déjà vu en las grabaciones de Estepona, e irrita pensar en lo impunes que se sentían sus protagonistas, el pollo, el sapo venenoso, el loro y el resto del zoo, gozando de una vida canalla pero de lujo, de habitaciones de hotel a 350 euros la noche, de mañanas de charla corrupta en el hoyo 9, de numerosas tardes de toros o masters de tenis.

Si en el caso de Marbella podíamos culpar de todo a la simiente de Gil, en el municipio vecino el PSOE resulta muy damnificado. No sólo porque la anterior dirección provincial contaba con suficientes indicios, e incluso las denuncias de David Valadez y Cristina Rodríguez, para sospechar de la podredumbre del Ayuntamiento, de su candidato y de su ejecutiva local. También porque se habla a las claras de financiación ilegal para la campaña municipal. Resulta que el jefe de gabinete del alcalde, uno de los presuntos cabecillas de la trama de corrupción, José Flores, también coordinaba la campaña electoral y su inversión. Por otra parte, los anteriores responsables de la ejecutiva provincial socialista, que aún hoy mueven los hilos de Fernán Núñez, asistieron a varios desafíos urbanísticos de Barrientos y de su equipo. En diversas ocasiones intentó saltarse las limitaciones de la Ley del Suelo de Andalucía que aprobó en su etapa de consejera Concepción Gutiérrez precisamente con el fin de evitar aberraciones como la sucedida.

Si bien es cierto que en más de una ocasión Marisa Bustinduy y la ejecutiva regional lograron que el regidor desistiera de atropellos como recalificar el parque Selwo, no lo es menos que en cualquier organización que se guíe por la coherencia y no por el resultadismo barato, Barrientos jamás habría sido candidato. Pero los socialistas malagueños, como les sigue ocurriendo, no estaban para perder muchos alcaldes en la Costa del Sol y estaban dispuestos a mirar hacia Antequera con tal de no ver lo que estaban haciendo los miembros de su ejecutiva local en Estepona. Mal asunto que la política, y en esto no hay ideologías ni colores, se guíe siempre por el lema de que el fin justifica los medios.

También sorprende el hecho de que David Valadez sea considerado más villano que héroe por la dirección de su partido, dispuesta a dejarle solo a merced de una oposición formada por una mayoría de imputados, como el ex senador socialista Francisco Zamorano, un personaje que afortunadamente no llegó a ser alcalde -por lo visto en el sumario, habría sido mucho peor que Barrientos- y que ha demostrado su catadura moral secuestrando su acta de concejal.

La idea parece que es amargarle la existencia a Valadez hasta las próximas elecciones con tal de que el considerado “chivato” no sea el candidato. Aunque sean buenos, Roma no paga a traidores.