Crónicas de un escéptico » Archivo » Micromemorias IV (el caos)

Micromemorias IV (el caos)

Fede Durán | 15 de mayo de 2008 a las 12:26

Hay un escenario especialmente temible en cualquier redacción. Cuando las agujas del reloj se alojan en la zona alta, cuando la cuadratura del diario parece más cerca, cuando sueñas con echar el telón hasta la siguiente batalla, a veces, sopresiva, furtivamente aterriza en la bandeja de entrada una noticia devastadora e imprescindible que te obliga a remover el puzzle y arrancar de cero. Entonces llega la crisis. Una crisis de pequeñas dimensiones, desde luego, muy doméstica y ombliguista, pero suficiente para desestabilizar al personal y desatar sus nervios.

Los nervios en sí mismos no son malos. Cada cual los exterioriza a su manera. Hay quienes gritan no se sabe muy bien a quién o a qué. Otros prefieren enrojecer y salivar. Estos tiempos de datos comprimidos también alimentan el recurso al iPod y a sus milagrosos archivos: el rock, el jazz o el flamenco han evitado más de un ataque de ansiedad. Están los graciosos deslenguados, esos que de repente, con las prisas y la tensión, se convierten en metralletas dialécticas. Es su forma de expulsar los gases. Hay auténticos maestros en esta materia. Quizás se trate del hip hop del periodismo. Aparecen las hormigas estalinistas, trabajadores silenciosos e incansables que no demuestran fisuras ni varían el gesto ni desperdician una gota extra de sudor. Y, claro, entre tanta raza de informadores destacan los jefes, que son las luces y las sombras, tumba o brújula según el humor o la competencia, batuta condicionante del ánimo general. Nadie dijo que dirigir sea fácil.

Los detonantes dependen de la sección. En política, por desgracia, manda ETA. Sus bombas destrozan agendas y acaparan páginas. Interesantes son asimismo las comparecencias o notas informativas donde se anuncian retiradas por agravios acumulados o desavenencias irreconciliables. La suerte es que algunos líderes tienen corazón y se pronuncian a horas decentes. Peor nos caen esos otros que lo dejan para el último suspiro. Y, claro, están, con perdón y el mayor de los respetos, los muertos, que casi nunca eligen cuándo despedirse. Si el desenlace se preveía, un jefe aplicado tendrá preparadas desde hace tiempo varias páginas biográficas. Si irrumpe con alevosía, la maquinaria se aprieta los machos y llueven los marrones. Se buscan refuerzos, se piden voluntarios, humean los móviles. Cuando encima entra en juego el Factor Fin de Semana, estás perdido. Olvídate de la cena apalabrada y de la socialización anhelada. No estás solo ante el peligro, pero casi.

Por cierto, debo dejarles. Suena el teléfono rojo. Volamos hacia Moscú.

Etiquetas:

  • pep

    Sr.Durán,
    ¿Qué relaciona las distintas Micromemorias?No creo que a su edad pretenda hablar de memorias en su sentido más mundano.Es un guión preconcebido o está al albur de las recónditas musas?
    Un abrazo.

  • Federico Durán Basallote

    Amigo Pep,

    Como no soy tan viejo, le añado a las memorias el prefijo micro. El enlace entre ellas son mis recuerdos de las primeras experiencias periodísticas, aunque también pretendo, humildemente, trasladar al lector cómo funcionan estos engranajes llamados redacciones.

    Un abrazo y bon dia.

  • Carucho

    No sabía que los periódicos se parecieran tanto a una estación de bomberos. Ustedes no se aburren y eso es bueno.

  • Samuel

    El chat es lo que tiene

  • guilletron

    Pues si hay biografías de A.Magno, J. de Nazaret, W.Mozart, K.Cobain… la cuestión no es la edad, sino lo que haya que contar. Fuera complejos y quítele usted el micro a sus memorias! Por cierto, ¿habéis probado alguna vez a leer de carrerilla la “nube de tags” de este blog? (sección temas) Yo lo he intentado y cuando iba por Ibarretxe-Irán-Islandia he perdido el equilibrio y me he caído de la silla giratoria donde estaba posado. La próxima vez que me quede sin abstenta intentaré llegar hasta Zaplana. Es lo mejor que he visto nunca para ejercitar las conexiones neuronales, deberías sacar un juego para la nintendo, la pequeñita del lápiz.