Campo de fuerza

Fede Durán | 30 de junio de 2008 a las 11:44

Me van a permitir que sea pesado. Lo hemos hecho. Hablo de fútbol, claro, pero también de las consecuencias de la victoria en otras escalas. España se consagra como multinacional del deporte (José Sámano, El País) y lo hace sin los lastres habituales en su (des)orden político. Un país distinto es posible. Nos muestran el camino desde ese otro ámbito tan lúdico y a la vez tan intenso y comprometido. ¿Es lógico que un nacionalista, pongan como ejemplo a Urkullu o Puigcercós, declare en la previa que va con Rusia o Alemania? El egoísmo cegador les lleva a desear el mal de los suyos. Porque, recuerden, en la selección también juegan vascos y catalanes. Y, por cierto, ayer sonreían y festejaban como el que más.

He vivido el campeonato con inusual intensidad, al borde del colapso físico, aunque mi mente, como la de esos guerreros rojos, se ha portado algo mejor, inyectando sosiego donde los músculos sólo veían tensión. Ha sido hermoso, créanme. Un grupo de amigos unidos por conversaciones nocturnas, sueños imposibles y una progresión lenta pero segura hacia la cima, aún increíble un puñado de horas después, sentado en esta butaca móvil de respaldo tramposo, ante la pantalla de siempre, rodeado de zumbidos de fotocopiadora y máquina de café.

Los campos de fuerza existen. La mente también juega. Un hermanamiento a tiempo es una victoria. El fútbol, cuando se viste de etiqueta, genera alegría. ¿Cuántas otras disciplinas lo logran? El trabajo se queda cortísimo por su miopía antiequipo. El amor es una suerte de cara a cara donde el resto no suma sino que observa. Quizás se le acerque la familia, o esa otra familia de los amigos, despojada del lazo sanguíneo y por ello sometida a veces a mayores contingencias.

Un apunte competitivo: España no ha mostrado complejos, fisuras o miedos. Sabía que vencería mucho antes que nosotros. Veintitrés eran un todo. A ver si se nos pega algo.

Etiquetas:

  • Piarpa

    El deporte, sin lugar a dudas, está haciendo más por este país que sus políticos. Será opio, lo que quieran los intelectuales, pero une a las personas por encima de los credos y las ideologías.

  • Una rata almizclera

    O también puede usted recurrir(sin menospreciar este suculento blog) al…. BLOG RATA!! El culmen de la interné

    http://www.elblograta.blogspot.com

  • Fendit

    El vértice Optimistic del círculo te saluda y celebra tu post.
    Como dijo ayer un personaje más alla de la ebriedad media: “Pudimos!!”

  • Fede Durán

    Las ratas, almizcleras o no, son bienvenidas al blog. Bendigo y avalo de paso aquel otro que usted, querida Rata Mayor, promociona.

  • pep

    No resulta pesado su artículo,Sr.Durán, ni mucho menos.No tengo una excesiva voluntad ni afición futbolística, pero celebro el triunfo deportivo de España.Además,opino que regirse por patrones de opinión cerriles y trasnochados descalifican a sus autores.No comparto tampoco los excesos propagandísticos de gargantas desgarradas por un chorro de insensateces que solo pueden emocionar a los incautos ,los ignorantes o los radicales :”Dios está aquí, dios es español”. Poco que añadir.
    Me preocupa el matíz de los recientes acontecimientos,no en el plano deportivo, sino en el plano político,por desgracia.Como casi siempre.Hemos visto corretear a un gran equipo, un conjunto de acertadas ideas y magníficas resoluciones que,como colofón, se han alzado con la victoria indiscutible y han avivado el gusanillo que todo bien nacido debe saber templar.Pero eso,un gran equipo de fútbol.Si de ahí se pretenden extraer más consecuencias me parecería un error.
    Los medios capitalinos compiten en un absurdo—y peligroso—esfuerzo de afirmación nacional, de españolismo a su manera , a ultranza.Manera que pretenden homogeneizar con el mimetismo propio de otros tiempos que deberían ya reposar en paz y sin turbaciones.Insisten en un estúpido corolario de afirmación española.Todos somos españoles los que habitamos por aquí ,pero que no me infundan el unitarismo.Yo ,como millones de españoles, tenemos nuestra propia manera de ver y sentir nuestras prioridades y vocaciones.Y no por ello, ni más ni menos españoles que los demás..
    Un abrazo.

  • Piarpa

    Estimado Pep:

    No creo que la intención de los medios capitalinos o los políticos oportunistas vaya más allá de un leve (y breve) revanchismo respecto al cansino martillo pilón de los nacionalistas/regionalistas. Por suerte, en este país no se nos obliga a tener una bandera en el armario para las grandes ocasiones. Sin embargo, y por desgracia, en algunas comunidades autónomas se consigue que su propia población quede cohibida cuando se trata de celebrar un triunfo del que todos tienen derecho a sentirse partícipes, también, por qué no, portando una bandera. En su lugar, claro, es mejor tener una ikurriña o una senyera estellada, que no representan (para nada) un espíritu nacionalista o unitarista. Esos políticos cicateros que viven de su insolidario discurso propician que aquel que manifieste ser español en determinados territorios sea algo así como el homosexual que sale del armario. De esto también tienen culpa los medios, incluidos los capitalinos.

    Para mí, que no me considero nacionalista español, el fútbol es un excelente termómetro del Estado. Ver a gente celebrando la victoria en las calles de todas las ciudades, el gesto de Cesc Fàbregas ondeando la bandera o a Xavi gritando “Viva España” son cosas que no deberían sorprender, pero lo consiguen y gratamente. Porque, estoy de acuerdo, no se es mejor español por empalmarse con el himno, pero ese tipo de afirmaciones reivindican lo que la intolerancia nacionalista/regionalista pretende ahogar y no logrará. Simplemente, algo tan elemental e inocente como sentir y expresar que se pertenece a una sociedad que se llama España.

    Un cordial saludo

    P.D: Espero que mi comentario se entienda correctamente.

  • Gonzalo Gala Guzmán

    El futbol da para muchas lecturas y un éxito como el que hemos tenido, para mucho más.

    Una de las claves del verano, que diferencia al invierno, es que en la vida pública no pasa nada y en la privada todo lo que pasa es bueno. La gente con sus cañas, sus playitas, sus soles, siestas y fiestas, los famosos de vacaciones y la prensa… esta es otra historia, es la época en la que exprimen las desgracias, hacen del suceso arte y epopeya del incendio forestal. El estío, nuestro querida estación estival, cuántas cosas pueden llegar a suceder: una pareja a la que multaron por fumarse un cigarrillo despúes de echar una canita al aire en el tren. Resulta que la ley prohibía lo del cigarrillo en el vagón, pero no lo otro. O el del marido al que rebajaron la pena precisamente por fumar, estaba acuchillando a su pareja, paró un poco para encenderse un cigarrillo (ya se sabe que en todos los trabajos se fuma) y ofreció otro a su víctima. La buena acción le sirvió de atenuante. Observe entonces, lector, que todos los veranos, cuando el bochorno aprieta, un equipo de investigadores descubre un gen, un nuevo paso hacia las madres o cualquier cosa que pongan contra las cuerdas de la ciencia. Pensará que el calor despertará las neuronas de unos científicos dormidos nueve meses del año, pero la realidad es más prosaica: los científicos los descubren todos los días. Sólo que en el verano, cuando nada transcendente ocurre, conseguirían que estos acontecimientos hallen sitio en las primeras páginas.

    Estas consideraciones generales, válidas desde tiempo inmemorial, dejarán de serlo este verano. Sólo un acontecimiento hizo que la crisis económica, los incendios forestales o los descubrimientos científicos pasaran a la sección de “breves” de los periódicos. Sí, lo que se está imaginando, el éxito en la Eurocopa.

    A mediados de año, el país empezó a verse canutas por la crisis económica, pero al Gonierno y a Solbes, el ministro de la cosa no dijeron ni “mú”. Todo un mutas mutandis. Luego el año próximo vendrán las prisas y se acabará el dinero público, ya se sabe: que si la balanza de pagos, que si el mercado internacional, que si el déficit público, la bolsa o el IPC. El caso es que se quedarán sin fondos y se buscará donde siempre los ministros suelen buscar fondos: en el profundo bolsillo de los contribuyentes.

    En este año, cuando los acontecimientos empiezan a atropellarse, los más extraordinarios hechos tuvieron como marco Centroeuropa, Suiza -que nadie se acuerda de ella- y Asutria -a quien le sucede poco más de lo mismo-. Por la Eurocopa, el fútbol para más señas, que parece que a todos les da un pálpito y les embriaga en un entusiasmo colectivo y patriótico (será por eso que lo llaman el deporte nacional), ya ganemos o perdamos, a lo que nos veíamos avocados una vez más. De hecho, ya habían entregado la carta de despido a Luis Aragones, el seleccionador, para después de la Eurocopa, un par de meses antes. En realidad, otra de las idiosincracio de lo español. Pero que ganamos a Italia y pasemos de cuartos, y sobre todo que nos llevemos la copa a casa ganando a Alemania, en la final, parecía cosa de magia. Por unos días, España se bañó en oro y se llenó de héroes. Y los españoles abusábamos de la primera persona del plural, mientras veíamos sudar a aquellas pobres criaturas desde el sofá del cuarto de estar. Pero lo más sorprente no era eso, sino el himno nacional español, que sin letra (otro de los temas del año, si lo recordarán), sonaba tanto en esos estadios de fúbtol y en plena calle, para entusiasmo de unos y otros.

    Algo había de eso. Una de las noticias que acompañaron al éxito deportivo era la armoniosa convivencia con los símbolos, los himons y las banderas. Hasta el nacionalista más pintado debería rendirse al alarde triunfalista de nuestra selección nacional de fútbol. Y en este entusiasmo, ni siquiera el director de E.T. hubiera podido concebir tan tierna apología de la institución monárquica: mientras se sucedían las victorias de esos tercios de Flandes, bañados en el color rojo de la camiseta nacional, se sucedían los gestos de la Casa Real y de aquellas cámaras, que muy oportunamente, los enfocaban en poses de lo más “humanas” como la prensa se lanzó a clamar. Qué si los príncipes se abrazaban, que si la Reina, alzaba los brazos, los dos, en un inusitado arrebato de alegría. Allí, la Caa Real se ganaron el sueldo con su dedicación plena, cada vez que se metía el gol allí estaba el Rey, la Reina o quien haga falta. Si la selección de fútbol no metía, Felipe daba la vuelta al marcador. Seguramente a la prensa local (de aquellas tierras centroeuropeas) le sorprendiera lo del Rey y la falta de protocolo, pero a los patrios que los habíamos visto en otras (en las Olimpiadas de 1992, por ejemplo) ya no choca tanto lo de la Reina. Resulta que aquella dama de apellido ignoto (a ver, ¿quién se sabe su apellido?) y discretos modales, no sólo sabía saludar con un brazo, sino con los dos, sino que además sabía ser radiante. Saludando, emocionándose, derrochando energía y sonrisas. Con el éxito en la Eurocopa España se soltó la melena y la Reina, también. Esa sí que sería la noticia del verano.