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Islandia: apuntes

Fede Durán | 11 de agosto de 2009 a las 12:38

He vuelto de Islandia sano y salvo, que no es poco. La emergente rutina le mete distancia al asunto, y la distancia significa habitualmente objetividad. Si tuviera que darles un consejo, les diría que vayan, que organicen sus propias rutas (sobre todo por el interior) y se dejen llevar por la fuerza brutal de los paisajes y sus contrastes y la armonía de la soledad.

En cualquier caso, y movido por un espíritu siempre crítico, enumeraré algunos de los inconvenientes de la isla, menores en todo caso si uno la visita exclusivamente como viajero, pero necesarios para despejar parte del mito que la considera uno de los mejores y más felices lugares del mundo.

Comida: Reykjavik se salva por la variedad que implica una ciudad de 150.000 habitantes. Muy buena la carne de ballena. El resto es otra cosa: hamburguesas, mantequilla, (dignas) sopas de día, la combinación nacional predilecta (trucha-cordero) y, con suerte, carne de reno en alguna granja perdida. Acabé echando en falta el estilo mediterráneo.

Clima: Ni siquiera en verano las inclemencias aflojan. Las cumbres, en general modestas, permanecen nevadas todo el año. El sol es un tesoro administrado con cuentagotas. Las temperaturas tienen aquí algo de reto permanente: es posible pasar de la camiseta al forro polar o de la calidez a la tormenta en cuestión de minutos. Otra cosa es el reloj solar: entre julio y agosto, las noches son muy cortas, tres o cuatro horas, y el cielo jamás llega a teñirse por completo de índigo. Ejemplo práctico del espíritu traicionero: caminata de dos kilómetros hasta un doble lago entre montañas negras y blancas (arena de lava; nieve; la piel de una orca), cielo aceptable a la ida, niebla y nieve a la vuelta. Casi me pierdo buscando el coche.

Densidad: Sentirse acompañado es difícil en las entrañas de Islandia, nación casi desierta. Mejor así. Se te incrusta una calma muy sana que los españoles se encargan de destrozar en cuanto pisas el aeropuerto a la vuelta. Para los más urbanitas, éste es un destino vetado. La segunda ciudad, Akureyri, apenas alcanza los 10.000 habitantes. Cuando me puse a recorrerla, se me acabó sin darme cuenta.

Tolkien: Quizás con permiso de Nueva Zelanda, este escenario es el más parecido a la Tierra Media, aunque sin bosques. A muchos les entusiasmará la combinación desierto-campo de lava-glaciares-icebergs-páramo-géiser-acantilado brutal… otros se sentirán terriblemente desesperados. Me incluyo obviamente en el primer grupo. Ojo a las rocas, de todos los tipos y colores, tan plásticas y barrocas que es fácil imaginarles cara. Muchas de ellas representan para los islandeses a los trolls, esos bigardos a los que se enfrentaba Bilbo.

Cámping: Si quieres conocer, debes sufrir. Parece un aforismo chino, pero es real como la vida misma. Los hoteles son caros y están lejos de muchos de los enclaves más míticos. Toca acampar, y no es tan duro cuando te pillas un aislante hinchable y compartes tienda-zulo (el calor humano, divino y económico tesoro). Medalla de oro en el capítulo higiénico. Islandia se suma a Japón como campeón entre los países limpios. España, a años luz.

PD: En el 95% de los casos, los corderos van de tres en tres y siempre repiten una segunda pauta: dos son blancos, uno negro. Prometo investigar el fenómeno.

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  • asere

    Y las autóctonas? Serías tan amable de saciar mi curiosidad al respecto vía correo personal, sin exponerte públicamente con esas consideraciones mundanas?
    Te escribo en breve para contarte de mis tribulaciones y alegrías chilensis.
    Un abrazo fuerte

  • Fede Durán

    Las autóctonas son hermosas sin llegar al nivel del Báltico ni asomarse tampoco al andaluz.

    Qué me cuentas de Chile?

  • Pep

    Amigo Durán, has logrado motivar mi siempre fàcil y diligente predisposición a conocer nuevos pagos. Y éste es de mucha enjundia. Lamentablemente mi única referéncia de éste hermoso país es una vieja pelicula protagonizada por James Masson, en la que pretenden iniciar su “Viaje al Centro de la Tierra”.Que le vamos ha hacer, es lo que hay.

    Un abrazo.