Efecto Terciopelo

Fede Durán | 13 de julio de 2010 a las 10:25

Quizás no se trate tanto de medir el impacto de una victoria deportiva en el campeonato de la economía -mucho más largo y exigente-. Quizás, simplemente, se trate de recuperar la autoestima y reafirmar la vieja y abandonada máxima de la unión como factor de fuerza. España es, en la correlación habitantes-éxitos, la primera potencia del mundo. Colecciona triunfos en las principales disciplinas por equipos (fútbol, baloncesto, balonmano) y también en la romántica y racial toma individual del deporte (Nadal, Lorenzo, Contador). Sea por cuestiones genéticas, ambientales, psicológicas o alimentarias, el país cuenta con un producto líder que el resto del globo a menudo envidia y alaba. Y ésa es probablemente la veta del mejor paralelismo posible: si el talento y el esfuerzo propician un producto tan salvajemente ganador, y añadimos como vector adicional la inspiración, parece claro que España debe aspirar a más en todo aquello que no ha sabido hacer tan bien. Y el económico, ay, es hoy un campo de minas donde los inspectores rivales (el bloque anglosajón más Alemania, básicamente) procuran desgastarnos cada vez que pueden.

Con una buena red bajo el trapecio, es decir, con una Administración decidida a eliminar burocracia y facilitar aventuras emprendedoras, el sector privado podría asumir el reto del campeonato del mundo. Las excepciones pasarían a ser norma. Irrumpiría la marca-país, esa cantera tan ridículamente explotada en comparación con Italia (diseño), Alemania (motor) o Francia (moda) -y fíjense que en los tres casos los ejemplos son perfectamente intercambiables-. Aprenderíamos a hacer dinero sin renunciar a la calidad, como Terciopelo Rojo suma estrellas sobre el escudo sin soltarle el cepo al jogo bonito. Definitivamente, los empresarios han de ser como Del Bosque, un hombre preocupado por la felicidad del colectivo, el equilibrio entre artistas y currelas, el prestigio, la memoria colectiva y el resultado sin resultadismo. O quizás pedimos demasiado. Quizás nuestros genios del deporte sólo sean el envés de nuestros míseros de la economía.

Etiquetas: ,

Los comentarios están cerrados.