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Los pisos superfluos

Fede Durán | 14 de diciembre de 2010 a las 2:15

Muchos de los muchachos que se masacraron en la Gran Guerra llevaban en el macuto Así Habló Zaratustra, el clásico de Nietschze, que para referirse a las masas descontroladas y amorfas hablaba de “los seres superfluos”. Irlanda tiene poca masa –4,5 millones de habitantes–, pero mucho ladrillo –300.000 viviendas sin vender–, así que quizás el filósofo hubiese cambiado el sujeto si pensara en el ya jubilado Tigre Celta. Comparen con España para medir la burbuja: el stock de casas es aquí de 700.000… pero para una población de 46 millones.

Entre el segundo trimestre de 2007 y el mismo periodo de 2010, los precios en Irlanda cayeron un 35%. Hasta septiembre, y en términos interanuales, se dejaron otro 14,94%, el peor dato de entre los 35 países elegidos por Standard & Poor’s para su Guía Global de la Propiedad. La constitución de hipotecas también se arrastra por el lodo (-73% en dos años), y S&P no proyecta mejoras hasta 2012.

Irlanda, igual que España, parecía un tigre –o un lince, por adaptar la metáfora al entorno–, pero no lo era. Con la adopción del euro en 2002, los precios, que crecían a ritmo constante desde 2000, intensificaron su repunte por un motivo: los tipos de interés eran mayores que en la UE y el consumidor, sencillamente, acababa pagando más porque su hipoteca era mayor. La inversión extranjera (también en el sector inmobiliario), abundaba atraída por un goloso impuesto de sociedades (12,5%). Se vendió el mito del I+D. Se atribuyó a un presunto baby boom la explosión de la construcción. Y, ya en plena sequía, el NAMA –el banco malo irlandés– planteó la demolición de promociones por su espectacular pérdida de valor.

Reveladora es la imagen de la sede inconclusa del Anglo Irish Bank a las afueras de Dublín, un bastidor de acero y hormigón desnudo y destripado que retrata lo que queda de Irlanda después de Irlanda y lo que puede ocurrir en España si se empeña en seguir siendo España. Como reconfortante contraste, la teoría del reputado gurú Jeremy Grantham: “Una burbuja ocurre cara 40 años”. A ver si acaba ésta.

  • JANGEL

    Pues la penúltima burbuja (las puntocom) fue hace menos de 10 años

  • Fede Durán

    Para eso están los gurús: para equivocarse.