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Trabaje más, Gómez

Fede Durán | 4 de febrero de 2011 a las 21:47

Productividad: cantidad de recursos empleados para producir los bienes y servicios de una economía. Horquilla 2000-2008, datos del IEE: España mejora un 1,6% este indicador. ¿Maravilloso? En realidad, no. Sólo Canadá e Italia lo hacen peor entre los miembros del club de la OCDE. En el mismo lapso, EEUU sumó un 4,6%; Japón un 3,2% y Alemania un 3%. Conclusión de sobra conocida: aunque la gente eche sus buenas horas en la oficina, el rendimiento acumulado dista de ser óptimo. Y esta economía necesita sepultar el vicio fácil del pelotazo para competir con las naciones antes mencionadas en el único terreno en que el primer mundo es todavía más competitivo que los países emergentes: la innovación, la tecnología, el valor añadido. La otra opción –igualarnos a los del peldaño inferior y dedicarnos a negocios menos cualificados– implicaría un empobrecimiento aún superior al que ya se vislumbra. Y el sofá de Occidente es demasiado cómodo como para pasarse a un taburete de plástico con vistas a un vertedero.

La crisis permite a muchos trabajadores comprender actualmente el alcance del concepto referido. Productividad es exprimir más y a veces hasta mejor la jornada laboral. Pero la estructura española, basada en la sobredimensión del aparato público en sus múltiples ramificaciones –Estado, comunidades, diputaciones, ayuntamientos–, establece ya de inicio un significativo desequilibrio: la presión de un asalariado por cuenta ajena es a menudo superior a la del funcionario, que puede estar sujeto al yugo del resultadismo pero cuyo puesto no peligra por ser, dígase así, vitalicio. Cierto e irrefutable: quien se suma a la función pública viene de una criba más o menos exigente en forma de oposición. Y una oposición se convierte de cuando en cuando en una verdadera tortura con importantes efectos secundarios para el aspirante.

Se trata pues de repartir el peso de las mejoras productivas necesarias para mantener el notable como país. Si el sector privado opera mecanismos automáticos de ajuste y progreso, debería ocurrir lo mismo con el sector público. ¿No es absurdo, por ejemplo, que una fundación equis de la Junta cuente con más de 2.000 empleados (¡más de 2.000!) cuando algunas empresas punteras de la región ni siquiera llegan a la mitad… y que, cuando llegue la hora de recortar gastos, sean los contratados y no los funcionarios quienes vean peligrar su puesto no por cuestiones de mérito o eficacia sino de estatus? ¿No sería más razonable revisar el sistema –con determinadas excepciones profesionales si se quiere– para que un funcionario disfrute, como premio a su esfuerzo, de diez o doce años garantizados de contrato para después someterse, como el resto de mortales, a los rigores y la competencia de la selva laboral, ese tablero de juego tan ajeno al romanticismo?

  • Julio Rabadán González

    ¿Crees que el problema de la productividad está en el sector público? ¡Ja!

  • Fede Durán

    Creo que obviamente es parte del problema, porque no se trata sólo de recordar aquella mítica imagen de los pescadores de (y en) Astilleros, sino de analizar cómo y cuánto produce la Administración (que por cierto tiene miles de empresas).

  • Julio Rabadán González

    Ya tuvimos esta conversación en persona. Y repito. Las empresas que producen no tiene nada que ver con la “Administración”. Y digo las que producen. No digo las que viven de subvenciones o contratos con empresas públicas.

    ¿Productividad es que consultoras y grandes informñaticas (INDRA, poer ejemplo) venda mierda enlatada, hecha por becarios malpagados, a precio de oro?. Tres veces. ¿Productividad es que todos los de la burbujita inmobiliaria se metan a poner placas fotovoltaicas en los prados de cualquier barrio porque sobrepagan el watio? ¿Productividad es que un albañil enfosque una pared, y cobre 3 veces más que un investigador? ¿Productividad es que la media de horas en una oficina sea de 10 en cualquier oficina española, y sólo las 3 últimas sea realmente activas?

    Esto no tiene nada que ver con el funcionariado, la administración y otros desastres.

    Esto tiene que ver con hacer un buen análisis y saber detectar el problema. Y perdone usted la crítica, pero ahí yerra. Gravemente. Las empresas, las que producen, son las que tienen el problema de productividad. Lo otro es creer que el estado es una teta y allá tenemos todos que chuparla. Y no es extraño, no eres el único. Así nos va.

  • Fede Durán

    Me encantará contestarte. Mañana.

  • Alfonso Gallardo

    El carácter inamovible de los funcionarios no es un “premio por haber sacado la oposición”. Es una condición necesaria para controlar la legalidad sin sometimiento a presiones políticas. Imaginemos a alguien cuyo puesto dependa de sus jefes haciendo cosas como compulsar, emitir un certificado o seleccionar a un paciente de la lista de transplantes…
    Tendríamos el campo más que abonado para la corrupción

  • Fede Durán

    Lo malo del maniqueísmo, Julio, es que deja cero espacio para los matices entre el sí y el no y debilita, de paso, ese tipo de discurso descalificador al que eres tan propenso. Ahí van una serie de cuestiones:

    1. Las Administraciones en España emplean a más de dos millones y medio de personas. Cuentan con miles de empresas donde trabajan funcionarios y asalariados. Y representan un buen pedazo del PIB nacional. ¿Acaso toda esta estructura no produce bienes y servicios a partir de sus propios recursos? ¿Quieres que me lo crea?

    2. Si leyeras más despacio, comprenderías que yo no he dicho que el sector privado sea maravillosamente productivo en España, sino que su productividad está sometida a otros estándares. El fontanero que te pone en siete horas lo que podría instalarte en tres es un buen ejemplo y yo te lo admito, pero existen millones de profesionales en otros ámbitos y con otras servidumbres contractuales cuya respuesta a la ineficacia es innegociable y se llama despido. Equiparar los controles de calidad laboral es lo que pido, ni más ni menos.

    3. ¿Cuándo he dicho yo que haya que mamar de la Administración? La Administración tiene sus funciones, algunas esenciales, otras superfluas, pero lo que debe hacer es perseguir el principio de eficiencia sin perder el norte presupuestario.

  • Fede Durán