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Cinema Paradiso

Fede Durán | 13 de mayo de 2011 a las 9:18

NO es la primera vez que a esta España en permanente pájara se le cuelga la fantasmal amenaza de “una generación perdida”. El FMI utiliza la frase en su último informe sobre Europa, donde introduce pasajes optimistas entre visiones fúnebres. La EPA del primer trimestre despeja cualquier sombra de duda: 867.200 españoles de entre 16 y 24 años están en paro sobre un total de 4,9 millones de desempleados. La tasa de actividad (quienes trabajan y quienes buscan trabajo entre la población de 16 a 65 años) se sitúa en el 59,88%; la de empleo (ocupados divididos entre esa misma horquilla 16-65) en el 58,5% y la de paro en el 21,29%. Los hogares con todos sus miembros sin trabajo suman ya 1.386.000; las familias con todos sus integrantes ocupados, 9.066.000 y bajando. Además, 2,1 millones de paisanos perdieron su empleo hace más de un año.

Ésta es una economía latina donde la ortodoxia deja hueco a un sistema asistencial paralelo y alternativo al del Estado: la familia. Gracias a ella sobreviven muchos de los socios de esa estirpe gafada. Quienes vivieron el aperturismo posfranquista con recorrido por delante encontraron un mercado laboral en plena transformación y visible expansión. Era una etapa de oportunidades, una especie de El Dorado donde el esfuerzo garantizaba el café y el pan y, quizás, también metas más ambiciosas. Hoy, la formación, incluso la formación excesiva (también llamada titulitis), no sólo no asegura nada, sino que incluso puede llegar a apear al candidato en determinados procesos selectivos a la baja.

Es paradójico: más idiomas que nunca, más experiencias enriquecedoras durante la etapa formativa, más empresas fuertes en las que colocarse y un asiento prestado en el G-20 y en la primera fila mediática son realidades incompatibles con la legítima aspiración no ya a una trayectoria solvente sino siquiera a un simple y mal pagado debut. Los ni-ni (ni estudian ni trabajan) amplían así su espectro social con gentes que por vocación y ganas están en sus antípodas. España recupera poco a poco, sin suelo aparente, los tonos mate de una fotografía de escasez que parecía olvidada. España se parece cada día más a Cinema Paradiso.

La reforma laboral no ha funcionado (pruebas irrefutables son la EPA y el Inem), mientras que la negociación colectiva repta hacia ninguna parte con ese trazo sinuoso de los borrachos y los desnortados. Son los efectos de la pachorra del Gobierno y el eterno tejemaneje de los agentes sociales. Son los defectos de un país de bastidor defectuoso. España no soporta la comparación con sus vecinos del norte (Francia, Alemania, incluso Reino Unido) y sus ciudadanos más desesperados tendrán que elegir entre dos únicas cartas: o buscan fuera lo que no hay dentro o coquetean con el riesgo (más cierto que nunca) de la exclusión.

  • Pep

    Todo ello sin menoscabo de la soberbia película de Totó.

    Saludos.

  • Fede Durán

    Hace poco visité Cefalú, donde se rodó Cinema. Aún queda algo de la esencia de la película.