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Periodismo sumiso

Fede Durán | 20 de mayo de 2011 a las 20:08

La pequeña pero creciente revolución hispana de los indignados también cuestiona el papel de los medios de comunicación. Y es lógico que lo haga. Existen quizás dos sectores que, por inercia, costumbre y necesidades informativas (tú me das una exclusiva y yo te trato bien), cargan con la roca de la culpa: uno es el periodismo político; otro el económico. Especialmente sangrante es el segundo caso. Un periódico (o una emisora o un canal de TV) no deja de formar parte de un engranaje empresarial cuyo objetivo permanente y legítimo es el beneficio. Los esfuerzos se centran por tanto en la caza de la publicidad. Y en cultivar unas excelentes relaciones con toda aquella institución que en mayor o menor medida garantice la sostenibilidad financiera del negocio. Yo siempre he creído que existen (o existían, el pasado retrata mejor la realidad) un par de vías para captar recursos: el prestigio o la sumisión. Un anunciante acudirá al New York Times (o a su edición digital, por adaptarnos a los tiempos que vienen) no porque considere que las informaciones referentes a su compañía gozarán del beneficio del peloteo sino porque aparecer en sus páginas implica glamour y, sobre todo, una considerable repercusión a través de los miles de pares de manos que cada día examinan sus páginas en el bus o ante un café.

En España, los periodistas económicos (también los analistas políticos o deportivos) nos hemos habituado a aceptar el engendro dictatorial de las ruedas de prensa sin turno de preguntas. Lo normal sería vetar convocatorias de este tipo. Las empresas y los anunciantes saben asimismo que, al haber renunciado los editores a la calidad como canal recaudatorio, acceder a la página es infinitamente más sencillo. Y también mucho más descarado, porque afortunadamente el lector no es imbécil y detecta determinadas formas de encubrimiento publicitario. A menudo se acepta el truco del publirreportaje clandestino disfrazado de información cuando probablemente la audiencia agradecería una advertencia clara de la propuesta a la que se enfrenta.

Hay otros ejemplos sangrantes: cuando un consejo de administración equis anuncia bonus millonarios para sus directivos en plena crisis y con casi cinco millones de parados, el acto reflejo del redactor no es ya la crítica o siquiera el razonamiento constructivo sino la derrota de una información estampada en página sin grietas en la versión original. Piden una reforma del sistema. Nosotros también formamos parte de él. Es una lástima que en este país no haya suficiente valentía para intentar darle la vuelta a la tortilla. Los políticos, cuando se inflaman de patriotismo responsable, hablan de pactos de Estado. ¿Por qué no un pacto nacional por la libertad informativa, concepto en absoluto incompatible con el diseño y ejecución de una determinada línea editorial?

  • Pep

    A esa pregunta periodistas y columnistas tenéis algo que decir, o ¿no? Con algo más que palabras quiero decir.

    Saludos.