Tras el sanedrín

Fede Durán | 20 de junio de 2011 a las 18:48

El sanedrín financiero de la semana pasada en Santander (UIMP) produjo un discurso oficial donde cada presidente cajista jugó hasta donde quiso con su libertad de opinión y los límites del sentido de la estrategia y la lealtad institucional, pero generó a la vez otro discurso paralelo extraído de la exégesis, de las frases entre líneas, de los gestos del orador, esa caja negra que, como siempre subraya Gay Talese, es a menudo más representativa que las versiones on the record and on the air. Preocupa esencialmente el deterioro de la marca España, cuestión a la que sólo Mario Fernández (BBK) se refirió explícitamente. Las cajas saldrán en bloque a bolsa para captar inversiones en un contexto pésimo porque: 1. julio, el mes oficialmente señalado para el desembarco, pilla a los mercados en retirada veraniega y 2. España no logra separarse del club europeriférico que conforman Grecia, Irlanda y Portugal por más que desde fuera nos echen un cable cada vez que pueden (Rehn, Trichet, Juncker hablan del español como un caso claramente diferente). El folletín del pepino ha agravado la potencia de la bofetada aunque el tiempo y los análisis hayan demostrado que Alemania cometió una soberana estupidez de la que queda impune por la tradicional docilidad diplomática hispana. Si la marca-nación preocupa, también fastidia la uniformidad del traje cosido por el sastre Estado (aunque Fainé y Medel difieran: si el primero considera suficientemente variado el panorama, el segundo cree que el Gobierno ha empujado a todos por el mismo camino). En teoría, las cajas, ya lo saben, pueden seguir siéndolo si alcanzan un 10% de core capital; otra opción es constituir un SIP (siempre conformado por varias cajas que además pueden retener parte del negocio bancario); o dejarse nacionalizar transitoriamente por el FROB (en principio, la CAM, Unimm, Catalunyacaixa y Novacaixagalicia); o crear un banco al que traspasar todo o parte del negocio financiero, quedando como mera fundación la caja en el primer caso. Ésta última es la modalidad que prevalece.

Sobre la labor del Gobierno, el más radical es Medel, que habla sin tapujos de un agravio comparativo con la banca. Nada se dijo bajo micro de los bandazos normativos de Zapatero o de la utilidad de las recetas barajadas contra la crisis, aunque el sector asume la profesionalización de la gestión como única salida hacia la supervivencia (los presidentes enchufados por los partidos tienen sus días contados, pero eso estaba claro desde hace tiempo) y reza por que al Ejecutivo se le hayan agotado las ocurrencias y se concentre, asumido el desgate ante la opinión pública y hasta la derrota frente al PP de Rajoy, en rematar la faena reformista sin temblores espirituales.

Un aparte merecen González (BBVA) y Botín (Santander), que me parecieron igualmente decepcionantes. El primero, por traer un discurso escrito cuando la inmensa mayoría optó por tirar de memoria, conocimientos y agilidad comunicativa. El segundo, porque sus formas son impropias de tamaño banco (ni siquiera me refiero al discurso porque no me queda nada claro que Botín lo tenga).

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