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Entrevista a Herrero (versión extendida)

Fede Durán | 29 de junio de 2011 a las 14:02

“Hemos generado ilusión y expectativas”. Santiago Herrero, presidente de la CEA, se refiere a la “multitudinaria” convención que mañana celebran los empresarios andaluces en Fibes para darse un empujoncito moral y trasladar sus quejas y mensajes al Gobierno por si esta vez cuela.

-¿De verdad puede usted vender ilusión con la que está cayendo?

-Uno de nuestros objetivos es el rearme anímico del mundo empresarial. Tenemos que convencernos de nuestra importancia y de que la solución a la crisis está en nuestras manos. Hay dos palabras clave en economía: ilusión y confianza. Cuando haya un plan que genere ilusión y esperanza en el futuro, se habrá dado un paso enorme para remontar.

-La patronal ha transmitido mensajes como ése a través de miles de foros. ¿Qué utilidad tiene la convención?

-Como cualquier manifestación pública numerosa, hará ver que detrás hay gente con mucho peso, gente que representa una parte importante del PIB autonómico. El Gobierno tiene que decidir si nos hace caso.

-¿Van a pedir algo nuevo?

-Si la empresa es la solución, queremos aligerar el peso procedimental en las administraciones, seguridad jurídica y procesos de adaptación a los mercados en todos los aspectos, incluidos los laborales. Todo esto resulta tan obvio que uno no sabe cómo no se han enterado otros.

-¿Ha invitado a los sindicatos?

-Sí, pero no tenemos confirmación de asistencia. Los políticos no vendrán porque el acto coincide con el Debate del estado de la Comunidad.

-Es obvio que los agentes sociales no se llevan demasiado bien en estos tiempos. ¿Le parece a usted que sus relaciones se plantean en términos equitativos cuando el empresario, que es quien crea empleo, debería tener más voz que los sindicatos?

-Evidentemente. Hay situaciones en las que, por una cultura heredada de la transición, se busca un equilibrio institucional entre empresarios y sindicatos. Puede que incluso haya casos en los que se pueda pensar que los sindicatos tengan más voz que nosotros. El diálogo es bueno, pero algunas veces el contrario no puede dar lo que el país necesita. Y ahora son los sindicatos los que no lo dan. Para eso están los gobiernos, para desempatar.

-Lo malo es que les ha tocado un ministro sindicalista.

-El problema no es cómo sea el ministro [risas].

-No estarán los políticos, nada se sabe de los sindicatos… pero Rosell, su rival en las pasadas elecciones a la CEOE, clausura la superreunión y le echa de paso un cable mediático, ¿no? -La patronal es una organización de intereses, y ahora toca estar hombro con hombro en la defensa de esos intereses. Esta unidad no ha significado ni significará nunca identidad. En la medida en que me sienta identificado con la actuación de Rosell, y ahora lo estoy, colaboraré estrechamente. Cuando no, opinaré con libertad lo que pienso.

-Da la sensación de que Andalucía pesa cero.

-Yo siento el peso de ese 37% de empresarios que me apoyó en las elecciones de la CEOE. No siento que ni yo ni la CEA tengamos una falta de peso que sí padece la región. Otras comunidades autónomas consiguen que sus opiniones sean ley y aquí opinamos sobre la ley para no equivocarnos.

-¿Detecta usted la aparición de nuevos empresarios, de jóvenes innovadores que puedan darle vidilla al enfermo?

-Se crean unas 1.000 sociedades al mes, las mismas que hace 15 años, y las que se crean no suelen tener sentido industrial ni tecnológico. Hay excepciones, claro, pero no veo a un número suficiente de jóvenes dedicados a crear empresas porque carecen de un referente. La sociedad fustiga y denuesta al empresario, y la juventud prefiere dedicarse al deporte o la cultura.

-Tampoco existe el tejido auxiliar necesario para hacer viables los proyectos más ambiciosos.

-No es lo mismo vivir en Hamburgo o Rotterdam que en la periferia de Europa. Pero tenemos futuro, ahí está en sector aeronáutico.

-Y ahí está Visteon.

-Pero es que las empresas son elementos vivos que tienen crecimientos vegetativos y acaban extinguiéndose. Lo importante es que la tasa de creación de sociedades absorba esos fallecimientos. No tiene sentido mantener articifialmente empresas y puestos de trabajo.

Hasta aquí lo publicado en la edición impresa, pero Herrero también habló de su decepción por el desenlace de la reforma de la negociación colectiva, criticó la nula incidencia de los retoques laborales introducidos por el Gobierno el verano pasado (“éste no es un problema de equilibrio sino de suficiencia… se trata de saber si la medida es suficiente respecto a la necesidad”) y lamentó los intrincados trayectos normativos que, de hecho, impiden a la empresa ejercer su actividad (“la cultura de este país considera al administrado un infractor en potencia, así que la norma debe ser lo más precisa posible para evitar las infracciones… en consecuencia, la norma no se puede aplicar. Un ejemplo: todos los decretos de fomento de empleo crean un tipo de contrato. Te lees los primeros artículos y están bien, pero a partir del cuatro hay restricciones. Cuando acabas la lectura, te das cuenta de que los cinco últimos han hecho inviables los tres primeros”).

Reflexiones:

Herrero es una persona demasiado entrevistada, y ello implica la repetición del discurso y la dificultad de arrancarle titulares. La culpa, más que suya, es nuestra. Yo optaría por restringir las apariciones de los más recurrentes en Andalucía para evitarle siestas innecesarias al lector.

Otro mal común a las figuras de nuestra actualidad económica es el encorsetamiento del discurso. La espontaneidad no es una opción en esta cultura de frases celosamente medidas y odios fácilmente inflamables.

Respecto a la convención, dudo de su utilidad porque supondrá una movilización más o menos dolorosa de recursos, no calará en gobiernos y sindicatos y pasará absolutamente desapercibida para el común de los mortales ajenos al aparato.

Echo muchísimo de menos, asimismo, que la vieja guardia deje paulatinamente paso a nuevos valores. Está muy bien que Herrero se rodee de personas veteranas y de confianza, pero el empresariado andaluz necesita transmitir al resto del país la existencia de esta tercera vía. Aquí hay gente joven, brillante y con ideas y modelos de negocio dignos del mejor de los emporios. Su visibilidad ayudaría a desmontar la tan española política del prejuicio.

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