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El 15-M del empresariado andaluz

Fede Durán | 3 de julio de 2011 a las 18:47

La empresa andaluza necesita su propio 15-M, si me permiten la contradicción (o la tautología, según se mire). La pata institucional -la CEA- adjunta a las ventajas de toda élite visible algunos notables defectos. El principal es quizás su falta de porosidad (dícese de la cualidad que permite a una organización sumar nuevas caras, espíritus, filosofías y propuestas). O el limitado efecto de su labor pedagógica en el resto de España, donde Andalucía todavía es básicamente un prejuicio reñido con la seriedad y el valor añadido. No se trata sólo de transmitir a los demás nuestra expectativa de emporio aeronáutico sino de ampliar y embellecer el escaparate con proyectos tal vez humildes en facturación pero no en recorrido y novias potenciales.

El empresariado andaluz conserva un nocivo aroma a cortijo, a gueto, a club selecto -los mismos saraos, las mismas caras-. Tan intensa vida social oculta a menudo importantes carencias en la gestión y en aspectos menos técnicos pero igual de decisivos como la ambición, el mecenazgo, los escrúpulos o la voluntad inequívoca de hacer país (expresión predilecta en Cataluña que esta región debería importar ya). 

Fer país significa matricularse en un curso intensivo de lobbies y otras formas de presión. El PSOE-A eligió cuidadosamente sus episodios de violencia reivindicativa, que coincidían, qué curioso, con los mandatos de Aznar pero nunca con los de González o Zapatero. Esa bipolaridad de conveniencia ha calado subliminalmente en la idiosincrasia de nuestro hombre de negocios, sin una voz potente en Madrid ni un discurso desacomplejado que ponga a cada uno en su lugar y exija una culminación no ya idílica sino de mínimos del mapa de infraestructuras y recursos imprescindibles para que esta tierra funcione. Andalucía siempre será Andalucía si bajo el acento nuestro interlocutor no vislumbra un poso de cordura, creatividad, inteligencia, profesionalidad y audacia.

Por eso un 15-M. No una convención multitudinaria de mensajes recurrentes, no otra escena de abrazos con letra pequeña, guiños a los fieles y peticiones ya conocidas y suficientemente divulgadas. No. Una acampada de principios nuevos y nuevas vías, una apuesta inequívoca por la cantera, un ataque al rol malévolo que, como dice el propio Santiago Herrero, la sociedad ha endosado al empresario. Esta crisis se desmonta con imaginación y valentía, con ejemplos opuestos al de Delphi, con argumentos que callen bocas e inviten al tejido circundante a trabajar igual de duro que tú. Un puñado de adelantados ya ha mostrado el camino. Urge construir una segunda línea de compañías viables, plásticas y competitivas dispuestas a partirse la cara en la selva sin piedad de la excelencia [advertencia: abrir la enésima tienda de bicicletas aprovechando el boom del carril bici no es precisamente la idea].

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  • Andres

    Asumes que la CEA son los empresarios, al igual que los sindicatos no son los trabajadores. Y uno y otros defienden los intereses de grupos específicos de esos grupos.

    Los de la CEA no se parecen a los empresarios que conozco. Además dudo de que sean empresarios de verdad, La CEA es una máquina de cobrar dinero de la Junta.

    Los Herreo’s boys nunca ha favorecido un mercado libre, nunca han ayudado a salvar las barreras de entrada de los círculos cerrados que hay en Andalucía. Nunca se han preocupado por la competencia desleal porque ellos enseñan cómo hacerla.