Las recetas del dómine Cabra

Fede Durán | 8 de agosto de 2011 a las 14:01

Este agosto tan económico consagra en la pasarela de las jergas varias palabras de moda (prima de riesgo, deuda pública, agencias de calificación) hilvanadas con la seda dental de un concepto omnipresente, la austeridad, que implica sostenibilidad, seriedad y confianza. La austeridad en sí misma es positiva, pero su efectividad depende del camino escogido para materializarla. Si la austeridad implica, por ejemplo, recortes drásticos de la inversión pública (básicamente, pero no sólo, en infraestructuras), Krugman exclamaría: ¡menuda cagada! Una gestión restrictiva ideal debe basarse en podar o arrancar de raíz lo gravosamente inútil sin renunciar a los flujos económicos de lo público.

En España, el mensaje parece haberse captado a medias. No porque el brazo ejecutor/inversor de las administraciones haya desaparecido del todo sino porque el esfuerzo no se centra con suficiente intensidad en el desmantelamiento de las triplicidades y abusos de una estructura estatal y regional que hoy se revela abusiva e incoherente (embajadas autonómicas, policía catalana, vasca y hasta andaluza, consejos económicos y sociales de ámbito incluso local…).

Además, tanto el Gobierno como el PP releen en el manual del estratega un capítulo erróneo o cuando menos discutible: el incremento de la presión fiscal. En este país se paga por todo: por tener dinero, por heredar (en Andalucía al menos), por vender, por comprar, por ahorrar, por montar una empresa, por contratar a alguien… El emprendedor no detecta en el mapa tributario los suficientes oasis, los alicientes necesarios para embarcarse en los mares de un negocio por cuenta propia. Todo ello aliñado, por añadidura, con una burocracia endiablada. El contribuyente ha de percibir que sus impuestos sirven para mejorar la cosa común y dejan de ser ese chute de anabolizantes con que la clase dirigente abona sus huertos endogámicos.

Ya conocemos las recetas del Ejecutivo central, quizás la administración del Estado más próxima al concepto de austeridad menos deformado (con permiso de la Generalitat). La Junta no se ha quedado con la copla, o la entona demasiado mal. Y nos queda el PP, que asume que gobernará, y que repite el mantra (austeridad, austeridad, austeridad) como lo haría el dónime Cabra aunque sin concretar cómo de lejos o cerca queda su visión respecto al ideal de Krugman, los emprendedores y cualquier ciudadano sensato.

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