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Entrevista a Esteban de Manuel (EQUO)

Fede Durán | 14 de marzo de 2012 a las 13:12

Ahí va la versión extendida de la entrevista que hoy publicamos en Diario de Sevilla.

Extraño: Esteban de Manuel (Barcelona, 1964) mira con un brillo de soñador que no encaja con la política. Comprensible: en realidad no es político sino profesor de Arquitectura en la Universidad de Sevilla y experto en cooperación al desarrollo. Equo es su partido. Neoecologismo y economía sostenible. Mensajes frescos para un electorado cansado del maniqueísmo hispano.

-Capítulo 3.217 de la crisis. ¿En qué punto estamos?

-Estamos ante una ofensiva contra los derechos sociales que inició el PSOE en contra de sus bases y que profundiza el PP. Si insistimos en la vía de hacer de Europa el espacio más competitivo del mundo, nuestro modelo es China. Tendríamos que tener sus derechos para competir con ellos. Equo plantea una renta básica ciudadana que sirva de red para que quien pierda el trabajo no quede en la calle.

-Esa renta implicaría pagar más impuestos. Es el precio que asumen los daneses, por ejemplo, a cambio de un Estado de bienestar muy potente.

-Sí, hay que pagar más pero sobre todo repartir mejor el esfuerzo. Países como Dinamarca tienen la mejor educación de mundo y las sociedades más avanzadas. Ellos no tienen que mirar a China para ser competitivos. Una economía sostenible es aquella donde disminuyen las necesidades y seguramente también la economía productiva. Así no habría que estar en el paradigma del crecimiento ilimitado, que es imposible.

-Su planteamiento parecerá extraterrestre según el círculo social al que se dirija.

-Como profesor, tengo otra visión. Nuestro cambio de mentalidad se basa en el sentido común, y eso conecta con la gente. Un arquitecto joven que por la vía tradicional sabe que no obtendrá nada puede tener futuro diseñando ecobarrios. Podemos ser más felices en otra sociedad. ¿Qué horizonte le venden a nuestros jóvenes los partidos tradicionales? Que se vayan a Europa o América, que aprendan alemán. Refuerzan la idea de que son la generación perdida, y nosotros les decimos que les necesitamos en Andalucía, que hay mucho por hacer. En Arquitectura entran 450 chavales al año. Son creativos y muy trabajadores. Tienen másteres e idiomas. Si todo lo que invertimos en ellos beneficia a otros países, vaya despilfarro. Recortar las becas a la investigación es ciego, suicida. Las opciones de los partidos mayoritarios son las que suenan a chino a los jóvenes.

-¿Dónde puede crear Andalucía puestos de trabajo?

-En la agricultura. Muchos países se han dado cuenta de que es un sector estratégico. China está comprando África. Grandes multinacionales hacen lo mismo en Latinoamérica. Eso puede pasar también en Andalucía. Somos además una potencia en la rama ecológica. Hay que apoyar la agricultura de base familiar y cooperativa. La renta agraria sólo subirá si los intermediarios se quedan con una porción menor. Hay que duplicar nuestra población activa agrícola. También están las energías renovables, donde contamos con las condiciones naturales idóneas y con la tecnologías y las empresas adecuadas. El tercer sector sería el productivo de base industrial: tenemos en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) la reserva industrial de Andalucía. Para eso necesitamos líneas de financiación. Es contradictorio que otros partidos digan que la clave para generar empleo sea la pyme y sin embargo todas las medidas de apoyo beneficien a las grandes compañías.

-¿Ejemplos?

-Se apoya a Ikea como fuente de creación de empleo. Pero es falso: se destruye la industria del mueble andaluz. Ikea crea menos puestos de trabajo y de peor calidad. Además, las multinacionales son muy vulnerables al precio de la energía. Llegará un momento en que no le compense fabricar en China. Y entonces se acabará ese negocio y veremos que en Andalucía no queda nada de esa industria.

-¿Qué hacemos con la vivienda?

-No necesitamos construir más sino usar las que ya existen. La Ley de la Vivienda no se aplica. Hay que apostar por la vivienda de alquiler, ya sea desde una gestión pública o privada.

-Obligando al propietario de un piso vacío a que lo alquile…

-Es que la Constitución dice que la vivienda tiene una función social que no se cumple si está vacía.

-… Y fijando un precio razonable.

-El Estado puede hacer una expropiación de uso, aunque no es lo deseable. Lo deseable es que haga de intermediario, dé la renta al propietario y garantice un buen uso de la vivienda.

-El problema es que el propietario supere el miedo a no cobrar o a no recuperar su casa.

-Para eso está la Administración. En España hemos perdido desde los años 80 la cultura del alquiler porque se apostó por la de la propiedad. Ésa ha sido la semilla de la crisis económica de nuestro país.

-No me ha hablado del turismo como pulmón económico.

-Es insostenible contar con unas infraestructuras como las nuestras para que se ocupen mes y medio al año. La demanda europea de vivir en un clima benigno se puede canalizar hacia la costa, pero es que además tenemos miles de posibilidades en el interior, riqueza gastronómica, pueblos bellísimos, la posibilidad de un modelo de bed and breakfast para hacer un turismo de inserción cultural.

-¿Cuál es su modelo de ciudad en el mundo?

-En España, la ciudad de referencia es Vitoria. Y tenemos barrios sostenibles en todo el planeta. En Sevilla he dirigido un proyecto y hemos propuesto transformar las cosas desde el barrio, que es la unidad de participación ciudadana. Hay que implicar a la gente. Queremos aprovechar el impulso de rehabilitación de los edificios para reactivar la economía de nuestros barrios. Hay que reorganizar todo el espacio público. Por ejemplo, dándole a los coches su espacio pero no todo el espacio, que debe ser mayoritariamente para los peatones y los ciclistas. Eso implica apostar por una red de transporte sostenible. Todo el mundo se fija en el carril bici de Sevilla, que es mejorable pero que está bien hecho. Los símbolos de modernidad en Sevilla son ese carril, el tranvía y una flota de autobuses movida por energías renovables. Apostamos por el modelo de Curitiba (Brasil), por el de Bogotá con su transmilenio.

-¿Se ve en el Parlamento?

-Tenemos las mismas posibilidades que Compromís cuando entró en la Cámara valenciana en 2007 (logró siete escaños). Ningún sondeo les daba nada. Hay mucho desencantado que puede alterar las encuestas.

-¿Cuál sería el plan si entran?

-Nuestro voto haría que el Gobierno actual, que está agotado tras 30 años en el poder, pierda su esquizofrenia y vuelva a sus orígenes. Ahora impulsa políticas contrarias a su ideario.

-Traducción: apoyo condicionado a Griñán pero nunca a Arenas.

-Efectivamente. Podemos utilizar la fuerza de nuestros votos para generar los cimientos de un cambio de mentalidad.

-Alguien del PP contraatacaría con un argumento básico: si queremos un cambio, no tiene sentido apoyar a quien siempre ha estado al mando de la Junta.

-Tiene usted razón. Los dos partidos tienen políticas neoliberales, pero el PP no tiene contradicción en ellas y el PSOE sí. Ésa es la diferencia. La base social que apoya al PSOE no es neoliberal, y ahí es donde puede haber un punto de encuentro. Aunque lo ideal sería, claro, un gobierno de coalición sin unos y otros.

-¿Teme el síndrome del coche oficial?

-Es que yo tengo bicicleta. Y vivo al lado del Parlamento.

-¿De dónde viene usted? ¿Quién es?

-Vengo del mundo asociativo. Soy profesor. Mi comienzo fue con una campaña de sensibilización de las relaciones norte-sur en 1986. Me di cuenta entonces de lo difícil que era llegar con mensajes abstractos a la ciudadanía. Como arquitecto, me interesaba ligar el compromiso social con la arquitectura y por eso creamos un seminario que tuvo mucho eco entre los estudiantes (1993). La idea era el derecho a la vivienda y la ciudad. Hemos trabajado sobre todo en Marruecos y Latinoamérica. En el país vecino transformamos un barrio de chabolas de Larache en un área integrada en la ciudad. Estas experiencias me han permitido aprender que para transformar cualquier realidad hay que combinar una visión local y global y hay que sentarse con todos los agentes (vecinos, técnicos, administraciones). Esa forma participativa de trabajar es la que queremos llevar a la política para buscar una salida alternativa a una crisis más compleja de lo que se percibe. Es una crisis de agotamiento del modelo de civilización basado en la energía fósil. Todo lo que hemos avanzado se ha sustentado en una energía producida hace millones de años y que agotaremos en poco tiempo. Cuando el precio de la gasolina se multiplique por dos, entraremos en un círculo vicioso aún más profundo. Pero este tema queda en segundo plano por la visión cortoplacista que tenemos de la crisis.

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  • Raimon

    Esteban, tienes tol careto de Chuky el Muñeco Diabólico, pero con gorra de enrollado, desayunando tu propia mermeladita de naranja callejera y moviéndote en bici. Quitas votos a Izquierda Unida, leche!