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Cirugía estética

Fede Durán | 26 de octubre de 2012 a las 10:22

ANTES de la crisis, el sistema solar de la Junta funcionaba como un cementerio de elefantes para los señores con carné del PSOE, que pasaban de la política oficial (diputados, alcaldes, consejeros) a la política oficiosa de los cargos directivos en la generosísima Administración paralela. Los elefantes acababan muriendo más gordos, o más gordas sus cuentas corrientes, y Andalucía lo pagaba en términos de eficiencia y frustración. Porque un funcionario no es necesariamente, ni siquiera a menudo, un cero a la izquierda. Un funcionario tiende simplemente a desconfiar y desmotivarse cuando por encima sólo observa mediocridad y consignas más próximas al bien particular que al común.

Ahora, con la plasta de los recortes, el paro, los impuestos, la prima, el rescate simple o doble y la desintegración de España bien pegada a la cara, la coalición PSOE-IU se aferra a un lema que no es precisamente popular: la defensa a ultranza del empleo público, casi 260.000 puestos entre funcionarios y laborales, el 9,1% del trabajo en la comunidad (la media nacional es del 7,4%). Y lo hace bajo la tremenda amenaza del Tribunal Supremo, que de confirmar la postura del TSJA dejaría en el limbo a entre 22.000 y 25.000 personas fichadas sin observarse (aún presuntamente) los principios de mérito, igualdad, capacidad y publicidad.

En febrero de 2011, la Junta aprobaba, bajo la atenta supervisión del Ministerio de Hacienda, su plan de reordenación del sector público. Amputaba, sí, pero más por estética que por ética: las huestes siguen ahí, intocables, y las empresas, agencias y fundaciones de antes quedan hoy sumergidas en otras instituciones. Los equipos de dirección con carné también sobreviven mayoritariamente, y sólo en casos excepcionales un verdadero técnico, o experto, o brillante cerebro orienta la orquesta y da instrucciones independientes o profesionales, como ustedes prefieran.

Pero la disfunción es además orgánica. ¿Cuántas divisiones tienen más directivos que trabajadores, duplican el cometido de las consejerías o permanecen ancladas en la parálisis como esos tanques que poco a poco se come el desierto? ¿Para qué sirven las agencias de Obra Pública, Suelo o Puertos si ya existe un departamento de Fomento? ¿Por qué sigue en pie una Agencia de la Competencia con 49 empleados y 2,5 millones de presupuesto cuando desde Madrid se puede cubrir ese flanco funcional y otras CCAA -la propia Madrid y Valencia, por ejemplo- la han suprimido? El socialismo andaluz ha renunciado a la purga que le propone la crisis, aunque aún queda la duda del camino escogido por IU en sus escasas áreas competenciales. Quizás una acción a pequeña escala donde el ciudadano identifique la cotizada y hasta la fecha ausente vocación de honestidad retrate por contraste y de manera más cruda la postura de sus socios. O puede que no. Puede que la política confíe en que su divorcio con la sociedad acabe cuando la economía se recupere, las familias y empresas respiren y el cacique de turno sea visto (de nuevo) como un mal necesario.

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