Los cobardes siempre pierden

Fede Durán | 25 de enero de 2013 a las 13:23

EL Gobierno gobernaba mejor cuando era oposición por un sencillo motivo: podía proyectar, sin techos teóricos o prácticos, las soluciones invencibles para acabar con el paro. Su reforma, decían, sería la definitiva. No hablaba el PP real; hablaba el mito aún invicto de aquel PP mágico del posfelipismo y Rato. Llegó la victoria y llegó la reforma. Un año después, España vive instalada en una cifra –seis millones de parados– más aberrante que la peor de las exhibidas por Zapatero, sin duda un kamikaze de la estrategia económica.

El abaratamiento del despido es una herramienta útil cuando un país vive instalado en la línea ascendente del ciclo. Ahí genera dinamismo, movilidad laboral, apuestas y oportunidades que con cláusulas más onerosas quizás no pasarían por la mente del empleador. Con cinco años de crisis a cuestas, la morosidad por las nubes y los préstamos al 3% disecados en el Museo Nacional de Arqueología, los empresarios luchan simple y llanamente por sobrevivir, eliminando en muchos casos más capital humano del necesario por conservadurismo o miedo, y enviando de paso a las galeras a profesionales que difícilmente tendrán una buena oportunidad de reciclaje.

No, la reforma no dio ni de lejos en el clavo. Siendo importantes, los costes salariales no eran la prioridad. La prioridad era la creación de un verdadero nuevo sistema donde la formación, por ejemplo, fuese de veras una herramienta útil y no un pozo de dinero perdido o defraudado o un atajo empresarial hacia la bonificación.

Tampoco ningún gobierno ha comprendido hasta ahora que España falla estrepitosamente en la gestión de los recursos humanos. No existen prácticas virtuosas sino, en el mejor de los escenarios, imitaciones chapuceras de los peores defectos del sistema multinacional anglosajón.

Otra oportunidad perdida ha sido el teletrabajo. Cierto, la reforma dedica unas líneas al fenómeno y fija un marco mínimo de garantías para el trabajador, pero si se trataba de ponérselo fácil al sufrido patrono aquí había una rendija de esperanza: el teletrabajo ahorra costes y mejora (a menudo) la productividad, permitiendo además conciliar profesión y familia. Contrargumento: el presupuesto para que triunfe esta modalidad es que el empresario cambie el chip. Difícil.

Menos comprensible aún es la faja que el legislador se empeña en endosar al autónomo cuando el autoempleo es cada día más la única salida para quienes se resisten a eternizarse en las colas del Inem. Ni adelantos del IVA por facturas no cobradas ni impuestos durante el primer año de actividad.

Hablar de brotes verdes en este contexto es una desfachatez. O bien los sucesivos ministros de Trabajo han fracasado por impericia y/o cobardía, o bien el laboralismo español ha sido incapaz de transmitir al poder soluciones razonables a un tumor del que también forma parte la economía sumergida, una ramificación que obligaría a analizar paralelamente el papel de un grupo de ministros aún más torpe: los de Hacienda.

Etiquetas: , ,

Los comentarios están cerrados.