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K.O. rotundo

Fede Durán | 15 de febrero de 2013 a las 10:08

LAS sesiones parlamentarias de control funcionan más o menos así: el jefe de la oposición pregunta al presidente de la Junta por una cuestión que después le permite abrir el debate a otros frentes, estén o no relacionados con el original. Juan Ignacio Zoido, jefe del PP-A y alcalde de Sevilla, trazó ayer tres líneas de ataque. La del Pacto por Andalucía, en el que no confía; la de la transparencia, por la que aboga sin demasiado entusiasmo de palabra; y la del empleo, aparentemente la trocha más sencilla por la deficiente hoja de servicios que presenta el socialismo en sus tres décadas largas de monólogo andaluz.

La efectividad implica, sin embargo, armar bien las líneas. Y Zoido cometió varios errores. Estuvo demasiado superficial; intentó vender el virtuosismo de su partido ante la corrupción justo cuando más asediado está (el caso Bárcenas es el paradigma de esa contradicción); y, sobre todo, quiso doblegar a Griñán en el cuadrilátero económico, donde es claramente inferior por conocimientos y experiencia.

Hay material de sobra para cuestionar el pasado y el presente de la Junta, una institución que no obstante muestra su habilidad para reconvertirse y trufar la escena política de señuelos. El penúltimo es el citado pacto por la tierra, absurdo desde el momento en que la cotidianeidad del Parlamento siempre ha permitido cerrar esos mismos consensos con o sin participación del tejido social y empresarial. El Gobierno autonómico ha sido listo y el PP demasiado tonto. Uno ha propuesto jugar al trile y el otro ha dicho sí. Zoido no encuentra ahora la manera o el instante de desmarcarse, y al amagar el despliegue evidencia su torpeza. Podría haberse negado desde el principio, aunque el proverbial miedo de la derecha andaluza a quedarse atrás pese aún tanto.

“¿Es un pacto vacío para distraer? ¿Quiere aburrir a los participantes? Está haciendo grandes esfuerzos por dejar fuera a los alcaldes de las ocho capitales andaluzas de provincia y a la FAMP. ¿Está apostando por acuerdos unilaterales con los mismos de siempre?”, reprochó el heredero (interino) de Javier Arenas. Griñán recordó entonces la cumbre celebrada hace un mes y el talante constructivo mostrado por aquel Zoido. “Atienda a la metodología, que ya se la expliqué”. O el profesor que riñe al alumno despistado.

Por la transparencia pasó Zoido de puntillas, coqueteando con el tan denostado y tú más. A Griñán le había preparado el terreno Álvarez de la Chica con un discurso que cualquier dirigente firmaría: autocrítica sin masoquismo, regeneración sin purgas, “el reloj de la democracia en hora con los ciudadanos”. Y ahí apuntó el presidente como un stuka, primero defendiendo la precocidad de la Junta en la materia (sueldos y patrimonios públicos, supresión de privilegios en materia de pensiones) y después proclamando el ideal del Open Government, una suerte de utopía donde el hombre libre preguntaría y el poder estaría obligado a contestar. Al dejar el cargo, el viejo y noble político se sometería asimismo al castellano y también viejo juicio de residencia o rendición de cuentas. Hasta dan ganas de creérselo.

El episodio técnico fue el más desastroso para el PP-A. Zoido mezcló churras (déficit) con merinas (empleo) sin aportar consistencia en ninguno de los dos flancos. Como Griñán había mencionado un reportaje del Economist donde Rajoy excluía entre sus cinco prioridades la creación de puestos de trabajo, el alcalde hispalense se sintió obligado a citar los piropos que el Financial Times dedica a la reforma laboral de Rajoy. También podría haber recordado, con una inevitable carga irónica, el supertitular ideado por Morgan Stanley esta semana: España será la próxima Alemania.

A la oposición le preocupa que la Junta dilate el dato definitivo de déficit a cierre de 2012, pero el propio Ministerio de Hacienda admite que prefiere el despacito y con buena letra. Para defender la reforma laboral, a Zoido no se le ocurrió nada mejor que comparar la EPA del cuatro trimestre de 2011 (prerreforma) con la primera de 2012 (posreforma), un error de bulto por cuanto el calendario marca los perfiles de cada estación (hay más contrataciones en Navidad o Semana Santa que en febrero, por ejemplo). Rotundo K.O. en el primer combate del año.

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