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Se busca policía con músculo y vocación

Fede Durán | 28 de febrero de 2013 a las 11:06

EL formato actual de las sesiones de control es inútil. Apesta. Aburre. El reglamento del Parlamento andaluz sólo permite una pregunta por grupo al presidente (artículo 162), que además se le sopla antes de las 19:00 del martes de la semana anterior. Teniendo en cuenta la escasísima variedad política parida tras las últimas elecciones autonómicas -tres partidos-, descontando la intervención de autopromoción de la formación a la que pertenece el jefe del Ejecutivo y constatando que la alianza entre IU y PSOE ha despojado a la primera de cualquier voluntad fiscalizadora, sólo nos queda el PP como posible policía de la acción de la Junta.

Sin factor sorpresa ni pluralismo y con los tiempos excesivamente tasados, el diputado andaluz se empeña asimismo en el eterno vicio de trasladar la lucha a Madrid, a las tácticas de defensa y erosión de Rajoy y Rubalcaba, como si crear un debate propio careciese de interés por falta de materia prima, talento o ambas cosas. La política andaluza no puede ser una filial de la Carrera de San Jerónimo. Pero lo peor del asunto es que el monopolio de la responsabilidad de combate recaiga en la figura de Juan Ignacio Zoido, una especie de Rathenau menos pesimista, más voluntarista e igual de condenado al fracaso.

Zoido tiene dos opciones: o mejora a la velocidad del rayo o deja su puesto a alguien más preparado. Dicen quienes le conocen -viejos profesores, compañeros, periodistas zapadores- que el gran defecto de José Antonio Griñán es la soberbia. Y no hay peor medicina para un soberbio que saber que tiene razón. Zoido es un pésimo orador porque carece de estructura y conocimientos. Sus intervenciones son bombas de racimo: fían la eficacia a la dispersión, a la emisión de cuestiones superpuestas (y a menudo inconexas: Unicef, los proveedores y el Estatuto, por ejemplo) y a la fe en el milagro de un pinchazo presidencial. Parece un devoto de San Genaro antes que un espadachín de la Cámara.

Griñán ya se sabía el menú (recuerden: el martes de la semana anterior antes de las 19:00), y el menú era pésimo. El portavoz de IU, José Antonio Castro, preguntó por la reforma de la Administración Local orquestada (otra vez) desde el Gobierno central. ¿Tiene encaje esa cuestión cuando la esencia de la sesión es controlar no a Rajoy y sus ministros sino a Griñán y sus consejeros? La Mesa del Parlamento debería exigirse más, rechazando este tipo de trucos de ensalzamiento de lo propio en contraste con lo ajeno, inexorablemente defectuoso.

Francisco Álvarez de la Chica (PSOE) hizo una vez más de liebre y preparó el terreno para batir la marca reivindicativa del 28-F, que fue un hito, de acuerdo, y crea modestamente país en un país tan invertebrado como Andalucía, vale, pero que de repetido acabará adquiriendo los mismos tintes bíblicos con los que Sabino Arana hablaba del hecho diferencial y la gloria del pueblo vasco.

Hoy son otras las preocupaciones del ciudadano, y algunas podrían haberse trasladado, incluso desde el socialismo amigo, al escaño del líder o pater: la democracia directa, la listas abiertas, la transparencia, la limitación de mandatos o la “política miliciana” propugnada por el hispanosuizo Daniel Ordás.

Al gigantesco aparato de la Junta hay que buscarle las cosquillas porque la Junta es como esos palacios cerrados a cal y canto durante 30 años. Huele a sábana vieja y a poder enquistado. Huele demasiado a incompetencia y despilfarro. Huele a arbitrariedad. Huele a carné de partido como condición sine qua non para escalar y alcanzar los puestos desde los que es factible transformar las cosas para mejorarlas. Huele al doble discurso de la defensa de lo social, lo público y lo innovador y la realidad de los recortes y los desmantelamientos multidisciplinares. Andalucía no es la isla de Utopía. Se parece más a Macondo.

Griñán necesita una oposición de verdad, sólida, aplicada, ilustrada, dispuesta a mejorar la cultura del consenso sin renunciar al derecho a la tutela política efectiva. Si Zoido no se siente preparado para asumir ese peso, si su verdadera vocación es la Alcaldía de Sevilla, no existe salida más lúcida que la sinceridad hacia el partido y hacia sí mismo. Entre los 50 diputados del PP-A debería haber al menos un par de buenos relevos.

  • Nuria

    Ni a la isla de la Utopía ni a Macondo, Andalucía se parece a un cortijo.