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Pagar por trabajar

Fede Durán | 10 de marzo de 2013 a las 17:18

Hace no demasiado, medio en serio medio en broma, le comentaba a un compañero (hoy ex: fue víctima de los recortes) que pronto las empresas nos pedirían dinero por ir a trabajar. Es la evolución de muchos negocios y especialmente del periodismo. A nuestros bajos salarios, a la precariedad inherente al oficio se suma un nuevo fenómeno, el de los miles de periodistas parados que se ofrecen a publicar gratis, apostando por que la firma pese algo y les permita, cuando el huracán se desactive, conseguir un salario y una dignidad. Pero ese mecanismo es inmoral para quien lo acepta (el periódico) y tóxico para quien lo ofrece. El esfuerzo gratuito fue el mayor error que cometió el sector tiempo atrás, un error por el que todavía paga: regalar las cosas no sólo desprestigia, también destroza las cuentas de resultados (internet gratis vs papel de pago). En este particular caso, el desprestigio sigue intacto, pero las cuentas de resultados podrían mejorar. Los editores aceptan esa medicina venenosa de la gratuidad para orquestar boicoteos intestinos que extingan el valor añadido y consoliden la mediocridad y el empobrecimiento como única fórmula válida. ¿Qué mensaje transmite una cúpula editorial que cuenta con cuatro, cinco o diez colaboradores sin cargo al presupuesto? Que llegará un día en que la redacción apenas necesitará a cuatro o cinco coordinadores, posiblemente los más sumisos, los de perfil más bajo. Que lo demás es baratísimo. Que el esfuerzo periodístico no vale nada. Que una plantilla desmantelada es la mejor salida para sobrevivir porque el siglo XXI es el siglo de las plantillas virtuales, sin sede ni sueldo, sin nada más que un nombre y unos apellidos.

Lo más grave es que los filtros de calidad se han reblandecido. Muchos de los que nunca tuvieron oportunidad de encadenar siete u ocho años en una redacción aparecen ahora como corresponsales sin experiencia, como expertos en materias que no dominan no porque ellos sean incapaces sino porque el dominio requiere tiempo, ensayo-error-corrección, flujos permanentes de debate con los redactores jefes, las mesas de cierre, los maquetadores, los fotógrafos, los directores, etcétera… ¿Quién va a frenar esta tendencia? Vaticinio obvio: nadie.

Que no cuenten conmigo cuando llegue el momento de pagar por trabajar. El periodismo vale dinero. Malo cuando ni siquiera quien debería verlo lo ve. O, peor aún, tristísimo cuando lo ve y se frota las manos  al saberse capaz de aprovechar una época de escasez para hacer que la máquina funcione sin gasolina.

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