Crónicas de un escéptico » Archivo » Pecados, avances, pecados

Pecados, avances, pecados

Fede Durán | 15 de marzo de 2013 a las 10:47

EN la vida real, la verdadera, en la esfera de poder de la política, raras veces deciden -y esto es algo que hay que recalcar, como advertencia contra toda credulidad política- las figuras superiores, los hombres de ideas puras, sino un género mucho menos valioso, pero más hábil: las figuras que ocupan el segundo plano”.

La frase, incluida en el prefacio de la gloriosa biografía de Zweig sobre Fouché, constituye el mejor matiz ante lo que sigue, que no es negativo pero sí derrochador: por primera vez desde el inicio del curso parlamentario 2013, IU planteó un tímido reproche común a PSOE y PP por sus reticencias hacia la democracia participativa. La defendió desde su escaño José Antonio Castro, también levemente, casándola al destino de una futura y aún incierta ley andaluza de consultas, y mezclándola con el esfuerzo por la transparencia que, según José Antonio Griñán, culminará en abril con un primer texto exploratorio.

Supongamos que Castro sea una figura superior, un hombre de ideas puras. Incluso así estaría sometido a la dictadura del segundo plano, del orgánico (IU) y del ajeno (el resto de partidos, presentes o no en la Cámara). Y ese segundo plano global piensa homogéneamente en un lienzo sin grietas. Desde las entrañas de ese poder que Bergoglio ya consideraba peligroso en sus misas argentinas, desde el corazón de la partitocracia, la aparición del ciudadano a la suiza es una seria amenaza.

Castro citó a Fernando Villaespín: “La democracia se encuentra en una pinza entre los tecnócratas y el populismo. El sistema se ha quedado sin alma”. En realidad, la democracia permanece inmovilizada en la telaraña del voto delegado, la ausencia de controles y la consiguiente elusión de responsabilidades. El sistema jamás ha tenido alma. No al menos por estos lares.

A Griñán le ocurre lo mismo que a Castro, pero en mayor medida. Su pureza y su superioridad se ven empañadas por una desproporcionada horda de secundarios. La Junta es un país demasiado grande, demasiado inabarcable, demasiado rebelde a las riendas de un jinete sabio. El caso de los ERE es paradigmático.

Si IU levantó contenidamente la voz -y eso siempre es una buena noticia cuando el destinatario del reproche es un socio de Gobierno: democracia desacomplejada-, el PP varió el rumbo de sus últimos ataques, bajando al presidente del Ejecutivo autonómico del trono a la platea con cifras. Dada la naturaleza deshilachada de la retórica zoidiana, el plano de los hechos es sin duda el más efectivo. Juan Ignacio Zoido preguntó por la deuda que la Junta arrastra con los ayuntamientos, esperó una respuesta que no llegó y concretó por su cuenta: 400 millones de euros, incluidos 128 a las capitales de provincia, ninguna de las cuales está hoy en manos del PSOE.

Hay trasfondo, claro: la guerra abierta en la FAMP, el intento del PP de ganar visibilidad por otra vía institucional o la reforma local de Rajoy. A la segunda, Griñán contestó disfrazado de jesuita, la orden de moda desde el miércoles: la Junta se hizo cargo en su día de la deuda de todos los ayuntamientos con menos de 1.500 habitantes y refinanció a otros 300, ofreció anticipos, alumbró calles, arregló casas consistoriales y rescató mercados de abastos [para eliminar suspicacias por el adjetivo elegido, que conste en acta que Fouché fue oratoriano. Francia expulsó a los jesuitas en 1762].

Y la vida sigue y los pecados se repiten. PSOE e IU conservan intacta su obsesión con el enemigo madrileño, una obsesión que en el caso socialista se diluye cuando desembarca un presidente amigo y que convierte en cualquier caso la política andaluza en una filial secundaria de las Cortes. Aunque, bien visto, sabiendo el rol que Zweig reserva a los personajes entre bambalinas, quizás Andalucía destaque, para sorpresa de todos, como amazona y pionera de una nación que necesita reinventarse. La vida sigue y los pecados se repiten porque a Zoido le falta consistencia, y esa debilidad genera en Griñán una sensación de superioridad aplastante. ¿Quién le escribe los discursos al líder del PP? ¿Improvisa? Las citas, las reflexiones, los posos culturales y geopolíticos son bienvenidos cuando contextualizan y enriquecen. En caso contrario suenan sinceramente ridículos. Obama y Merkel desentonan en las Cinco Llagas.

Los comentarios están cerrados.