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Deseado por el enemigo

Fede Durán | 31 de marzo de 2013 a las 11:43

La coincidencia entre opuestos es un raro fenómeno en política. La coincidencia entre PSOE y PP chirría todavía más, sobre todo en una Andalucía espiritualmente dividida (aún) entre terratenientes y proletarios, sobre todo cuando se refiere a los sentimientos que uno de los líderes en liza, Juan Ignacio Zoido, inspira entre amigos y enemigos. Pero ocurre. El PP se aferra al divino dedo designador de Javier Arenas -un hábito muy enraizado en la derecha, como demostró Aznar con Rajoy-; la Junta y José Antonio Griñán también.

Arenas es perro viejo. Su habilidad ha quedado frecuentemente constatada: fue ministro en la época dorada del PP, accedió con aparente desgana -igual que Chaves cuando dejó Madrid por primera vez- a centrarse en la cosa autonómica justo donde a su partido siempre le fue peor, masticó mal su victoria pírrica del 25 de marzo de 2012 (Pirro fue un enorme general, por otra parte) y tuvo a mano el teléfono rojo para quitarse de en medio y volver a la capital, a Génova, a la pasarela mediática sin aparentes manchas en el expediente.

Zoido es bien distinto. El traje de mosquetero le queda grande. Las líneas de su oposición son frágiles, difusas, irregulares. Dispone de un enorme arsenal en el terreno de las cifras, pero es incapaz de utilizarlo con constancia y efectividad. El problema de un Parlamento es que tarde o temprano emerge la lupa de la retórica, del afilado manejo de las palabras, de esos intangibles que -justa o cruelmente- condenan al gris, al atropellado o al tecnócrata. Fíjense en el material expuesto: la Administración paralela de la Junta (de la que nada ha vuelto a saberse); el monumental escándalo de los ERE (1.400 millones, según las cuentas del PP); Invercaria; el déficit (aquí todos fallan); un desempleo de récord…

Griñán ha querido manejar su ventaja sin despistarse. Pero el socialismo, antes con la boca pequeña y ahora sin complejos, proclama su fortuna por contar en la bancada contraria con el alcalde de Sevilla. “Es un regalo que Dios nos da cada mañana”, afirmaba el pasado viernes Mario Jiménez. Malo para el país, malo para el PSOE y pésimo para Griñán. Porque los grandes estadistas -suponiendo que el presidente lo sea- precisan de grandes Némesis. Porque la derrota envenena más cuando no se la espera.

La ruta que el socialismo andaluz dibuja tampoco está clara. A veces por fantasías periodísticas y otras por ambigüedades más o menos calculadas, Griñán se deja querer para empresas mayores. A punto de cumplir 67 años, no parece que la mejor baza del PSOE matriz para recobrar metros de respaldo en las urnas pase por recurrir a un veterano Griñán en lugar de otro veterano Rubalcaba, aunque Fraga y su Xunta desmientan esta línea de pensamiento. Si, por el contrario, su futuro está en las Cinco Llagas, necesitará alicientes. Arenas era muy bueno tocándole las narices. Zoido apenas le arranca sonrisas de superioridad.

Y aquí llega la paradoja: ¿se imaginan que ocurra precisamente eso, que Griñán se apague de aburrimiento, que se sienta viejo, que ceda al empuje indisimulado de Susana Díaz? Entonces Juan Ignacio Zoido se relevaría como lo contrario de lo que parece: un estratega exquisito, de primera línea, un hombre con la inteligencia necesaria para inocular la inestabilidad en el taifato socialista desde su careta de boy scout, un halcón con plenas posibilidades de asaltar al fin el Palacio de San Telmo.

Cabe por último un escenario inédito. Podría ocurrir que conforme avance la legislatura, el propio PP-A, a instancias quizás del mismo Zoido, sopese la posibilidad de encomendarse a un nuevo tutor. Arenas se fue con la cama sin hacer, y su sucesor nunca ha ocultado que se siente ante todo alcalde.

No se trata únicamente de un problema de pericia, o de carisma, o de esgrima dialéctica, o de vocación. Se trata de todos esos factores en concurrencia, más el añadido de una presunción dañina: efectivamente, existe más materia prima que nunca para desbaratar el dominio con muletas (IU) del PSOE-A. Conviene recordar, no obstante, que Arenas ya gozó de los misiles de los ERE, ya los utilizó, ya los detonó en el Mamaev Kurgan de la Junta, ya transmitió al pueblo andaluz el saqueo. Y el PP ganó por 50 escaños a 47, lejos de la mayoría absoluta y del trono. Que nadie le pida peras a Zoido.

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