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Tiburón negro

Fede Durán | 11 de mayo de 2013 a las 8:00

Brilla en los ojos del magnate una luz especial para los negocios. Brilla siempre, desde la cuna, y brilla intensamente: es la enésima constatación de que la energía –también la emprendedora– ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. En el caso de Aliko Dangote (Kano, Nigeria, 1957), esa luz de los albores parecía inofensiva. En la escuela primaria se limitaba a soñar con comprar caramelos y revenderlos a los compañeros bajo la sagrada premisa del adquirir barato y endosar caro. De pudiente familia musulmana, Dangote hizo primero los deberes académicos –se licenció en Artes y Empresariales en El Cairo– y asumió después, a los 21 años, la misión iniciática. Su tío le encargaría gestionar una modesta firma comercial. Ahí plantaba el clan la semilla de un imperio. Porque este señor es hoy, según la bíblica lista de Forbes, el cuadragésimo tercero más rico del planeta. Y el primero entre los negros y los africanos. Su saldo: 16.100 millones de dólares, casi 10.000 más que sus directos competidores en el continente, los palidísimos sudafricanos Johann Rupert (objetos de lujo) y Nicky Oppenheimer (diamantes).

Lo del brillo suena esotérico pero es absolutamente empírico. A finales de los 80, Dangote preguntó a las autoridades por unos terrenos abandonados en el puerto de Apapa. Obtuvo una concesión y montó allí un parque logístico para su compañía harinera. Cuando la competencia protestó, la respuesta del Gobierno fue flemáticamente británica: “La idea fue suya, señores”. En 1990, localizó una grieta en la suntuosa hoja de gastos del Banco Central de Nigeria: la flota de transportes de la plantilla le costaba al organismo un ojo de la cara. Dangote ofreció sus servicios a un precio mucho más razonable. Otra concesión.

Dangote Group es el mayor conglomerado de África occidental. Posee la tercera refinería de azúcar más importante del planeta (produce 800.000 toneladas al año), negocios inmobiliarios y textiles, plantas de procesado de sal y la mayor cementera africana. Despliega actualmente 14.000 kilómetros de fibra óptica en Nigeria. Y exporta algodón, cacao, nueces, sésamo y jengibre.

Las dos últimas jugadas del emperador están a la altura de su trayectoria. En 2012 apuntaló su monopolio azucarero al adquirir el 95% de la nacional Savannah Sugar y obtuvo 190 millones en efectivo al vender a la sudafricana Tiger Brands su paquete accionarial dominante en una de sus harineras. Próximo proyecto: una refinería petrolera que doble la producción del país.

Filántropo declarado, Dangote sufraga campañas de salud y moviliza recursos contras las catástrofes naturales. Ejerce de mecenas artístico, deportivo (donó 820.000 dólares a la selección de fútbol) y político (al ex presidente Obasanjo le regaló 2 millones en 2003). Puede permitirse lo que quiera porque es un visionario y un optimista, desenfunda antes que nadie y recuerda cada vez que puede que invertirá todo su dinero en Nigeria. Importemos la inspiración.

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