Rotavator Zoido

Fede Durán | 24 de mayo de 2013 a las 15:20

No ha existido hasta la fecha definición más brillante de Zoido que la aportada por el alcalde de Granada, José Torres Hurtado: el líder del PP-A es un rotavator, palabra inédita en la RAE que vendría a designar, según el primer edil, una herramienta agrícola multiusos, los mismos que en teoría ofrece don Juan Ignacio, la reina del ajedrez aplicada al tablero español. Torres ve a Zoido como “juez, alcalde, ministro o presidente de la Junta”. Probablemente sin querer, da en el clavo del alma rotavatoriana del ínclito, mucho más compleja que cuatro simples cargos. Porque Zoido es, ni más ni menos, el motor que sostiene las sesiones de control al Gobierno -por lo común soporíferas-, salpimentando el gris panorama parlamentario con cifras discutibles, interpretaciones arriesgadas, acusaciones osadas y titulares imposibles de comprar.

La de ayer fue una secuencia paradigmática. Las preguntas al presidente se formulan de menor a mayor grupo, así que siempre arranca José Antonio Castro (IU), incapaz hasta la fecha de encontrar el tono justo, el equilibrio necesario entre el respeto al socio gubernamental y el discurso diferenciado. Sus reflexiones sobre la ultraactividad de los convenios colectivos, un feo asunto fruto de la reforma laboral al que los agentes sociales pusieron ayer un parche, no arrancaron el menor entusiasmo entre sus señorías, entregadas a la densidad de los portátiles, los móviles, la prensa y las conversaciones en voz baja. Después toma la palabra Francisco Álvarez de la Chica (PSOE), que es a José Antonio Griñán lo que el trampolín a un acróbata: el artilugio que facilita el impulso para que el presidente dibuje en el aire la inevitable pirueta propagandística, en este caso dedicada a la I+D, los emprendedores, la internacionalización y los ejemplos ya conocidos del discreto milagro andaluz -energías renovables, aeroindustria, salud y biotecnología-. A esas alturas, el murmullo es ya rumor y el sopor coma profundo. Pero entonces, fiel a su cita, irrumpe en escena Zoido. Y el silencio reina brevemente.

Lo que sucede a continuación es más difícil de recomponer. El jefe de la oposición habla de un “programa escaparate” de gobierno -el que se incumple- y de otro “oculto” -el que vale-. Acusa a la Junta de deberle más de 21.600 millones “a los bancos contra los que dispara”. Reprocha a Griñán que destine 44 millones a cooperación exterior y sólo 100.000 a Cáritas en Andalucía. Exige saber cuántos nombramientos a dedo se han producido en la Administración paralela. Denuncia que ésta sea la región con menos camas públicas de España. Afea al “bipartito” que ignore las 50 medidas para crear empleo propuestas por el PP. Considera “muerto” el pacto PSOE-IU, “sin fondos” el plan contra la exclusión y altamente nocivo el decreto sobre los desahucios. Interpreta que el presidente “se ha unido a los antisistema” cuando dice que Europa no merece la pena y advierte que con esa actitud “pone en peligro la recepción de fondos europeos”. Insinúa las hondas convicciones antijuancarlistas de su rival y que haya sido capaz de “vender Andalucía por un plato de lentejas [traducción contextualizada de lentejas: tres consejerías y una butaca de vicepresidente]”. Le conmina a dialogar. Amaga con formular su próxima pregunta fiscalizadora a Diego Valderas, “que es quien lleva las riendas”. Y le interroga sobre Invercaria.

Ante semejante despliegue, sin duda inspirado en las bombas de racimo, el contraataque por alusiones sólo puede ser selectivo. No hay inteligencia capaz de absorber tantísima metralla.

Sinceramente, las respuestas de Griñán fueron lo de menos. Zoido constituye un espectáculo autónomo y autosuficiente. Actúa como oposición, pero también se opone a sí mismo. Su discurrir es atropellado, su entonación oscilante. Es probable que a él le dé igual. El relevo parece claro en el PP-A y el alcalde aliviado ante esa perspectiva. Se irá con la sensación del deber cumplido, aunque no es descabellado intuir que Griñán le echará de menos. A poco que le contraataquen con consistencia de la de verdad, tendrá que volver a esforzarse. Y entonces las risas, el estupor, la suficiencia, las chanzas y los aspavientos darán lugar a un verdadero debate y a una auténtica arena política. Si los leones del Congreso flanquearan las Cinco Llagas, ya se habrían fugado.

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  • luarca

    Pues en ingeniería civil, una “rotavator” es una máquina montada sobre vehículo, motorizado o no, cuya función es estabilizar suelos. La máquina lleva unos depósitos de cal o cemento, y agua, que añade al suelo previamente removido. Una especie de rodillo con múltiples dientes se encarga en la parte posterior del tren de mezclar el suelo con lo adicionado y dejarlo homogéneo. Estas operaciones permiten mejorar la consistencia y disminuir la plasticidad de suelos de baja calidad que, de otra manera, tendrían que retirarse a vertederos. Así se consiguen fabricar terraplenes, rellenos de estructuras, etc.

    Y ciertamente no está en la RAE.