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Complejos y virtudes del andaluz medio

Fede Durán | 18 de junio de 2013 a las 8:00

Especializado en grupos juveniles y violencia, Manuel Marín (Melilla, 1946) es una especie de Alfred C. Kinsey: sus investigaciones han sido a menudo pioneras, pero el poder académico no siempre las midió con la vara con que valora lo que viene de fuera o aquello que es predeciblemente ortodoxo. Esa realidad conecta con una de sus tesis más contundentes. El andaluz, por desgracia, es un acomplejado. Y la crisis acentúa el defecto. ¿Cuántos se atreverían a afirmarlo tan alto y tan claro?

-España acumula cinco años de calamidades. ¿Cómo afecta la crisis del bolsillo a la cabeza?

-Toda crisis influye en los procesos psicológicos y en las relaciones. Personas muy inteligentes que no controlan bien sus sentimientos son incapaces de desarrollar toda su capacidad intelectual cuando se enfrentan a una tarea. La crisis crea inseguridades y eso hace que la gente se ralentice en sus decisiones y razonamientos al no tener claras cuáles van a ser las consecuencias. Las decisiones se toman tarde, no se evalúan todas las posibilidades, es mucho más probable fallar, y eso genera aún más inseguridad. La crisis, en definitiva, merma mucho la autoestima porque lastra la capacidad de analizar, decidir y resolver.

-Grecia quema sus calles. Nosotros nos lo tomamos con calma. ¿Por qué esas diferencias?

-Hay varias razones de fondo. Primero, el nivel de profundidad de la crisis y la presión que sufre la población. Otro factor es la educación de la gente para afrontar este tipo de situaciones. También los temperamentos. Somos mediterráneos, pero quizás allí sean más primarios que aquí en algunos sentidos, igual que aquí lo somos en otros. La cultura antropológica varía de país a país. Los nórdicos funcionan de manera diferente a la gente del sur, por ejemplo. La tradición democrática también influye. Hay muchos factores.

-¿Sirve la idiosincrasia andaluza de colchón?

-De alguna manera influye el estoicismo clásico andaluz en la forma de reaccionar, aunque lógicamente la cultura se está haciendo cada vez más universal y las conductas también.

-Estoicismo y conformismo pueden llegar a confundirse.

-La sociedad andaluza no es conformista, pero siempre ha analizado las cosas con mucha relatividad y sabiduría. Las alternativas que propone para la realidad a la que se enfrenta son las que le hacen tener ese punto de estoicismo. La sociedad andaluza está evolucionando mucho, es pionera en tecnología industrial y agraria, en la producción de muchas materias primas, y eso no lo hace el conformismo sino la capacidad de adaptarse a las circunstancias y de resolver problemas, algunas veces con mucha creatividad y muchas otras con una base estoica que ha caracterizado a esta cultura durante siglos.

-La familia es esencial en el mundo latino. Y aquí está sosteniendo a muchas personas sin empleo ni expectativas.

-La base de la sociedad es la familia. Por muy evolucionadas que aquellas sean, cuando llegan las crisis se vuelve un poco a las raíces. Lamentablemente, España está costeando ahora el avance de muchos países en los campos científico, tecnológico y cultural. Hemos formado a un montón de universitarios, de científicos, nos ha costado el dinero y los beneficios de esa formación los obtienen los países a los que emigran. Para los que se quedan aquí, el fundamento está en la familia.

-Cervezas con los amigos, reuniones familiares, ferias y otros folclores. Parece una terapia razonablemente efectiva.

-La salud mental del andaluz, que es bastante buena, está sustentada fundamentalmente por la capacidad de comunicación que tiene, y en ese saco están las ferias, donde la gente se comunica porque necesita expandirse, y las cervezas y reuniones. Eso sirve de terapia. Comunicarse con los demás es saber que los demás sienten el problema de uno, que uno no está solo. Se comunica para apoyar y ser apoyado. En Andalucía somos buenos comunicadores. El estereotipo de que somos muy abiertos es cierto. Y quien viene aquí de fuera se siente a gusto porque esa comunicación es la base para el bienestar personal y social.

-Sensación autocrítica: utilizamos las redes sociales para desahogarnos pero hasta ahí llega nuestra protesta ante los enormes abusos de la recesión.

-Sí, en parte es así. Las redes le valen a la persona para desahogarse. Pero cuando tiene que salir a la calle también sale, y eso depende del compromiso y la educación de cada uno.

-Clinton estuvo hace poco en España. Transmitía tanto optimismo que daban ganas de creerle. Qué contraste con lo nativo.

-La verdad es que el español siempre ha sido muy pesimista y se ha infravalorado. El fenómeno es mucho más intenso en Andalucía. Siempre ha habido un complejo de inferioridad frente a las posibilidades reales. Nos consideramos por defecto menos que los demás. Por fuera muchos ven que la crisis no es tan mala como se autopercibe en la población española. Hay determinadas regiones y nacionalidades que venden todo lo propio como algo maravilloso. Aquí no sucede.

-Sin ese lastre, saldríamos antes de ésta.

-Indudablemente. Cuando uno se cree incapaz de hacer algo, directamente ni lo intenta.

-¿Cómo están afrontando los jóvenes la crisis? La encrucijada es habitualmente paro o exilio.

-En la universidad hay una movilización notable frente a la crisis y sobre todo frente a cómo se está abordando desde el Gobierno. Son muy racionales y positivos en el sentido de que están analizando constructivamente lo que hay que hacer. Un ejemplo claro fueron los premios de los primeros expedientes universitarios en Madrid, donde nadie dio la mano al ministro Wert. Y esa gente es la élite de la universidad. Todo esto va más allá de las siglas. Ven que no se estudia la realidad adecuadamente.

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