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El chillido del tití

Fede Durán | 21 de junio de 2013 a las 10:35

NINGUNA de las medidas sugeridas a España por el FMI supone demasiada novedad. Los vigías del neoliberalismo son expertos en obviedades capitalistas, y la obviedad capitalista incide mucho en la filosofía del yunque y poco en la del estímulo. Nos piden otra reforma laboral, es decir, una reforma bien hecha y no la chapuza del melindroso Rajoy, bajo las siguientes premisas: limitación de la tipología contractual (bien), mayor flexibilidad para las empresas (mal), mejora de los servicios de colocación (bien), ventajas fiscales en la contratación de jóvenes y trabajadores de baja cualificación (aun siendo mejorables, ya existen) y reducción del margen de interpretación judicial de los despidos colectivos (mal).

El equipo de Lagarde advierte asimismo que los salarios apenas han caído desde 2007 y anima a continuar con el proceso de devaluación interna que teóricamente ha de conducirnos a la excelencia competitiva en la liga internacional. El sueldo medio anual en España fue de 1.639 euros en 2012, un 15,34% inferior al promedio europeo. Desde 2008, los españoles han perdido un 2,3% de su poder adquisitivo. La demanda interna es una calamidad. El Salario Mínimo Interprofesional ha pasado de los 570 euros de 2007 a los 645 de 2013, pero sigue palideciendo frente a los de Irlanda, Francia, Bélgica, Holanda o Luxemburgo, sin que las diferencias a favor abulten demasiado con Grecia y Portugal. Insistir en nuestro empobrecimiento no parece sabio, al menos a juicio de quienes viven aquí y no en Washington.

Para chistes, el de la reestructuración del sector financiero, telenovela donde los malos nunca mueren. Refuercen la calidad y cantidad del capital, nos dicen. Saneen sus activos tóxicos, añaden. Aclaren la clasificación de los créditos refinanciados, prosiguen. Y moderen el pago de dividendos, rematan. ¿Qué hay de las millonarias indemnizaciones a directivos de entidades fraudulentas? ¿Y del flujo crediticio resucitado para el que se supone que sirvió el rescate? Bueno, ahí el FMI saca la varita y nos regala una salida mágica: señores, busquen vías alternativas de financiación para que las empresas puedan subsistir al margen de los bancos. Sencillamente genial.

Ojo, el Fondo también recuerda a Bruselas que debe facilitar el ajuste. Berlín ya se encarga de ello en unas cosas (austeridad) mientras torpedea otras (un rol más activo del BCE; la unión bancaria; el supervisor único). Por último, pide a Rajoy un imposible: que acabe con los 17 mercados autonómicos, elimine burocracias y resuelva el problema del déficit de tarifa.

El FMI no deja de ser, como el Banco Mundial, un producto más de Wall Street. Sus recetas son cobardes allí donde se requiere audacia y benévolas con el poder examinado allá donde las decisiones que éste tome sean inocuas para el futuro del sistema. La creatividad de las soluciones útiles está fuera del circuito oficial, en las universidades y otros círculos menores, convenientemente aislada, como esos titíes de zoo a los que uno observa chillar y contorsionarse desde la libertad.

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