Menos lobos

Fede Durán | 26 de julio de 2013 a las 11:21

LA EPA es el retrato del alma laboral de España, pero también un termómetro del clima económico general. Como siempre, el arte de la estadística es maleable, y el Gobierno de turno moldeará las cifras en función del mensaje deseado, que en este caso y desde hace meses es el optimismo de una recuperación que nadie con dos dedos de frente acaba de ver. Pues bien, Guindos, Montoro y Báñez -la terna especializada- tienen materia prima para insistir en la parte buena de la historia. El segundo trimestre cierra con 225.200 desempleados menos para un montante inferior a los seis millones. La tasa de paro cae al 26,26%. La ocupación repunta en 149.000 personas (16,7 millones en total).

Hay varias claves que permiten matizar la sonrisa oficial. Las cifras desestacionalizadas, por ejemplo, que son las que eliminan el efecto calendario y arrojan números más netos, más limpios. En este caso, rebajando la vigorosa inyección que suele suponer el verano en determinados ámbitos, el saldo se mantiene positivo: 13.000 empleos más. Pero el truco habitual sigue ahí: los contratos que se firman son predominantemente temporales (+162.200) y a tiempo parcial, de modo que la admirada precariedad del modelo alemán y sukurtzarbeit/minijob encuentra su justo paralelismo en la cara sur del continente. Las contrataciones indefinidas van camino de convertirse en objeto de museo (-50.400), aunque aún dominen en una relación de tres a uno sobre las temporales.

Más: en comparación con el mismo periodo de 2012, la masa de asalariados pierde 672.800 efectivos. La vía del trabajo por cuenta propia, pese a sus cargas fiscales y el maltrato del legislador, se consolida como la única salida para muchos: hay 37.100 autónomos más que hace un año.

Otro factor influyente ha sido la estabilización del empleo público, donde no se esperan nuevos tijeretazos a menos que la troika insista en el futuro en esa línea de acción. El Ministerio de Hacienda es consciente de que su (obligatorio) plan de reestructuración del sector público no ha sido respetado por las CCAA. La Junta es el caso que mejor ilustra la recia salud de la Administración paralela.

Quizás lo más importante para comprender por qué los brotes verdes del Gobierno amarillean sea detenerse en el estado de los sectores. Porque mientras los servicios sean el único pulmón de la recuperación laboral, España no se desprenderá del factor estacional, la precariedad y el escaso valor añadido. La industria es el mejor electrocardiograma: si entre abril y junio hubo 37.500 parados menos pero la suma de ocupados también cayó en 16.800, los cimientos de la recuperación son de barro. La industria no vive de la coyuntura sino de la estructura.

El debate sobre la enésima (y esta vez definitiva) reforma normativa pende sobre la Península. La certeza de que no hay oportunidades sin actividad económica también. Sin desmerecerla, la EPA vale lo que vale, y no saca del agujero a un país que renunció hace años a la ilusión.

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