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Los andaluces y el Descubrimiento

Fede Durán | 31 de julio de 2013 a las 11:25

Pablo Emilio

Una conversación con Pablo Emilio Pérez-Mallaína (Sevilla, 1952) es un viaje al pasado poliédrico de España: a sus conexiones imperiales, a sus cuitas marítimas, a la raíz de su idiosincrasia. Escucharle es abrir un libro de palabras y comprenderlo todo, desde las bóvedas hasta el subsuelo. Su firma se esconde tras el Pabellón de la Navegación (el de ahora y el de la Expo), sus ojos han diseccionado el Archivo General de Indias. Andaluz con raíces vascas, amante de la cerveza y Cádiz, media hora a su lado te hace añorar los tiempos de estudiante.

-¿Por qué siempre se han sembrado dudas sobre el origen de Colón

-Lo importante no es saber de dónde era sino por qué es un problema saberlo. Colón era absolutamente genovés. No quería ocultar su origen de nacimiento, quería ocultar su origen social. Era el hijo de un tejedor que trabajaba con las manos, y en aquellos tiempos el sudor producía alergia social. Este tipo acaba encumbrado como almirante del rey de Castilla. Sus hijos se tienen que educar con los de la corte, y esos hijos nobles humillan a los hijos del almirante. Uno de ellos, Hernando Colón, que sabía mucho de letras y dejó una enorme colección que es el origen de la Biblioteca Colombina, sabía muy bien que las palabras dichas se las lleva el viento, pero que las escritas quedan. En la principal biografía de Colón, escrita por él, deja caer cortinas de humo. Si Colón hubiese sido un hombre de alta cuna lo habría dicho, porque la nacionalidad territorial empieza en el siglo XIX, pero en aquellos tiempos la patria era el señor al que uno servía.

-El paradero de sus restos también es confuso.

-El profesor Manuel Jiménez Fernández decía que como Colón estuvo enterrado mucho tiempo en la Cartuja a tres o cuatro metros bajo tierra y el río Guadalquivir ha desbordado su cauce varias veces en ese lapso, lo más probable es que Colón forme parte de alguna de las vajillas que se han hecho allí toda la vida. Los españoles se llevaron los restos que quedaban a Santo Domingo, de allí a Cuba y luego a Sevilla otra vez. Los dominicanos dicen que los españoles no trasladaron de allí a Colón sino a uno de sus descendientes, pero los investigadores han relevado que los poquitos gramos de hueso que quedan aquí pertenecen efectivamente a Colón. Dicen que los dominicanos quisieron hacer un intercambio de parte de los huesos con España para que de esa forma Colón estuviera seguro en algún sitio.

-¿Qué papel desempeñan los andaluces en el descubrimiento de América?

-Los andaluces de esa época se consideraban castellanos a todos los niveles. Se decía que Andalucía era la primera América. La gente emigraba primero a Andalucía, que era una especie de región de aluvión, y los que no tenían suerte saltaban el charco. La influencia andaluza abarca desde el idioma -el castellano que se habla en América y Canarias tiene fuertes connotaciones andaluzas-, hasta el estilo arquitectónico -esas casas con patio y rejas, por ejemplo.

-¿Y en alta mar?

-Ahí estaban los hermanos Pinzón, que navegaban mejor que los cántabros. En la primera flotilla de Colón había dos carabelas de Palos y una nao, la llamada Santa María, que en realidad era la Gallega, con gente del norte que se sublevó por no estar acostumbrada a transitar aquellas rutas (los Pinzón calmaron el motín). Los andaluces dominaban el Atlántico sur, donde había un factor clave: el ciclo de alisios y contralisios. Un viento constante atemoriza a los marineros porque les hace creer que regresar es imposible. Solución: hay que ir por un sitio y volver por otro. Los marinos andaluces, que habían peleado mucho contra los portugueses, lo sabían muy bien de cuando iban a Guinea a por oro y esclavos. Para volver había que engolfarse, que no era darse a la grifa sino meterse en el golfo para encontrar los contralisios que les devolvieran a casa. Colón, que se había casado con una portuguesa y vivía en Madeira, lo sabía bien.

-Vuelvo atrás. Lo del aluvión explicaría nuestros apellidos italianos y catalanes.

-Andalucía tenía una posición estratégica porque unía las coordenadas norte-sur (Europa y África, donde estaba el oro subsahariano) y este-oeste. Europa empezó a desarrollarse más cuando los dos polos más ricos -el norte de Italia y Flandes- se comunicaron a través del Estrecho. Con la reconquista, los genoveses se instalan aquí por sus intereses comerciales. Andalucía se convirtió en el centro de una cruz donde concurrían las dos líneas. También hubo catalanes. Fernando III el Santo planteó la conquista como si fuera una cruzada y llamó a otros cristianos españoles para que vinieran a repoblar. Después, en un arrebato de cólera, Pedro I el Cruel mandaría despojarles de todos sus bienes porque una serie de galeras catalanas robaron delante de sus narices a un pequeño barco italiano aliado de Castilla mientras el Rey estaba en Sanlúcar de Barrameda de camino a la pesca del atún.

-Avancemos en el tiempo. Se cumplen 300 años del Tratado de Utrecht.

-Ese tratado que refrenda la decadencia de España, que pierde prácticamente todas sus posesiones en Europa, incluidas Gibraltar y Menorca, aun conservando las de América. Lo imponen los ingleses, que habían luchado contra Felipe V y Luis XIV, el gran dominador de la época. Lo que Luis XIV quiso nada más coronarse Felipe V fue reformar las Américas españolas para que los franceses las aprovechasen. Los ingleses dicen: no, que se quede el desorden como está. Con eso y unas pequeñas concesiones, se metieron por la puerta trasera en el comercio americano.

-¿Nace ahí el problema con Cataluña?

-Los catalanes conmemoran elementos relacionados con Utrecht (1714). Lo que hubo fue una guerra civil entre el bando del archiduque Carlos, que defendía el sistema pactista de los fueros, y el de Felipe V, más centralista. Al final ganó Felipe V no sin dificultad: el archiduque ocupó Madrid al menos un par de veces. De aquellos polvos vienen estos lodos. El tratado marca aún la impronta de España en muchas cosas.

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