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En busca de la sustancia perdida

Fede Durán | 26 de octubre de 2013 a las 8:00

EN Busca del Arca Perdida (1981). Dirección: Steven Spielberg. Producción: George Lucas. Escena: En un pueblo del Magreb, un guerrero con cimitarra, túnica y turbante reta a Indiana Jones. Los curiosos forman un corro. El retador sonríe: sus aspavientos son como fuegos artificiales. Al cabo de unos segundos, Indy se cansa y dispara, reduciendo el juego floral a una simple payasada. Juan Ignacio Zoido fue ayer, como tantas otras veces, ese fiero malogrado. Su pregunta hacía referencia en teoría a la racionalización del gasto en los entes instrumentales de la Junta, pero habló de las víctimas de ETA, del caso ERE, de auditorías, pasividad y comparaciones macroeconómicas entre Andalucía y España. Es su forma de atacar, y es suficientemente conocida. Más que de bombas de racimo, podríamos hablar de bandejas de tutti frutti.

La pistola de Susana Díaz, como la de Harrison Ford, estaba cargada. La presidenta sólo aguardaba el final de la coreografía para disparar. Sus respuestas -su tiro- fueron aceptables: “¿Los parados de España son de Rajoy y los de Andalucía míos?”. “Racionalizar no consiste en fusionar dos agencias para que el gerente cobre el doble”. “Ustedes también van a recortarle complementos a los funcionarios en Murcia o Valencia”. Con los datos del paro se hizo un lío (desde luego no es Griñán). Y de la racionalización del gasto no dijo nada a la primera pero sí a la segunda: sostiene Díaz que Montoro afirma que Andalucía es la segunda comunidad autónoma que menos recursos necesita para atender sus necesidades. Que tiene 13 entes por cada millón de habitantes frente a los peores registros de un puñado de regiones. Que destina apenas el 11,2% del gasto no financiero a estos organismos. Etcétera.

Algunos esperaban un fogonazo en forma de anuncio. El viejo estilo Chaves. Apenas hubo petardillo: el informe sobre transferencias de financiación exigido por la Intervención será incluido en los próximos presupuestos. Al ciudadano medio le sonará a mandarín. La traducción aproximada es más transparencia.

Como el Julian Sorel de Stendhal, Díaz ha tenido tiempo de observar y estudiar a sus superiores para igualarlos cuando llegase el momento. El momento ha llegado, antes quizás de lo que ella misma preveía, pero la presidenta no está en el peldaño del renunciante Griñán. Compensa sus carencias con una fiereza más efectiva que la de Zoido y la muleta de la política nacional, acaparada por un PP obcecado con las privatizaciones, los crucifijos y el darwinismo. Rajoy es el mejor aliado de la Junta.

El resto de la sesión de control fue como solía ser. Los portavoces de IU y PSOE exponen las maldades del Gobierno central, lanzan sus flechas a la bancada popular y propician, gracias a los menús precocinados, una intervención más o menos lúcida de la persona a la que se supone deben controlar. Hay que insistir en la idea de que este formato parlamentario carece por completo de sentido. Sería mucho más honesto enfrentar directamente a la responsable del Ejecutivo con el líder de la oposición. Andalucía paga, en cualquier caso, su escasísima biodiversidad política. Ni los nuevos movimientos y partidos han logrado escaño alguno; ni los más clásicos (PA) afrontan horizonte diferente al de la desaparición.

Esta suerte de texto predictivo dio lugar a dos amenazas. La Junta alargará la lista de agravios que cruza con el Estado ante el árbitro del Tribunal Constitucional en dos cuestiones importantes: la reforma local y la educativa. El mensaje está claro: Andalucía seguirá siendo la aldea gala contra el austericidio, el vaciado del colchón social, los repartos competenciales fijados en la Carta Magna y el Estatuto, y los espasmos conservadores de toda naturaleza.

Ayer, al caer el telón, Díaz lucía ceño fruncido. Ha interiorizado el cargo. Quiere devorar a Zoido en cada batalla. Utiliza la primera persona del singular para hablar de su Gobierno (“he pedido a Rajoy que me ayude”). Disimula a duras penas la irritación que le producen los avisos de Manuel Gracia cuando rebasa el crono y debe alejarse del micro. Ha venido para quedarse; Zoido vino para irse. Maragall piropeó una vez a Piqué en el Parlament: “Usted eleva el tono de este debate”. Díaz y Zoido, la que se queda y el que se va, lo han situado en mínimos históricos.

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