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Por qué Moreno sí y Sanz no

Fede Durán | 20 de febrero de 2014 a las 10:26

Desde el regreso a Madrid de Javier Arenas, el PP andaluz arrastraba la losa de un jefe de filas sin motivación. Juan Ignacio Zoido vive para la alcaldía de Sevilla, y eso -más el efecto Susana Díaz- le ha costado al partido un bajón en intención de voto que ahora habrá de compensar con Juan Manuel Moreno, 43 años, el ungido. Pero Zoido, respaldado por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quería aupar a José Luis Sanz, número dos del partido en la comunidad, una apuesta controvertida porque no sólo carecía del aval de Génova sino incluso del consenso entre los barones provinciales. La disensión no era baladí: el PP gobierna en las ocho capitales de Andalucía. Los barones cuentan.

De momento, Moreno ha causado, en la modesta escala doméstica, la misma oleada de optimismo que la presidenta de la Junta entre los suyos. “Sanz no tenía capacidad de ilusionar a nadie”, admite una fuente próxima a la Ejecutiva regional. “Contaba con la ventaja de haberse postulado y de haber recibido un buen trato desde la cúpula andaluza, pero ni se trabajó al grupo parlamentario ni se dejó ver en las provincias”, critica un diputado autonómico. La vía del que será nuevo líder tras el congreso de marzo será exactamente la misma que transitó Arenas: machacar Andalucía pueblo a pueblo, contrarrestar a lo Lyndon Johnson (contacto, contacto, contacto) la formidable maquinaria propagandística orquestada por Susana Díaz.

Dos eran las ventajas de Moreno: la franja más joven del PP, la que hoy ocupa los cuadros medios, le conocía bien por su experiencia al mando de Nuevas Generaciones (1997-2001). Asimismo, el todavía secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad supo posicionarse ante los popes. Era bien conocido en la calle Génova y se hizo un fiel de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que servía de enlace con el partido en distintas materias.

Dos veces frenó Mariano Rajoy la operación Sanz antes de decantarse por Moreno. “José Luis tendría que haber reculado. No supo leer el rechazo que provocaba”, analiza otro dirigente del PP-A. “Para el PSOE-A, Sanz era su candidato favorito. Eso lo dice todo”, tercia una fuente parlamentaria. Quizás parte del problema partiese del padrino. Con su desgana y sus reiteradas peticiones de retirada, Zoido había inyectado entre los suyos el desánimo del proyecto sin rumbo ni capataz. Que él promocionase a alguien, coinciden algunos dirigentes, significaba más un handicap que un empujón. “Zoido no es Superman, y lo que no queríamos es un sucesor que tampoco lo fuese”, explican.

Pacificadas las provincias, Moreno se ha puesto manos a la obra para ratificarles el feeling. El jueves 13, se reunió con el consejo de dirección del PP en el Parlamento, y no sólo para trasladarles buenas palabras sino para demostrar “que la empresa es un bonito reto”. Ayer visitó el virreinato popular de Sevilla y hoy hará lo propio en Cádiz.

Si no media adelanto electoral, la legislatura concluirá en 2016. En el lapso pendiente, Moreno actuará desde fuera mientras su frente parlamentario percute desde dentro. Es lo que ocurre, con diferencias importantes (la condición de socio de Gobierno), con IU, que cuenta en la Cámara con José Antonio Castro y en las calles con Antonio Maíllo. El PP-A ya vivió una situación similar en 2004 cuando Teófila Martínez perdió las elecciones y Arenas anunció, poco después, que asumía el liderazgo autonómico sin acta de diputado.

Clave en esta transición será el nombre de la persona encargada de fiscalizar a Díaz en las sesiones de control. Hace una semana esa labor correspondió, con notable eficacia, a Carlos Rojas, el portavoz parlamentario. Zoido no ha aclarado si comandará los careos con la presidenta, pero carecería de lógica que lo haga si decide ser consecuente. Así que Rojas apunta al fin al cargo para el que fue designado, aunque haya voces en el grupo popular que adviertan que también cuenta con opciones Ana María Corredera, la vicesecretaria de Organización, una mujer curtida en mil batallas (debutó en la Cámara en 1994) con un factor en contra: procede, como Moreno, del PP malagueño, que tendría una visibilidad excesiva en el siempre delicado reparto de cuotas.

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