La gira por las Españas

Fede Durán | 28 de febrero de 2014 a las 10:31

EL triángulo de la influencia política y la subsiguiente repercusión mediática lo formaron en España siempre Madrid, Cataluña y el País Vasco. Hasta el caso ERE, Andalucía jamás estuvo en primera línea. Conforme las antenas dedican parte de su tiempo a descifrar los usos y costumbres de la Bética, la comunidad ha ganado relevancia por la confluencia de dos fenómenos que a menudo soterran la trama anteriormente referida: una suerte de estrategia alternativa a la austeridad y la mayor irrupción nacional desde que el desconocido Zapatero ganase aquellas sorprendentes primarias del PSOE.

“Hemos conseguido abrir los puentes del crédito”, proclamó ayer en el Parlamento la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Ésa es la gasolina que permite al sur administrar sus recursos y sus deudas con un tono diferente al del Gobierno central, aunque la influencia de IU haya sido decisiva. Afirmaba esta semana Antonio Maíllo que la federación hace lo que puede con lo que tiene (12 escaños). No es poco empujar al socialismo, a veces a regañadientes, hacia esa izquierda real que confía en lo público como factor igualador frente al darwinismo de lo privado.

El rutilante álbum de fotos de Díaz incluye en un lapso de pocos meses al Rey, el Príncipe, Fainé (La Caixa), Alierta (Telefónica), Botín (Santander), Prado (Endesa), Rajoy y Mas. Ella se siente cómoda en el papel de conseguidora: “Nuestra obsesión es la creación de empleo. Los jóvenes andaluces dispondrán de 5.000 becas más y las pymes contarán con 2.000 millones de euros”, explicó. Su mensaje no eran sólo las cifras sino una crítica directa al PP por “manchar la imagen de Andalucía” y asumir la doblez como regla cuando exige desde Sevilla pero niega desde la Meseta.

Pocos han caído en lo complejo del equilibrismo que asume la jefa de la Junta. Defender las esencias del modelo originalmente escandinavo del bienestar casa mal con las alianzas que Díaz propugna con el Íbex 35. Ser supuestamente de izquierdas (en realidad, el PSOE dejo de serlo lustros atrás en el sentido más fiel del término) tampoco ha sido nunca muy compatible con los guiños a la Casa Real. Pero bajo la aparente incoherencia de esta fea pareja de tréboles se esconden inercias que superan con mucho cualquier cálculo. Andalucía, como el resto del planeta, vive del crédito, es decir, del dinero que no tiene, y ese dinero lo maneja la banca, que es la única que gana incluso cuando pierde. “El consumo no es el objetivo sino la consecuencia [del ahorro]”, reflexiona con sencilla brillantez el economista Juan Manuel López Zafra.

Parece que Carlos Rojas (PP) asumirá finalmente las labores de oposición en la Cámara tras la segunda ausencia consecutiva de Juan Ignacio Zoido. Su argumentario enlazó ayer, en vísperas del 28-F, las esencias del Estatuto a la “traición” del Ejecutivo regional. “Ustedes traicionan todos los días el Estatuto con una política que ha desembocado en un 36% de paro y unos índices de pobreza diez puntos por encima de la media nacional”, atacó. “Se traiciona el Estatuto cuando se desvían fondos públicos para ganar elecciones o cuando se emplean en cocaína, ferias virtuales y líneas aéreas que no llevan a ningún sitio”, continuó.

Díaz reaccionó con un órgado de los que tanto gasta. “A transparencia no me gana nadie. Ni tampoco a legitimidad [lo dijo en alusión al acceso de Rojas a la Alcaldía de Motril]”. Enseguida enseñó su carta, al invitar al PP a presentar sus números en la Cámara de Cuentas, compromiso que, dijo, los socialistas están preparados para asumir ya. Como telón de fondo, la guasa del caso Bárcenas y los millones en Suiza. Mucho más efectivo y efectista habría sido que SD hubiese enseñado el recibí de la Cámara y las siglas de su partido.

Abusó otra vez la lideresa del caos en que en su opinión se mueven los populares desde que Zoido accediese al liderazgo, declarase sus alergias y esperase, con escasa paciencia, la sucesión. Rojas no es un “meritorio” sino el diputado encargado de apretarle las tuercas al partido hegemónico y a la figura emergente del panorama político hispano. Sería catártico, o al menos de primera utilidad, que el PSOE exhibiese algo de autocrítica a la vista del cuadro macroeconómico andaluz, el lamentable estado de su clase media y una presión fiscal que no siempre justifica la dudosa calidad de algunos servicios públicos.

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