Monos del Peñón

Fede Durán | 18 de abril de 2014 a las 8:24

LA economía española podría perfectamente ser un animal, y en tal caso la cazaríamos para tantearla, diseccionarla y trepanar su filosofía subyacente. Como en todo organismo, junto a las piezas de función más obvia (el corazón, el cerebro, los pulmones o la vejiga, es decir, las estadísticas) nos toparíamos con otras en apariencia insondables (quizás el bazo fuese entonces lo más similar a una idiosincrasia). Ya sabemos que España padece un vergonzoso problema de desempleo que se ceba mayoritariamente con la fuerza laboral menos cualificada, esa que vivió su particular fiesta subprime al socaire de una banca igualmente festiva. Sabemos asimismo que los jóvenes más audaces y/o desesperados se marchan a otros países donde no siempre se les trata mejor; que la I+D es pobrísima y apenas genera adhesiones en el sector privado; que la burocracia carga las cervicales del emprendedor; que los préstamos (ahora sí) se conceden a elevado interés; que la inversión en los servicios sociales que sostienen el busto del Estado del bienestar se resienten cada año un poco más; sabemos, en fin, que la demanda interna lleva un lustro grogui, que la temporalidad le pisa el cuello a la contratación fija, que la formación es un coladero digno de Rinconete y Cortadillo, y que la desigualdad se traduce no sólo en una brecha creciente entre ricos y pobres sino también en datos tan tristes como el que, según Cáritas, sitúa al país como el segundo por la cola en pobreza infantil de la UE-28.

Pero también deberíamos fijarnos en el bazo. Captaríamos mejor las arritmias del corazón, los atascos respiratorios y los marasmos intestinales. Si el bazo es la idiosincrasia, nada mejor que los recursos humanos para reflejarla. No se trata sólo de cuestionar las políticas salariales a la baja tan alentadas desde la troika sino de advertir que el patrón atribuye al empleado demasiado a menudo la extraña cualidad de crecer sin agua ni abonos. Luego está el eterno y muy denunciado desfase entre la vida de oficina europea y nacional. Aquí nadie acaba temprano porque marcharse tras cumplir objetivos está mal visto. La trampa es vieja: a veces es imposible cumplir objetivos en los horarios estipulados porque la empresa vende un producto bajo condiciones fantásticas. Se le llama productividad cuando es ciencia-ficción.

No nos engañemos: nos gusta el trile. ¿Cuántos empresarios buscan el beneficio inmediato en detrimento de la longevidad sostenible? ¿Cuántos el atajo en la ley? Churchill dijo una vez que la democracia universal se le caía de las manos tras cinco minutos de charla con la plebe. Con el animal económico hispano ocurre más o menos lo mismo: bajo la alfombra pulida de las multinacionales del Íbex 35 se esconden a menudo miserias propias de esas repúblicas bananeras con las que tanto comparan a Andalucía. Lo peor no es eso: lo peor es que quienes siguen el sendero del taoísmo empresarial (la virtud como brújula) jamás pierden ese zumbido de mosquito que es la sospecha de estar jugando una partida con las cartas marcadas.

¿Y qué animal seríamos? Definitivamente, un mono de Gibraltar.

  • Trigolimpio

    AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS DE LA CEJA
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    …Ayer me acordaba yo, a propósito de la noticia del último desfalco de millones producido en Andalucía a cuenta de los Cursos de Formación para parados, de lo bien que vivíamos con Zapatero. Aquellos sí eran buenos tiempos, no éstos. Mientras ahora todo son corrupciones, malas noticias, sindicalistas enfadados, ERE´s fraudulentos, gente sin casa, policías pegando en manifestaciones y flatos mentales sobre cómo salir de la crisis, con Zapatero (“ZP”) se vivía mejor.
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    …Para empezar no había recortes y siempre había dinero para todo: carreteras, autopistas, estaciones, aeropuertos. Se concedían paguillas al 80% de los parados, nos entreteníamos haciendo bonitas leyes civiles (la ley de la Memoria Histórica, p. e., con la que discutíamos, cerveza en mano, en los bares; el Aborto libre; el casamiento alternativo, etc.) y, aunque subía el paro, todos estábamos tranquilos porque ZP nos había prometido el pleno empleo a todos. Y quien promete… cumple.
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    …Además a todos los estudiantes nos concedían becas. Qué menos, es un derecho. No ahora con Wert. Y vaya vidorra nos pegábamos, Dios mío, con los 3000 euros del Estado. Un dinero que estiraba mucho, que daba para todo. Y, lógicamente, hacía la vida del universitario mucho más agradable y divertida. Era la famosa “Igualdad de oportunidades” para la clase media. Es decir, todos teníamos derecho a vivir como los ricos. Por eso, Zapatero nos costeaba la carrera, nos daba la oportunidad de vivir como los universitarios durante un tiempo.
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    …Aquellos sí eran años maravillosos, no éstos. Con Zapatero apenas había manifestaciones, nunca aparecían por la tele los señores Toxo y Méndez. Señal de la inexistencia de problemas. La gente trabajaba (o, al menos, no se quejaba), se respetaban los contratos, se ganaban sueldos dignos. Nunca dio motivos ZP para que le montaran los sindicatos una huelga general. Y eso tiene su mérito.
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    …Porque Zapatero era un gran tipo y aquella España era muy otra. ¿Quién no cambiaba de coche cada 2 por 3? ¿Quién no aprovechó para pedir un crédito a un banco? Simpáticos eran entonces, caray. Y además los concedían, no ahora. Porque eso sí, el ciudadano tenía otro tratamiento estuviera o no en paro. Normal, teniendo un presidente de gobierno simpático, socialista, que se desvivía continuamente por las reformas sociales (su especialidad, los decretos-ley) y por parecerse cada vez más a un tal Mr. Bean. Y eso, a todos nos hacía reír y nos daba tranquilidad y fe en un futuro mejor. De hecho ya empezaban a verse los brotes verdes.
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    …Ahora los parados no somos nadie. Pero en su época éramos gente de postín. Recuerdo que Zapatero no consideraba desempleados a quienes hacían cursos de formación, porque estábamos, según él, “trabajando para el país”. Eso y la ayuda por desempleo nos hacía importantes y suplía con creces el tener un empleo convencional.
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    …Éramos muchos los que íbamos de curso en curso trabajando para el país. Y por aquel tiempo Andalucía se había convertido en una especie de Las Vegas en cursos para parados. Allí proliferaban las academias y los cursos para desempleados de variadísima temática: Ufología, Feng Shui evolutivo, sumiller, conductor de carretilla, curso teórico-práctico de manejo de animales exóticos, curso de experto en mediación familiar, cortador de jamón… Daba igual. El caso era matricularse, no perder la paga y, claro, trabajar para el país.
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    …Por desgracia, todo eso se fue al garete con el nuevo Gobierno. Demasiado cicatero para mi gusto. Porque con Zapatero siempre había dinero en la Caja. Además ahora surge otro escándalo de corrupción en Andalucía con motivo de los cursos para parados. Por lo visto, otra estafa piramidal de la Junta denunciada por quien sea. La enésima. Todo solamente pa’fastidiar. Con lo bien que vivíamos con Zapatero… Cachis.