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Sobre la resiliencia

Fede Durán | 22 de septiembre de 2014 a las 12:19

Fotos entrevista a Alfonso Ramirez

Alfonso Ramírez de Arellano (Sevilla, 1959) adentra al diletante en la psicología con un lenguaje cristalino y el campo de pruebas de esta crisis donde unos sucumben y otros se reinventan. Experto en drogadicción, sus últimos escritos inciden en la resiliencia, anglicismo que subraya la capacidad de superar las dificultades, y en la cuestión de si existe una “psicología del político”, un carácter modelado a partir de una actividad cada día más sospechosa, asunto ya tratado en su libro Manual de Supervivencia del Empleado Público o Cómo Defenderse del Político de Turno (Almuzara, 2007).

–“La dinámica social de las organizaciones autoritarias se basa en la gestión del miedo y la ira”. Suena a la Europa de la primera mitad del siglo XX pero también a la de hoy.

–Las opciones de corte autoritario siempre prosperan en climas emocionales de inseguridad o miedo. Miedo a elementos objetivos o subjetivos. Con la crisis es verdad que ha habido motivos para temer. Una organización de ese corte, desde el punto de vista emocional, ofrece seguridad, una actitud paternalista de acogimiento, y consigue proyectar la agresión, el miedo o la ira hacia el exterior, colocándolas en uno o dos tipos de enemigos que van cambiando pero que casi siempre acaban siendo los inmigrantes.

–En teoría, un político es una especie de facilitador de los cambios que anhela la sociedad. Ahora, sin embargo, el político se resiste a esa transformación.

–Hay periodos históricos instituyentes (orientados al cambio) como el de ahora y otros instituidos donde predomina el statu quo, el equilibrio. Antes de que en España estallase la burbuja inmobiliaria, nadie quería oír hablar de mejoras del sistema o problemas sociales. En esas dinámicas, los políticos entregados intentan ir por delante de la sociedad animándola a algún cambio. Ahora ocurre al revés. Si se echa un vistazo a las encuestas del CIS, no hay que ser un lince para saber qué quiere la gente: acabar con la corrupción, reforzar la transparencia, castigar a los corruptos y abrir las instituciones.

–Eso explicaría la irrupción de Podemos.

–Yo creo que sí. Cuando se produce un desfase entre las necesidades sociales emergentes y los que tienen la función de representarnos, se abre una brecha y surgen cosas nuevas.

–¿Qué es la indefensión aprendida?

–Es un concepto procedente de la psicología social, de experimentos con animales. A unos se les premiaba cuando asumían una determinada conducta; a otros no se les daba ningún refuerzo actuaran como actuasen. En estos casos, acababan desarrollando extrañas reacciones: una de ellas era la depresión, como si tuviesen la convicción de que hiciesen lo que hiciesen no iban a influir en el resultado. Eso es la indefensión aprendida, a la que también se ha llamado, cruelmente, pereza aprendida. Si muchas personas pasan por esta crisis terrible, intentan buscar trabajo o pierden sus casas y no encuentran solución, pueden caer en una desesperación que perdure incluso en el futuro.

–¿Por qué unos resisten la adversidad mejor que otros?

–Aaron Antonovski se encargaba de unos estudios rutinarios sobre población femenina menopáusica y se encontró con un grupo de mujeres en un estado de salud física y mental muy bueno. Resultó que la mayoría eran judías que habían estado en campos de concentración pero superaron ese trauma. Vendrían a confirmar el dicho de Nietzsche: lo que no te mata te hace más fuerte. Hablamos de la resiliencia, que es la capacidad de afrontar las situaciones difíciles de una manera incluso creativa. Lo interesante es que la resiliencia se aprende. Con los niños, son los padres los que les enseñan a serlo, pero cuando los adultos han sufrido situaciones duras, la terapia es similar y se basa en tres reglas básicas: que alguien confíe plenamente en nosotros, que nos quiera incondicionalmente y que nos invite a explorar.

–La capacidad de comprender y dar sentido a lo que nos ocurre.

–Recuerdo una anécdota que siempre relataba Montserrat Caballé. Una vez, cuando era pequeña, se quedaron en la calle. Supongo que sería un desahucio de la época. En vez de enfocarlo en negativo, el padre ordenó a los hermanos que se cogieran de la mano, les explicó el firmamento y les recalcó la suerte que tenían de poder dormir bajo las estrellas.

–La terna clave de la que usted habla es el apego seguro: amor, confianza y riesgo. ¿Falta algo de eso en los españoles?

–Mi impresión es que en España sí se ofrece mucho afecto y seguridad a los niños, pero no veo tan claro que se les anime a investigar. En ese sentido es una sociedad conservadora.

–El nido latino…

–Si se es más conservador psicosocialmente, se van a adoptar en el futuro conductas más conservadoras y habrá actitudes menos audaces en las ciencias y la empresa.

–Uno de los pulsos del siglo XXI es cooperación versus competencia.

–El capitalismo ha mitificado ese valor de la competencia en el peor sentido: la ley del más fuerte, el pez grande que se come al pez chico. El mundo no es así. La cooperación es muy positiva en todos los órdenes. El ser humano es tan social por naturaleza que es casi imposible que encuentre un equilibrio personal satisfactorio si a la vez no se ha socializado adecuadamente, y eso significa reconocer al otro como un igual. En nuestra cultura, lo que parece preocuparnos es el bienestar exclusivamente individual. De eso van la mayoría de libros de autoayuda. La autoestima se construye en relación con los demás.

–No me asuste. ¿Un solitario es un sociópata?

–No, no, ser solitario no significa ser antisocial. A veces, para mantener cierto grado de soledad hay que haber conseguido cierto grado de integración social.

–¿Abusamos del usar y tirar en las relaciones?

–Se ha tenido una idea demasiado utilitaria de las relaciones personales en todos los ámbitos. Cualquier aparente éxito que se consiga con una actitud así sólo lleva a lo peor.

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