Territorio no tan comanche

Fede Durán | 12 de octubre de 2014 a las 14:42

Ya saben que Oriol Junqueras es el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Menos epidérmico que Josep Lluís Carod-Rovira, resulta a la vez más pasional que Joan Puigcercós, una suerte de término medio entre sus dos predecesores. Historiador, católico y dicen que cofrade, Junqueras ha apostado fuerte por la independencia y ha jugado aún más fuerte su baza de socio en la sombra para empujar a CiU hacia el objetivo, cuyo primer hito debiera ser la consulta del 9-N que no se celebrará. Es, sin duda, un tipo inteligente, culto y harto educado: un catalán de la vieja bella escuela. Para demostrarlo, Junqueras ha tejido una curiosa alianza, o más exactamente ha recogido un valiente guante. El martes viajó a Sevilla junto a Jordi Évole (Salvados) para explicar sobre el terreno (¿comanche?) su causa. Mañana sabrán el formato. Pero se puede adelantar el resultado.

En contra de la imagen trasladada desde determinados medios, la experiencia fue buena. Al equipo de Évole y al propio Junqueras les sorprendió la acogida andaluza. Por la calle, afirman, hubo muestras de respeto y hasta de cariño, e incluso constan defensas cerradas del derecho a decidir si España se quiebra o se recauchuta. Lo explica Enric Juliana en estas mismas páginas: a menudo el fragor de la batalla política y mediática se vacía ante el careo con la realidad social, menos crispada, más dispuesta a las muy británicas terceras vías.

Junqueras procura desmontar la idea de emergencia que esculpen historiadores y constitucionalistas (Ricardo García Cárcel y Roberto L. Blanco, por ejemplo), en la línea argumental que suscriben Artur Mas, Joan Herrera e incluso Pablo Iglesias. Quiere, simplemente, que el pueblo catalán vote con la naturalidad con que lo hicieron semanas atrás los escoceses. En su fortuito encuentro con el ex presidente andaluz José Rodríguez de la Borbolla, aseguró que “ahora es el momento”, pese a admitir en paralelo que “existen condicionantes externos”. Llamémoslos Unión Europea en general o Alemania, Francia, Italia y Bélgica en particular.

La aparición del jefe de ERC en Sevilla encierra quizás algunas de las claves del futuro escenario hispano, cada día más abocado a una reforma constitucional donde la Cataluña posibilista buscará fórmulas de cariño y dinero. La todavía suma necesaria de PP y PSOE tendrá que plasmarlas con delicadeza de neurocirujano. Tan cierto es que nadie en el club nacionalista aceptará una reedición de café para todos como que Andalucía buscará su siguiente peldaño federal. Junqueras viajó con Évole porque en su fuero interno, casi abisal, algo de eso intuye, y porque no hay mayor conexión sentimental y sanguínea entre CCAA que la que enlaza a catalanes y andaluces.

Es probable que el tótem del secesionismo (ANC y Òmnium Cultural aparte) sepa asimismo lo que sigue. Al fin y al cabo es su vocación original. La cruceta geográfica Cádiz-Sevilla, o sea, Atlántico-Mediterráneo-América-Europa, atrajo en los siglos XVII y XVIII a cientos de miles de paisanos suyos al epicentro de la riqueza ibérica, paisanos que adornan hoy nuestros callejeros y alumbran un pasado mestizo e inexorablemente común. Aristóteles volverá a tener razón. En breve.

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