¿Utopía? Compromiso

Fede Durán | 24 de octubre de 2014 a las 12:31

HASTA la fecha nadie ha opuesto una alternativa que mejore el capitalismo, como tampoco existen sistemas infalibles desde el instante en que son construcciones humanas, basadas en sus ideas y sus conocimientos pero también en sus conductas. El capitalismo de hoy, con diferentes gradaciones, muestra al mundo terribles heridas: la desigualdad, la voracidad de las enormes y a la vez invisibles corporaciones, el declive de lo público, el altar del consumismo salvaje y una superficialidad imparable que destruye poco a poco el espíritu, el civismo y el humanismo.

Tampoco hay que ser miope. Marx y Gramcsi son tan musas como Krugman o Stiglitz. Las reparaciones parten muy a menudo del sentido común, de las sabias combinaciones, del diagnóstico adecuado, un destino al que se llega mejor sin bilis. España es un país muy imperfecto. Flaca ha sido su experiencia democrática, traumáticos sus intentos de distanciamiento de casas reales y dictaduras, escasa su proyección económica más allá del trile del ladrillo, nula su apuesta por la diferenciación innovadora, insufrible su articulación territorial… A la vez, el español es catedrático en resiliencia, generoso en la escasez y a menudo más capacitado que sus superiores administrativos. La política ha contagiado sus males a otros sectores sociales, cargándose la meritocracia, y ésa es la primera labor de rescate. Ahí reside el gran activo de Podemos, una fuerza todavía metafísica que genera miedos y empuja a cribas que de otra manera jamás se producirían.

España, la España no alineada, bastante indignada y obstinadamente granítica debería plantearse las siguientes preguntas si llega a ser mayoritaria: ¿Es posible mejorar la sanidad y la educación -las dos grandes partidas del gasto- recortando aparato burocrático y privilegios palaciegos? ¿Está al alcance de la mano reformar de una vez la universidad? ¿Y potenciar la I+D sin concesiones? ¿Y rebajar la burocracia? ¿Y revisar las cargas fiscales? ¿Y suprimir el Senado? ¿Y ejercer de Estado laico? ¿Y promover una suerte de nueva ilustración? ¿Y prohibir que los carnés de partido determinen los puestos de mando en la Administración? ¿Y fomentar un periodismo libre? ¿Y alimentar el pensamiento autónomo, sin gregarismos? ¿Y el emprendimiento? ¿Y un código ético que empape no sólo a los dirigentes sino a los empresarios?

Quizás contestar afirmativamente en todos los casos sea un ejercicio de candidez. A mí, sin embargo, me parece un ejercicio de prioridades (y esfuerzos). La escuela pública fue un día decente, igual que la sanidad. En la universidad española comenzó a romperse el franquismo. Nuestros investigadores no son necesariamente inferiores, sólo más frustrados y emigrantes. La burocracia se derriba con esas leyes que tan poco cuesta aprobar en asuntos tan banales. Los impuestos no pueden coser a las clases medias y bajas y venerar a las élites. El Senado no es una cámara territorial sino una réplica sin poder del Congreso. De la aconfesionalidad al laicismo hay centímetros. Ilustrarse es leer, escribir, consumir arte, proteger la cultura, dar los buenos días. EEUU ya separó la Administración de la política; así construyó un buen pedazo de su prestigio. El periodismo es libre cuando no depende de ayudas públicas. Etcétera. ¿Utopía? Compromiso.

  • zalillo

    Estoy gratamente orgulloso de leerle y totalmente de acuerdo con Ud. en todas las preguntas que se hace sobre sanidad, educación, recortes burocráticos y palaciegos, reforma de la Universidad, aumento del I+D, enfin todas y cuantas reflexiones se hace en el artículo, ¡¡terminando con que ese código ético, empape a los empresarios !! pero como tambien Ud. mismo define, es una cándida-utopía, pues para ello se requiere ese ejercicio de prioridad que ud. tambien cita y que para mi no es otro que, el 1º.- un nuevo sistema electoral, donde verdaderamente sea un hombre un voto y luego una correlación de representantes en el Congreso seria, y no como ahora existe donde unos pocos nacionalistas, tienen una representación desproporcionada admitida por las fuerzas conservadoras que hicieron nuestra Constitución, una vez constituido ese nuevo congreso, elaborar esas leyes que quizá nos llevaran a una sociedad algo más justa.
    ¿Aunque yo me pregunto? será posible verlo en este mundo en el que yo vivo.