Esclavos del siglo XXI

Fede Durán | 21 de noviembre de 2014 a las 8:00

Infografia Sevilla

Retorciendo el título de la obra magna de Marcel Proust, podría afirmarse que The Walk Free Foundation se encarga de buscar el tiempo congelado. Esa cápsula contiene un fenómeno perenne y universal pese a la iconografía que lo acota. Ejemplo: Abraham Lincoln, elegido presidente de los EEUU en 1860, agrandó su leyenda con la abolición de la esclavitud (1863-1865), aunque en parte le costase la guerra de secesión. Pues bien, esos ultraevolucionados Estados Unidos suman 60.100 esclavos modernos, según el recién publicado Índice Global del Esclavismo 2014, que adjudica a España una décima parte del montante yanqui (6.100). Y todo en pleno siglo XXI.

El principal problema es revolver la definición del problema. Lo que ofrece la fundación es en realidad el resultado de una encuesta donde la geometría variable de los gobiernos es la norma. No siempre es sencillo recabar la información, aunque sí desarrollar el concepto central. “Para el propósito de este índice, la esclavitud moderna implica que una persona posee o controla a otra de tal manera que le priva de su libertad individual con la intención de explotarla a través de su uso, beneficio, disposición o manejo”. Es posible concretar más porque la fundación tasa los supuestos que casan con esta definición: el tráfico de personas, el abuso de poder, la prostitución, la explotación sexual, los trabajos forzados, el tráfico de órganos, la esclavitud en su modalidad genuina, la servidumbre, el matrimonio forzoso, y la venta y explotación infantil.

En el planeta hay casi 36 millones de esclavos, repartidos en los cinco continentes pero focalizados en cinco países: La India, China, Pakistán, Uzbekistán y Rusia absorben el 61% del total. Sólo La India, con 1.252 millones de habitantes, suma 14,2 millones de esclavos. En términos absolutos, nadie se aproxima a esa cifra. China, con más población, registra 3,2 millones; Pakistán algo más de 2; Uzbekistán 1,2 y Rusia 1,04. 23,5 millones de siervos se concentran en el sur y el este de Asia; 5,6 en el África subsahariana; 2,5 en Rusia y Euroasia; y 2,1 en el Sahel.

En el otro extremo del ránking, compuesto por 167 países, se encuentran Islandia y Luxemburgo (menos de 100); Irlanda (300); Barbados (400); Nueva Zelanda (600) y los nórdicos Finlandia, Noruega y Dinamarca, todos con 700 por barba. España, con sus 6.100 explotados y una tasa del 0,013% sobre el total de la población, ocupa el puesto 132, proporcionalmente igual que Francia, Portugal y Grecia pero mejor que Italia (0,018%) y Estados Unidos (0,019%).

The Walk Free Foundation se inspira en las espurias agencias de rating para calificar el empeño de los gobiernos en la lucha contra estas prácticas. La horquilla se mueve entra la utópica triple A y la indigna D a secas. La AAA, que ningún país obtiene en todo el planeta, significa que la Administración ha ideado las medidas necesarias para combatir cualquier forma de esclavitud, sin olvidar en paralelo la ayuda y reinserción de las víctimas, un marco jurídico y judicial disuasivo, altos niveles de colaboración y coordinación, y normativa específica para evitar tentaciones en las cadenas de suministro.

El mapa europeo es armónico en comparación con otras regiones. Ahí está la AA de Holanda, la A de Suecia o las BBB de España, Reino Unido, Irlanda, Suiza, Noruega, Bélgica, Austria y Croacia. Por debajo (BB) están Alemania, Francia, Italia, Dinamarca y Hungría, entre otras. Traducida, la nota española supone que las autoridades han diseñado una respuesta global, con jueces expeditivos, servicios de atención a los damnificados y una buena sincronía entre organismos, aunque se detecten fisuras en el control de cierto tipo de negocios y a veces se criminalice a unas víctimas que pueden acabar deportadas.

En Europa se contabilizan 566.200 esclavos modernos, el 1,6% de la cuenta mundial. La nota media es BB y el porcentaje de vulnerabilidad del 27,8%. El virus no ha sido erradicado. “A pesar de tratarse de la zona del planeta con menor incidencia de la esclavitud moderna, hombres, mujeres y niños la siguen sufriendo en sus fronteras”, expone el informe. “Entre los casos más recientes destacan el tráfico de personas en la industria del cannabis en Irlanda o la mendicidad forzosa en Francia.

Aunque el 65% de las víctimas del tráfico de personas proceden de la UE, el porcentaje de damnificados provenientes de otros países crece significativamente” cada año. Los casos de explotación sexual rozan el 70% y los de trabajos forzosos el 19%. “Las situaciones de extorsiones por deudas y trabajos forzosos de habitantes de Europa del Este en países de Europa occidental persisten en sectores como la agricultura, la construcción y el procesado de alimentos, al igual que sucede con los empleados domésticos no comunitarios que trabajan en hogares del personal diplomático [sic]”.

Turquía, incluida en el estudio pese a su condición de encrucijada geográfica, toca techo en 2014 con 185.500 esclavos, por delante de Polonia (71.900), República Checa (37.900) y Hungría (35.600). En términos relativos, el país peor parado es Bulgaria, con una tasa del 0,38%. La fundación advierte que las políticas de austeridad y el impacto sostenido de la crisis han disparado el número de rumanos y búlgaros que emigran en busca de mejores condiciones. “Algunos de estos trabajadores pueden verse empujados a situaciones de explotación”. En Polonia –añade– los malos datos de 2014 se deben, en parte, al abuso de mano de obra barata de los países orientales vecinos y del sudeste asiático.

Sostenía Marx que el pueblo que subyuga a otro pueblo forja sus propias cadenas. La Tierra es entonces una inmensa jaula.

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