El bienestar según Rajoy

Fede Durán | 25 de febrero de 2014 a las 21:00

DEBATE NACIÓN

EL peor error posible es analizar el discurso de Rajoy desde la perspectiva del ciudadano de clase media-baja. A Rajoy hay que interpretarlo en clave elitista, en onda financiera, en sintonía casi especulativa porque su radiografía apunta únicamente al cuerpo macroeconómico, y no a todo sino a aquellos órganos que encajan con su teoría de la recuperación. Al ciudadano de clase media-baja, al poblador mayoritario de España, la fanfarria del presidente le suena sencillamente a insulto por una contundente y constatable razón: sigue sin notar en su bolsillo el más mínimo indicio de mejora.

Pero Rajoy vino a hablar de su libro y se subió al estrado titulares de esa prensa extranjera que, a tenor de sus propias confesiones (“yo sólo leo el Marca”), deben recortarle sus afanados asesores para lucimientos esporádicos y poco sentidos. Su concienzudo repaso a las reflexiones editoriales del trienio ominoso 2011-2013 avalan en su opinión el acierto de unas recetas que podríamos compendiar más o menos así: recortes de servicios sociales, pensiones y salarios públicos; inyecciones multimillonarias a coste cero a la banca; descenso de las becas; abaratamiento del despido; y subidas de impuestos al núcleo duro de la población, que no es precisamente el que más ingresa.

Los medios –especialmente los anglosajones, es decir, los vinculados a la City y Wall Street–, tampoco piensan en la clase media-baja española. Son los inversores, estúpido, exclamaría probablemente Ben Bernanke ante la maliciosa sonrisa de Jordan Belfort. Pero ellos son al parecer los jueces del bienestar y los causantes de algunas de las frases más hilarantes pronunciadas jamás por Rajoy. “Hoy se percibe a España como parte del motor de Europa”. O “no es que el árbol vaya bien y prometa, es que está dando sus primeros frutos”. Incluso “no reivindico el mérito del Gobierno; éste es un triunfo de los españoles, de sus sacrificios y su confianza”. Desde que el PP llegó al poder se han perdido un millón de puestos de trabajo, la deuda pública roza ya el 100% del PIB, la privada el 200% y el crédito a pymes y familias se ha contraído en 250.000 millones.

Como la vida no es únicamente dinero, convendría recordar que la alucinógena España de Rajoy retrocede a pasos kilométricos y al socaire de la mayoría absoluta en el cualitativo terreno de lo social, con una reforma de la ley del aborto que ha escandalizado a media UE, proyectos cuando menos arriesgados en relación a la libertad y la seguridad, una tasa Google que podría condicionar la independencia del periodismo, y una reforma educativa contestadísima casi artículo por artículo, entre otros frentes. La misma Constitución reformada para acomodar la sacralización del déficit cero (un objetivo legítimo y hasta saludable en un planeta habituado a crecer desde el endeudamiento y no desde el ahorro) podría introducir una cláusula que exija al menos un 75% de los escaños en las Cortes para pactar aquellas iniciativas que tocan el núcleo funcional de una nación.

Sacudan al gigante dormido

Fede Durán | 25 de febrero de 2014 a las 10:50

Sev.

Frente a Arenas o a Zoido, Juan Manuel Moreno, aún secretario de Estado de Asuntos Sociales e Igualdad, único aspirante al liderazgo del PP-A, parece un tipo simplemente corriente, y como tal se desempeña: ni eleva la voz, ni gesticula como un histrión, ni tampoco lanza mensajes estrafalarios. En Andalucía no hay fórmula de desgaste que no pase por rescatar imágenes talladas en el consenso colectivo. La del “gigante dormido” es sin duda la más potente y obvia. Moreno quiere ser el despertador del millón de decibelios.

“25.000 jóvenes andaluces han tenido que emigrar”. El paro juvenil roza el 67%, “una tasa más propia de países del Magreb”. “Faltan inversiones públicas en materia educativa”. “La carga fiscal es asfixiante”. “Habéis nacido en democracia y sólo conocéis un gobierno en la Junta”. “El hartazgo de la sociedad es absoluto”. Todas las frases del candidato (menos mal que en el PP no han mentado las primarias) iban dirigidas a los chavales de Nuevas Generaciones que ayer abarrotaban la sala habilitada en Fibes para la puesta de largo. Las vans comen terreno a los mocasines y las camisas de cuadros a las lisas, el maquillaje conquista menos mejillas que antes y el smartphone se impone como modus vivendi. Los cachorros del PP se parecen cada día más a las Juventudes Socialistas. Es un síntoma.

Recordarán que la sevillana Susana Díaz oficializó sus intenciones presidenciales en Antequera, Málaga, allá por el verano de 2013. Moreno, malagueño nacido en Barcelona, eligió Sevilla, quizás para compensar esa modesta batalla de gestos, se rodeó de adolescentes en horario académico y colocó a su izquierda al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, que en teoría simboliza en el PP la templanza antiguamente adjudicada a su tocayo Ruiz-Gallardón.

Moreno se presentó casi con lo puesto. No traía un discurso elaborado sino algunos pensamientos básicos, tal vez, de nuevo, en la línea del Susanismo: palabras de esperanza y redención, autopistas hacia esa Andalucía ausente del éxito y la pulcritud, aunque, claro, todo leído desde una óptica opuesta. “No toleramos lecciones de andalucismo. Querer, sentir, amar Andalucía es evitar esa tasa de desempleo juvenil, evitar el colapso sanitario, trabajar desde la transparencia y la honestidad”, compendió. Aquí se adivina un primer pulso interesante. La intransigencia con la corrupción cantada en hora punta por Díaz se sostiene peor vistos los antecedentes de la Administración que ahora gestiona. A Moreno nunca le ha salpicado polución alguna. Ni la Gürtel ni la Bárcenas.

Lo de ayer fue una especie de vídeo beta. Una prueba de sonido. Una charla entre amigos. Acaba de aterrizar y se nota. Susana Díaz es una rival temible, y la única cadena de desmontaje fiable supone una conjunción casi imposible de factores: el dominio absoluto de los números de la Junta, de la economía andaluza, de las carencias del empresariado y los trabajadores; el manejo cuidadoso y eficaz de los escándalos que salpican el umbral de San Telmo; la habilidad para recitar una tierra posible y renovada, alejada de caricaturas utópicas y fanfarronadas electorales. El PP-A ha desperdiciado con Zoido la inercia ascendente que le dejó Arenas. Parte prácticamente de cero, por debajo en las encuestas, sin un figurón que eclipse el incesante efecto Díaz, pero dispone en esencia del mejor material histórico para plantear una alternativa a la sopa boba de ayer y hoy.

Johnson contra Mújica

Fede Durán | 21 de febrero de 2014 a las 11:08

Mujica

EN una entrevista concedida al New York Times poco antes de convertirse en el trigésimo sexto presidente de la nación más poderosa del planeta, Lyndon Baines Johnson explicaba sin tapujos su visión de país: “Soy un negociador y un estratega. Intento obtener ganancias. Así es como funciona nuestro sistema en Estados Unidos”. En febrero de 2014, aproximadamente 51 años después, José Mújica, su homólogo uruguayo, respondía en otra entrevista a un titular previo del español Abc donde se le definía como El Presidente Más Pobre. “Yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico”, alegó, seguramente tras sorber de una taza sencilla una infusión de mate.

LBJ fue un texano de uno noventa y tres con manos de oso y la cabeza en forma de píldora. Era campechano y brusco, malhablado y noble, jamás daba explicaciones y definía el amor como una autopista federal destinada a acortar distancias. Achaparrado, prácticamente sin cuello, Mújica, descendiente de vascos y ligures, practica una suerte de equilibrismo perenne entre la izquierda guerrillera de la que viene y el sentido del consenso al que le empuja su imagen de la responsabilidad. Se preguntarán dónde está la conexión, pero hay que reformular el planteamiento: la desconexión es en este caso la verdadera conexión, aun admitiendo un fino y sutil hilo de afinidad.

Porque, cuando hablaba de ganancias, Lyndon Johnson definía el sabor de la sangre imperial, esa espesa pasta de codicia, visión crematística innata y pulsión petrolífera. Si en su respuesta a ABC Mújica hubiese utilizado la misma palabra, ganancia, lo habría hecho sin ningún género de dudas para referirse al bienestar uruguayo desde un prisma no invasivo sino sostenible o, si prefieren otro adjetivo aproximado, amigable. A la vez, la afinidad existe, se palpa bajo el césped presidencial. Johnson y Mújica defienden en el fondo lo que ellos entienden que sería un mundo mejor, es decir, comparten, en dosis abiertas a la interpretación, el gen del bien común.

Mújica será siempre, sin embargo, infinitamente superior como mensaje pese al handicap de liderar un país pequeño y encajonado que bien podría haber inventado, como confesaba en una entrevista, la socialdemocracia que con tanta superioridad moral procura atribuirse Europa. Y no se trata de que sea superior al bueno de LBJ sólo por residir en un apartamento de cuarenta y cinco metros cuadrados con jardín y sin escolta ni servicio; Mújica gana porque su mensaje es igual de franco sin ser tan llano, porque la estela de sus pensamientos describe meandros complejos que beben de las humanidades, de las enseñanzas más duras de la vida, de la serenidad más auténtica, de la sabiduría efímera de los hombres. El pequeño líder de ese pequeño pedazo de continente sudamericano personifica la oposición a la demente sociedad del consumo y la integridad que todavía late en determinados y escasísimos espíritus impermeables.

Por qué Moreno sí y Sanz no

Fede Durán | 20 de febrero de 2014 a las 10:26

Desde el regreso a Madrid de Javier Arenas, el PP andaluz arrastraba la losa de un jefe de filas sin motivación. Juan Ignacio Zoido vive para la alcaldía de Sevilla, y eso -más el efecto Susana Díaz- le ha costado al partido un bajón en intención de voto que ahora habrá de compensar con Juan Manuel Moreno, 43 años, el ungido. Pero Zoido, respaldado por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quería aupar a José Luis Sanz, número dos del partido en la comunidad, una apuesta controvertida porque no sólo carecía del aval de Génova sino incluso del consenso entre los barones provinciales. La disensión no era baladí: el PP gobierna en las ocho capitales de Andalucía. Los barones cuentan.

De momento, Moreno ha causado, en la modesta escala doméstica, la misma oleada de optimismo que la presidenta de la Junta entre los suyos. “Sanz no tenía capacidad de ilusionar a nadie”, admite una fuente próxima a la Ejecutiva regional. “Contaba con la ventaja de haberse postulado y de haber recibido un buen trato desde la cúpula andaluza, pero ni se trabajó al grupo parlamentario ni se dejó ver en las provincias”, critica un diputado autonómico. La vía del que será nuevo líder tras el congreso de marzo será exactamente la misma que transitó Arenas: machacar Andalucía pueblo a pueblo, contrarrestar a lo Lyndon Johnson (contacto, contacto, contacto) la formidable maquinaria propagandística orquestada por Susana Díaz.

Dos eran las ventajas de Moreno: la franja más joven del PP, la que hoy ocupa los cuadros medios, le conocía bien por su experiencia al mando de Nuevas Generaciones (1997-2001). Asimismo, el todavía secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad supo posicionarse ante los popes. Era bien conocido en la calle Génova y se hizo un fiel de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que servía de enlace con el partido en distintas materias.

Dos veces frenó Mariano Rajoy la operación Sanz antes de decantarse por Moreno. “José Luis tendría que haber reculado. No supo leer el rechazo que provocaba”, analiza otro dirigente del PP-A. “Para el PSOE-A, Sanz era su candidato favorito. Eso lo dice todo”, tercia una fuente parlamentaria. Quizás parte del problema partiese del padrino. Con su desgana y sus reiteradas peticiones de retirada, Zoido había inyectado entre los suyos el desánimo del proyecto sin rumbo ni capataz. Que él promocionase a alguien, coinciden algunos dirigentes, significaba más un handicap que un empujón. “Zoido no es Superman, y lo que no queríamos es un sucesor que tampoco lo fuese”, explican.

Pacificadas las provincias, Moreno se ha puesto manos a la obra para ratificarles el feeling. El jueves 13, se reunió con el consejo de dirección del PP en el Parlamento, y no sólo para trasladarles buenas palabras sino para demostrar “que la empresa es un bonito reto”. Ayer visitó el virreinato popular de Sevilla y hoy hará lo propio en Cádiz.

Si no media adelanto electoral, la legislatura concluirá en 2016. En el lapso pendiente, Moreno actuará desde fuera mientras su frente parlamentario percute desde dentro. Es lo que ocurre, con diferencias importantes (la condición de socio de Gobierno), con IU, que cuenta en la Cámara con José Antonio Castro y en las calles con Antonio Maíllo. El PP-A ya vivió una situación similar en 2004 cuando Teófila Martínez perdió las elecciones y Arenas anunció, poco después, que asumía el liderazgo autonómico sin acta de diputado.

Clave en esta transición será el nombre de la persona encargada de fiscalizar a Díaz en las sesiones de control. Hace una semana esa labor correspondió, con notable eficacia, a Carlos Rojas, el portavoz parlamentario. Zoido no ha aclarado si comandará los careos con la presidenta, pero carecería de lógica que lo haga si decide ser consecuente. Así que Rojas apunta al fin al cargo para el que fue designado, aunque haya voces en el grupo popular que adviertan que también cuenta con opciones Ana María Corredera, la vicesecretaria de Organización, una mujer curtida en mil batallas (debutó en la Cámara en 1994) con un factor en contra: procede, como Moreno, del PP malagueño, que tendría una visibilidad excesiva en el siempre delicado reparto de cuotas.

Cómo podría haber sido y no fue

Fede Durán | 18 de febrero de 2014 a las 8:00

LA torpeza de una decisión es más evidente cuanto mayor es el contraste entre la situación bajo ese influjo y una vez rotas las cadenas. En apenas cinco minutos, Carlos Rojas, portavoz del PP en el Parlamento andaluz, desnudó a su todavía superior, Juan Ignacio Zoido, y también a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, por distintos motivos y en distinta medida. A Zoido lo troceó involuntaria pero necesariamente con un discurso -al fin- estructurado, trufado de números, porcentajes y recuerdos de fracasos históricos y rémoras hiperpresentes, la hoja de servicios del PSOE andaluz en tres décadas, una teleserie de derroches, nepotismo, arbitrariedades y latrocinio institucionalizado con algunos oasis casi siempre procedentes de entidades ajenas (España y la solidaridad, Europa y los fondos de cohesión).

A Díaz no le tenía preparada ninguna novedad sencillamente porque no hace falta: basta con echarle un vistazo al cuadro estadístico andaluz para calcular el diámetro del agujero negro. Es cierto que en todo ejercicio político opera el sesgo ideológico, como cierto es que tanto socialistas como neocomunistas aprovechan cualquier oportunidad para demostrar que ese sesgo tiene plena vigencia a este lado de la Península con efectos presuntamente terapéuticos -privatización versus servicios públicos; bancos contra desahuciados; ladrillo a secas frente a ladrillo sostenible-. Pero la mancha no es menos negra: casi 1,5 millones de parados, 64% de paro juvenil (menores de 25 años), cargas burocráticas insoportables, ineficacia de la Administración en sus relaciones generales con el administrado; ausencia de los proyectos estrella (leyes de transparencia y participación) que deben teletransportar a la comunidad al siguiente estadio al menos en términos éticos, etcétera.

Rojas trazó el retrato más fiel hasta la fecha de su ayer rival, embarcada en una gira nacional y europea que promociona servilmente el socialismo español más huérfano de la historia, adicta al álbum de fotos, dispuesta a negociar con Cataluña no sé sabe muy bien en nombre de quién, esbelta en palabras grandilocuentes pero muy avara hasta ahora en acciones masticables. Donde Zoido se perdía, incapaz de combinar evidencias y articularlas con pericia, Rojas hilvanó como un sastre de Hoi An. La presidenta contaba con una buena oportunidad de aparcar su vocación pastoral (heredada de Griñán con suerte dispar) para entrar al detalle de su plan de ataque anticrisis. En vano. Arrancó con la broma del portavoz meritorio, como si uno debiera disculparse por el trabajo bien hecho, prosiguió con la nube del liderazgo popular y remató con las culpas del otro (reforma laboral vía Gobierno central), la mesa de la construcción que se iniciará el 21 de este mes y la alianza que persigue con el tejido empresarial. Palabras, postureo de Estado, sensación de déjà vu.

Tras la epifanía, es inevitable preguntarse por el funcionamiento orgánico de los partidos. Las cuasiprimarias del PSOE-A demostraron que la alergia al pluralismo, el debate y esa libertad de pensamiento que no implica una traición a las siglas no es patrimonio de la derecha. Susana Díaz ganó antes siquiera de presentarse, avalada por el aparato, que es lo mismo que un rodillo pero suena menos estalinista. A Zoido lo eligió Arenas, y punto. ¿De qué sirve entonces que el PP-A cuente con 159.000 afiliados? La travesía del alcalde hispalense ha sido corta e infructuosa. Le ha faltado rigor, le ha sobrado dispersión y jamás ha encontrado la retórica propia de los grandes conquistadores simplemente porque no está a su alcance lograrla. Que Rojas sea infinitamente mejor como espadachín parlamentario deja a Arenas y a la organización en pésimo lugar. La democracia española está en manos de fuerzas adictas al yo dispongo y al señor, sí, señor. Sin discrepancias, sin valentía, el capricho y la mediocridad campan a sus anchas. Como en tantas otras cosas, Andalucía es el peor ejemplo. Doble dedazo y chitón.

Julie Smith protagoniza un relato del muy talentoso David Foster Wallace. Irrumpe en Jeopardy!, el concurso donde se adivinan preguntas y no respuestas, y se hace eterna. Setecientos y pico programas después, Merv Griffin, el productor ejecutivo, decide sacrificar al mito para explorar nuevos alicientes. A Susana le ocurrirá algún día. Y a Moreno (Bonilla). Mejor que sea por tráfico de ideas. Los yugos pertenecen al Medievo.

Trampas de seductor

Fede Durán | 17 de febrero de 2014 a las 17:59

Belfort

JORDAN Belfort confirmó con sus estafas lo que casi todo el mundo sospecha en los fondos abisales de la conciencia: cualquier expectativa de riqueza basada en el mínimo esfuerzo de una inversión milagrosa es sólo humo. No para el aventador, claro. El aventador provoca el fuego y suele ser tan espabilado que lo acaba vendiendo como agua medicinal. Siempre hay gente dispuesta a manejarse bíblicamente: los panes y los peces han causado estragos en la idiosincrasia planetaria. Es una multiplicación tan golosa, tan a tiro de fe, que ciega casi por defecto los brotes que burbujean desde el lecho de la razón.

El Lobo de Wall Street, profundo conocedor de la naturaleza humana, sabía extraer dólares ajenos en beneficio propio, en cierta forma igual que los gestores de la Administración española, tan endiosados por el peso del presupuesto como sabedores de que unos millones desviados no implican latrocinio sino sólo esas goteras inevitables en la superestructura, fugas que no impactan en la moral del contribuyente por aquello de la nimiedad del prorrateo.

The Wolf-Belfort cultivaba un sólido sentido de pertenencia, el chip del clan, el corro de la opulencia: sus soldados se adherían a los tercios de Stratton Oakmont convencidos de iniciar una carrera hacia la cima del líquido y la propiedad bajo la única condición de la devoción extrema. Es otra pauta calcada aquí: los dirigentes son esclavos de sus jerarquías, de la idea suprema strattoniana, y harán lo necesario para seguir ahí hasta el fin de los días, interconectados a los demás círculos de la plutocracia.

Para cumplir el doble objetivo fundacional –fichar a pretorianos kamikazes y detraer dólares incautos, tanto más lo segundo cuanto más se afinase en lo primero–, Jordan el gurú se valía de su tremendo magnetismo comunicador: si él tenía un micrófono y usted estaba en la sala, si él agarraba el auricular y usted descolgaba al otro lado, acababa irremediablemente abducido y genuflexo. Cualquiera de los grandes banqueros hispanos es capaz de lograr el mismo efecto: Fainé, Fernández o Medel son –en sus respectivas ligas– divulgadores tan potentes como El Lobo. Lo extraño es que el responsable de la nave más intergaláctica y rutilante, don Emilio Botín, rompa esa norma. Pero los paralelismos eran hoy entre brujos fraudulentos de la acción y capitanes generales de lo público. Y ahí emerge de nuevo Susana Díaz, protagonista del lanzamiento al estrellato más espectacular de la España bajo mínimos, una maniobra que patrocina el PSOE con toda la furia del huérfano a punto de ser adoptado pero a la que se suman rivales, homólogos y hasta altos burócratas de la UE. Igual que Belfort, Díaz vende humo con más entrega incluso que su ejército de kamikazes a sueldo. Y el pueblo, sin muchas ganas de leer el prospecto, aplaude, aunque no tenga trabajo, la sanidad y la educación malfuncionen, el chiringuito instrumental de la Junta carbure más vitalista que nunca y el manto de la tutela se extienda por esta tierra como en los mejores regímenes totalitarios.

Halftime

Fede Durán | 6 de febrero de 2014 a las 20:33

EL PRESIDENTE BARACK OBAMA ASISTE AL DESAYUNO DE ORACIÓN NACIONAL

EL 21 de julio de 2010 Barack Obama aún personificaba el yes we can en una de las naciones con mayores desigualdades del mundo. Su sonrisa de nieve emitía destellos de esperanza y encerraba voluntades de acero. Ese día, Washington, verano plenamente operativo, el presidente de todos los estadounidenses mostraba al público la cabeza decapitada de Wall Street, limpiamente cercenada con la cuchilla del regreso a la regulación (ley Dodd-Frank) tras décadas de salvaje oeste americano.

Tan poderoso en apariencia, tan puro en sus propósitos de redistribución, Obama admitía, antes de firmarlo, que todavía le costaba creer que aquel proyecto hubiese llegado a sus manos. Pero lo hizo, y Scott Talbott estaba allí, con una sonrisa a medias, mascullando un premonitorio “halftime”. Talbott era cualquier cosa menos un cualquiera: era el lobbista en jefe de las cien entidades financieras más grandes de EEUU, y su trabajo consistía en debilitar la ley, en plagarla de tecnicismos y escapatorias para los mercados.

Vean cuál era el reparto de fuerzas. En 2012, las cinco mayores asociaciones de consumidores del país crearon una unidad de veinte personas cuya misión consistía en defender la norma de los tentáculos de gente como Talbott. La gente como Talbott era mucho más numerosa. La Cámara de Comercio de EEUU reclutó a 183 lobbistas, la Asociación de Banqueros Americanos fichó a 90, JP Morgan envió a 60, Goldman Sachs a 51 y Wells Fargo a 22. En total, 406 gotas malayas costeadas con 1.000 millones de dólares. Demasiada diferencia.

Tres años después, tal y como informa el investigador Gary Rivlin, apenas 148 de las 398 disposiciones de la ley Dodd-Frank han sido empaquetadas y están listas para funcionar. El resultado es que los mercados siguen cabalgando a pelo, melena al viento y paquete de Marlboro en el petate. Y si los mercados retozan desregulados, la brecha social crece y el 1% más rico aumenta su riqueza (no ha dejado de hacerlo desde la década de los 70) mientras los pobres se las ven tiesas para vendarse el dedo gordo del pie con coste a la Seguridad Social.

La tímida igualdad que Obama prometía –cuando Obama era un sueño equiparable al que soñó Martin Luther King– es imposible porque conseguirla no depende de él ni tampoco de ningún otro político en tanto tal. Un político, allá o aquí, ha de comprender y a menudo comprende que debe vasallaje a la instancia superior del dinero líquido (por invisible, no por disponible). Pero es que en esos barrizales los EEUU del 1% se mueven infinitamente mejor que cualquier otra minoría líquida en cualquier otro rincón del planeta, porque residiendo en democracia son capaces de pensar dictatorialmente. Es la plutocracia, estúpido, un sistema tan potente que, valiéndose de la propia ley, es capaz de deformarla hasta la inocuidad.

PD: Aquí tenemos a Montoro. Ya saben, los DNI de la Infanta, la multilla a Cemex, la amnistía fiscal de la que puede que se beneficiase Bárcenas. El mismo resultado con una cutrez muy superior.

El lobo era Wall Street

Fede Durán | 30 de enero de 2014 a las 20:07

THERESIENSTADT y Bergen-Belsen, igual que Krupp y Siemens, los Judenrat y hasta la Aliyah Bet acreditan suficientemente que el mercantilismo puede aplicarse, en su versión más pérfida, incluso al ser humano. Hitler, Himmler, Heydrich y Eichmann demuestran, en paralelo, que el hombre es un oso grizzly para el hombre (los einsatzgruppen, los camiones del gas, la nefanda Solución Final). La referencia a una de las cumbres históricas de esta reflexión no obsta el relato de sus versiones actuales, de una sofisticación notable y una invisibilidad sobresaliente. Además de los principales perpetradores del planeta, nosotros, los animales más inteligentes, el pompón de la escala evolutiva, seguimos siendo una mercancía.

Básicamente, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, pero esa travesía contra el tiempo subraya en rojo chillón la fase tres y en rojo mate las fases uno, dos y cuatro. Es cuando nos reproducimos (o cuando sin reproducirnos adaptamos nuestro estatus a la suma de experiencia y pujanza) cuando se multiplican nuestras necesidades, perfeccionando sin saberlo esa sofisticada e invisible condición de producto. Como tal, y ante la obligación de forrar el colchón de euros preventivos, reforzamos nuestras cadenas: con la nómina, con los bancos, con la familia.

Desde fuera, sin embargo, apenas somos tornillos anodinos en la inmensidad de la chatarrería. El dependiente nos utilizará en función de las preferencias del cliente porque su sueldo depende directamente de las ventas, que mantendrán viva la empresa, satisfarán al propietario (enredado en madejas superiores) y permitirán dibujarle flores y habanos al futuro del agente económico encastrado en primera línea. Scorsese podría rebautizar su última película más o menos así: El Lobo Era Wall Street.

La conciencia creciente de esa realidad enjaulada ha empujado a muchos a la emancipación jerárquica. Sé tu propio jefe, equilibra tus horarios, crea riqueza y cubre facturas sin devorar al compañero. Otros (a veces los mismos) han redefinido sus pautas de consumo, eliminando todo lo accesorio y cegando los escaparates más adictivos del capitalismo (tecnología). Se trata fundamentalmente de maniobras de distracción, porque nadie está a salvo al cien por cien de convertirse de nuevo en una salchicha: el emprendedor que sobreviva a la burocracia, la incompetencia administrativa, los reglamentos y la banca tendrá que vérselas con el comprador, y el comprador siempre exige condiciones. Siendo optimistas, el soldado instalado en el Himalaya del ascetismo vivirá ajeno a la tentación hasta que la tentación le encuentre en forma de herencia, fichaje profesional o golpe cualesquiera de suerte, y entonces trabajará para comprar (con mayor frenesí), comprará para mejorar, y mejorará –paradójicamente– para encadenarse más férreamente que nunca. La argolla de la pared será otro hombre, igual que la propia pared, el techo y las rejillas oxidadas. Pero esa prisión de carne y hueso es ya un ente independiente. No hay verdad más pavorosa.

España está seca

Fede Durán | 24 de enero de 2014 a las 12:52

ES difícil determinar cuándo comenzó la decadencia española. Desde la cima de Carlos V y Felipe II hasta el relativo desastre actual se han sucedido episodios de todos los colores. El tobogán mostró su silueta descendente aún con los Austrias: Felipe III y Felipe IV, sin ser malos reyes y aunque mandasen ya a través de sus validos (el duque de Lerma en un caso, el conde-duque de Olivares en el otro), asistieron en directo al paulatino repliegue territorial del Imperio, carne de desguace tras la Guerra de Sucesión y con la llegada de Felipe de Anjou y los mismos Borbones que hoy se marchitan pese a la muleta (vergonzosa) de PP y PSOE.

A España le pesó su obsesión con Flandes, la torpeza de los posteriores tratados de Utrecht y Rastatt y el tremendo error de Godoy (Carlos IV) al conceder a la Francia napoleónica derecho de paso con la excusa de Portugal. Gran Bretaña ingresó entonces en la pugna comercial por las Américas, cuyos virreinatos acabarían descoyuntándose desde la ocupación gala y pese a la Pepa.

Con el siglo XV y aun con otros errores imperdonables -la expulsión de judíos (1492) y moriscos (1609-13)- que socavaron su capital humano, el país presenció hasta ayer mismo el fulgor de decenas de cometas en todas las vitrinas del pensamiento: los nombres del Siglo de Oro y la concatenación de la triple generación (98, 14 y 27) en la cultura; los Menéndez (Pidal y Pelayo) en las humanidades; Mayans y Feijoo en la filosofía; Ortega y Azaña en la política; Ramón y Cajal, Marañón, Ochoa, Peral o Servet en las ciencias.

España es hoy una nación en crisis donde la investigación se exilia y las letras se extinguen veloz e irremisiblemente. Han muerto las ganas de mejorar por el secuestro totalitario de la clase política, enemiga de la sociedad civil en cuanto ente sin tutelas y en consecuencia precursora de un modelo caracterizado por lo contrario. Esa casta ha fallado en lo esencial: ni ha gobernado con ética ni ha planeado con ambición. ¡Si hasta O’Donnell tenía visión de país! Una vez alcanzadas las cuotas más altas de bienestar, parece como si en adelante debiera regir la inercia.

Han transcurrido seis años (2008-2013) desde el fin de las vacas gordas y ninguna de las realidades que dependen del Estado se ha transformado a mejor. Más triste todavía: a la insultante falta de imaginación del equipo de Rajoy (subidas de impuestos, recortes de derechos) se suma la presidenta andaluza, convencida de que la construcción (sí, otra vez la construcción) es el camino hacia la redención. Coloquen junto a esa dorada gallina rediviva el filón del turismo y tendrán la misma foto de siempre pero con mucha más precariedad. Al contrario que Madrid, la Junta defiende aquí no el darwinismo del búscate la vida sino la naturaleza asistencial -casi humanitaria- de la Administración, trasladando un mensajeagitprop de conformismo y decrepitud que se superpone al secular problema de la política española, que no es otro que la miopía, producto a su vez de una indisimulada vocación gremial.

Cuéntame un cuento

Fede Durán | 24 de enero de 2014 a las 12:49

LA sección economista del Gobierno insiste, año tras año, en vendernos la burra con una coreografía que recuerda a las piruetas voluntaristas de otra sección economista de otro Gobierno, el del nefando Zapatero. Rajoy viaja a mediados de enero a la Casa Blanca para enmarcar la que será una de sus instantáneas favoritas de todos los tiempos, y para blindar el porte y ensanchar esa extraña sonrisa de fraggle tendrá que estrecharle la mano a Obama con argumentos. Por eso hablará de 2014 como el -enésimo- ejercicio de la recuperación.

En una suerte de mentalismo moderadamente colectivo, las presuntas élites intelectuales de Mariano (menudo oxímoron) tratan de doblar con voluntad la cuchara de la realidad macro: donde el paro crece, ellos ven menos paro; donde el déficit corroe, ellos adivinan contención del gasto; donde las exportaciones comienzan a languidecer por la relación euro-dólar, ellos hablan de reconquista ilimitada; donde el contribuyente boquea desesperado, ellos, la banda del vaticinio fundado, explican que no existe otra fórmula.

Para ser verdaderamente honesto, Rajoy debería explicarle a Obama -ya que Obama le importa obviamente más que sus sufridos administrados- los subterfugios que siempre encierra un anuncio rimbombante. Independientemente de que se destruya empleo y de que las cuentas públicas no cuadren ni con un calzador creativo forjado en Goldman Sachs, el fondo del asunto es éste: España sigue empobreciéndose. Apenas un 3% de los contribuyentes ganó más que en 2012. Lo de importar el minijob desde Alemania era una broma porque aquí ya tenemos el cutrejob. El empleador ha aprovechado la coyuntura para pagar mucho menos y ahorrarse la negociación que normalmente implicaba hacerse con un buen talento. Crecen las familias con todos sus miembros en paro y crece paralelamente, como una pieza de ballet torpemente ejecutada, la vena asistencial (casi humanitaria) de conglomerados como la Junta de Andalucía, ducha en las artes publicitarias pero absolutamente nula en su ejecución, en una ejecución sensata y hábil que asemeje a esta región antes con el norte que con la banana.

No, España no va bien cuando el cuarto poder del periodismo vive medio muerto, cuando compañías cotizadas practican una política de recursos humanos que ya habría firmado Stalin, cuando en la clase política ni se atisban ni se esperan inteligencia y humanismo (rara combinación hoy por más que fuese una característica, europea antes que española, siglos atrás).

Podría entenderse el culto al porcentaje si el porcentaje indicase de veras la recuperación que Rajoy le venderá a Obama. Pero nos hemos quedado con lo malo de las matemáticas sin lo bueno de la filosofía. Los números son fríos, nacen congelados, pues su destino no son las almas sino las pantallas de los ordenadores, los dossieres ministeriales y los crucigramas de los inversores. Tras esa cosmética antiedad hay un país en franca pájara, sin imaginación, sin grandeza.