Despensa Cowboys

Fede Durán | 27 de diciembre de 2013 a las 10:48

UN ejército de 2.000 voluntarios, sexagenarios en el mejor de los casos, pilota los movimientos del coloso desconocido. Se llama Banco de Alimentos, y tiene manos de hierro y pies de acero, corazón de carbono y cerebro de coltán. Nuestro gigante, nuestro oso pardo tiene cero de peripuesto y mucho de contracultural: en un país tan ajeno a las virtudes encapsuladas en la vejez, ellos, los operarios inveterados, procedentes de todos los campos profesionales, con experiencias de treinta o cuarenta años en el zurrón, aplican sus conocimientos a alimentar la belleza de un propósito que es factible aquí y en cualquier otro rincón del planeta, si el planeta funcionase bajo el principio modesto (en sacrificios) pero supereficaz (en resultados) de la solidaridad: combatir el hambre.

Europa tira a la basura cada año 98 millones de toneladas de alimentos. Cada español, unos 70 kilos. Son los costurones de un sistema basado en las sobras estructurales, en la nula culpabilidad que aquella acción provoca en los consumidores y, quizás, en una lista de la compra inflacionista: no se adquiere lo que se necesita sino lo que rellena ostentosamente el frigorífico. Al otro extremo de esa realidad social se sitúan esos desharrapados a los que The New York Times fotografió (con ciertas pinceladas de amarillismo) en torno a los contenedores de Madrid. Y aquí entra en juego el Banco (curioso nombre para tan altruista entidad), una especie de muro de contención, un punto medio entre el derroche inconsciente y la necesidad más desesperada. En 2013 habrá repartido más de 100 millones de kilos de comida. Ninguna otra nación europea se aproxima a ese registro.

Así que a la sorpresa del microcosmos gerontocrático hay que añadir la naturaleza solidaria de los españoles, momificados en tantos otros aspectos de la esfera social. Las Administraciones Públicas apenas aportan medios a las 55 entidades que forman el oso pardo alimentario. Es un asunto privado, de donaciones particulares y empresariales, de gestores que ceden hangares y furgonetas y que además lo hacen con mayor intensidad conforme la crisis (esa crisis que el Gobierno considera si no zanjada sí al menos enfriada) se recrudece y engorda las listas del paro y los desahuciados.

Pero hay una tercera realidad, tal vez la más heterodoxa de este sorprendente triángulo virtuoso. El banco-oso-coloso no juega al vicio de las etiquetas: se define como apolítico y aconfesional y rechaza las donaciones con etiquetas: ni PSOE ni PP, ni IU ni la Iglesia católica ni los Adventistas del Séptimo Día. Es la única forma de garantizar su independencia y de que su voz imponga respeto cuando un grupo de periodistas descubre, en un acto organizado por el PP gaditano el 19 de diciembre, que los zumos que se les ofrecen proceden justo de sus despensas. La mezquindad política (y humana) apesta todavía más cuando contrasta con la pureza de estos Space Cowboys. Lástima que su misión no sea colonizar los yermos corazones de nuestros viscosos líderes.

Etiquetas:

Rime, Tequila Works, el videojuego

Fede Durán | 26 de diciembre de 2013 a las 11:09

Raúl Rubio nació en Tudela en 1976. Es el director creativo de Tequila Works, compañía española que prepara una de las joyas de la corona de la nueva PS4: Rime. El título está inspirado en “la luz del Meditterráneo” y la pintura de Sorolla, De Chirico o Dalí. En realidad, la trama y los mecanismos son un enigma. Habrá exploración y acertijos, pero también aflorarán sentimientos poco asociados en general a estas máquinas del entretenimiento. Ls referencias, al menos visuales, son Zelda, ICO, Journey e incluso, por las animaciones, Prince of Persia.

-España vivió su edad de oro del videojuego en los años 80. Dinamic, Opera Soft o Topo Soft eran marcas de éxito mundial. ¿Por qué quebró esa etapa?

-Cuando eclosiona el software español surgen un montón de compañías con el formato conocido como dos amigos en un dormitorio: en dos semanas tenías un juego. Luego aparecieron estudios de una escala más profesional. Pero cada cinco u ocho años se cambia de plataforma. En este caso se pasó de los 8 a los 16 bits, de Spectrum y Amstrad a Atari, Amiga, Supernintendo y Megadrive. El cambio de filosofía fue brutal. España había sido una potencia con Spectrum porque había encontrado la gracia de la plataforma y logró una influencia internacional.

-Y ese campo se secó.

-Los estudios españoles fueron desapareciendo porque se centraron en crear grandes títulos para las plataformas anteriores, a lo que hay que añadir el problema eterno de la piratería, con tasas de más del 90%. Por mucho que se bajasen los precios, no se podía competir con el gratis. No fue hasta los 90, con la aparición de Pyro Studios, cuando se renueva la sangre. Su primer éxito fue Commandos, con un impacto internacional tremendo. Tenían unos medios inusitados para la época: equipos de más de 100 personas. Aquel juego costó un millón de euros y vendió más de un millón de copias. Pyro ha sido la escuela de formación de muchísimos desarrolladores. Quien no estuvo en Pyro estuvo en Mercury. Ambos fueron ejemplos de que aquí podían hacerse juegos triple A.

-¿Y ahora?

-Antes del iPhone ya se hacían juegos en formato flash. Esa democratización de las herramientas te permite ser de nuevo un creador de dormitorio, y con precios equivalentes a un chicle. Los creadores llegan al consumidor sin problemas de logística, sin tener que fabricar cajas. Eso ha vuelto a dar un revolcón a la industria. Ahora tenemos en España más estudios de pequeño y medio tamaño que nunca.

-¿Mejora la protección contra el pirata conforme crece la tecnología?

-Es una carrera armamentística infinita que empezó cuando alguien decidió guardar el grano en un granero y otro pensó que era buena idea entrar de noche a coger ese grano y el otro puso un candado y el otro descubrió que la barra rompía el candado y el otro puso una cerradura y el otro inventó la ganzúa y así hasta hoy. Ninguna medida de protección es para siempre, pero los creadores de contenidos se han ido adaptando. ¿Cómo puedes ofrecer algo que sea mejor que gratis? Se trata de decirle a la gente: mira, esta experiencia de usuario es mucho más directa y gratificante, y tú quieres pagar porque te compensa. Apple fue muy inteligente. No es que su sistema de seguridad sea inviolable, es que si tienes un iPhone o iPad y te metes en la tienda, ves algo que te gusta, le das al botón y ya lo tienes. Es transparente, nadie tiene que hacer nada.

-¿Va a desaparecer el formato físico?

-No queremos fastidiar al coleccionista sino que la gente tenga acceso directo, que sea imposible que vayas a una tienda y ya no esté el juego. El pionero en esto, como siempre, es el PC, campo sin puertas, pero hay una compañía llamada Valve que diseña un sistema, Steam, con unas especificaciones marcadas que permiten a cualquier fabricante hacer esa máquina. Ellos sacan un mando para que haya un interfaz unificado y un sistema operativo basado en Linux, que es código abierto. Lo primero que han hecho es decir: hackers del mundo, hackeadlo. Están intentando reinventar el mercado.

-Ese proyecto podría acabar con las consolas.

-No. Esto es como los dinosaurios, no se extinguen, simplemente evolucionan y se convierten en pájaros. Las consolas ya han iniciado sus transiciones con las tiendas virtuales, pero han ido un poco más allá. Sony hace propuestas únicas y diferentes para esta generación: ya no distinguen entre juegos de caja o descargables, sólo quieren buenos juegos. El soporte físico acabará desapareciendo porque será inútil. Podrás descargarte los juegos o jugar en streaming, tal y como haces cuando ves un vídeo de Youtube. Cosas como el reproductor de discos se volverán obsoletas y su desaparición abaratará costes. Al tratarse además de juegos que ya no están tallados en piedra sino en la nube, puedes modificarlos en tiempo real, cambiar las reglas, evolucionarlos y corregir los fallos.

-¿Mengua la magia del videojuego conforme crece el espectáculo?

-Todo arte, cuando evoluciona y pierde la frescura de la sorpresa inicial, provoca que haya gente que viva de la nostalgia. Hubo quien defendía el cine mudo porque entendía que el sonido perjudicaba la calidad de la experiencia. Lo mismo ocurrió con el color o las tres dimensiones. Son mejoras técnicas que no hacen mejor o peor la experiencia, la diversifican. Los videojuegos empezaron basándose en conceptos como respuesta, reflejos, adicción, peligro, entretenimiento, juguetes… y los juguetes son la herramienta más poderosa que ha creado la humanidad porque definen lo que serán los adultos del mañana. Los videojuegos están en sus años 30 del siglo XX, es una industria adolescente. Y estamos pasando de crear experiencias de instintos básicos como el miedo o el humor a que el autor se pregunte qué quiere expresar y qué quiere que la gente sienta. Cuantos más recursos tenga, más lejos intentará llegar el creador. La contrapartida es que cuantos más medios tienes menor es el papel de la imaginación.

España contra Cataluña (III): la reinvención

Fede Durán | 22 de diciembre de 2013 a las 19:15

Una conclusión empírica separaba por defecto a la Cataluña política, de natural protestón, de su sociedad civil: la tensión demandante del nacionalismo era una cosa y el afecto (o el sentimiento de pertenencia, o las identidades corales) otra. Esa sociedad mediterránea sintetizada en la figura del botiguer representaba la cultura del pacto en contraposición a la vehemencia, por ejemplo, del movimiento identitario vasco. Donde aquellos tenían al federalista Almirall, éstos oponían al secesionista Arana. Donde unos exhibían un frente proconstitucionalista (el Pacto Democrático por Cataluña), los otros (PNV) propugnaban la abstención en la votación de la Carta Magna de 1978. Si Terra Lliure duró 13 años y nunca gozó del favor popular, ETA enraizaría sólidamente en diferentes trenzas de la hidra vasca y todavía hoy existe con respiración asistida.

El “motor del sur de Europa” ha votado tres estatutos. El de Núria (1931) cosechó un respaldo casi estalinista (99,45% de síes) con una participación cercana al 75%; el de Sau (1980) perdió adhesiones (88,15%) y poder de convocatoria (59,7%); y el del Tripartito I (2006, sin bautismo geográfico) se desinfló sin contemplaciones, tal y como avala el porcentaje asociado al evento: apenas un tercio largo del electorado depositó la papeleta afirmativa. Resulta sorprendente que en ese prolijo e intervencionista texto descanse la semilla de la discordia, como llamativo es, igualmente, que en la trastienda de aquellos tiempos parpadeen los cuatro nombres clave del momento actual: José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Pasqual Maragall y Artur Mas, cuatro presidentes de distinto rango.

Zapatero se rebeló como el tonto útil de un Maragall a su vez estafado por Mas, hábilmente colocado en la foto final del acuerdo Estado-Cataluña pese a que la reforma estatutaria partió del PSC y contó con la notable aportación de ERC. Rajoy hizo el resto trasladando el asunto al Tribunal Constitucional, que aplicó la podadora en 2010 y dio alas al discurso de la afrenta. Desde entonces nadie estuvo cómodo. A la sonrisa bovina de ZP sucedió el laissez faire mariano. Ambos son tal vez los peores presidentes de la democracia, y han empalmado sus mandatos. A la ambición inicial de un Maragall finalmente decepcionado prosiguió el iluminado mandato popular de un Mas parecido antes a tenebrosas figuras de la Historia continental que a aplaudidos libertadores del pensamiento y las naciones.

Quizás la atribución de responsabilidades no tenga demasiado sentido si se atiende al fin último del nacionalismo, perfectamente expresado hace unos años por Duran Lleida ante la pregunta del millón: ¿Cuándo se acaba el discurso de la reivindicación? “Nunca. No se acaba nunca”. En realidad, Duran se equivocaba porque la meta definitiva supera con creces el discurso tradicional de CiU. Las exigencias terminan con la independencia. Políticamente, ya no hay vuelta atrás. Ni el concierto económico, inasumible para el resto del país atendiendo al peso de Cataluña en el PIB, ni la ampliación del techo competencial saciarán una sed que no está sólo en los despachos. Uno de los pulmones catalanes y parte del otro viven hoy enamorados de una idea a la que confían su redención monetaria y su eclosión tribal.

Es difícil medir las pulsiones de un país, calibrar el consenso en torno a la secesión y registrar el grado de frialdad con que el maremoto social abraza el caramelo del adiós. Reina allende el Ebro la sensación de que el president Mas ha roto involuntariamente con la virtud más sagrada del pater patriae Pujol: escapismo desde Barcelona pero estadismo desde Madrid, siempre con el aristotélico resultado del equilibrio entre los suspiros y el pragmatismo. CiU no puede recular porque ha invocado al Leviatán, una criatura tan colosal que apenas necesita tutelas.

Diseccionémosla brevemente: basa su entidad en cierto optimismo infantil y en una llamativa ausencia de autocrítica. Las corruptelas secularmente fraguadas en los fogones de la Generalitat, o más exactamente en las entrañas de la coalición hegemónica, se han volatilizado de la memoria colectiva ante las dimensiones de la empresa nacional. Pujol es el padre (tal y como demostró el caso Banca Catalana), Mas el hijo y CiU el espíritu santo. Son intocables. Pertenecen al santoral. El nuevo catalán independentista confía en un horizonte limpio e ilimitado donde no caben ni la expulsión de la UE ni la prolija letra pequeña derivada: aranceles, restricción de movimientos, huida del sector privado o efecto boicot a sus productos. Cuando se vayan, si se van, tendrán que lidiar con un sentimiento novedoso: aprender a vivir sin culpar de sus males a los demás. Y ni con ésas. Inevitablemente, la deseuropeización sería a sus ojos una maniobra ladina del pérfido Estado español. Al folletín le quedan cientos de episodios.

El proceso adolece en Cataluña de carencias que no se observan en la carrera paralela de Escocia, donde la consulta nace del acuerdo entre la parte y el todo y donde, además, se ha hecho un esfuerzo pedagógico por tasar, con criterios más o menos objetivos, las consecuencias del divorcio (El Libro Blanco de la Independencia: 670 páginas). Por contraste, aquí ni siquiera se conocen las balanzas fiscales, criaturas más cercanas al parecer a Tolkien que a la ciencia contable. La Generalitat ha optado por recrudecer la vía del alunizaje, y para muestra los botones del polémico y victimista simposio España contra Cataluña: una mirada histórica celebrado la semana pasada, el rol proselitista seguido hasta hace poco por La Vanguardia desde sus púlpitos de opinión, la escasísima repercusión de las voces discordantes en TV3, Catalunya Ràdio y los otros satélites del pesebre público, o el balbuceo acomplejado que el discurso maximalista provoca en la derecha no catalanista (PP) y el socialismo nacionalista (PSC).

Sostenía Ortega y Gasset que el problema catalán era sólo cuestión de cincuenta años de administración honrada, aunque sin aclarar a qué administrador se refería. Como ambos, el estatal y el autonómico, han fallado largamente en la gestión, vale más retomar las dos Españas y el corazón helado de Machado. Y aquí entra en juego una incertidumbre de carácter: conocemos al catalán pactista pero no al catalán rebelde. La referencia contemporánea es el Plan Ibarretxe, un órdago que acabó en nada, convirtiendo al vasco guerrero en vasco razonable en virtud del sencillo y universal principio de legalidad. Sería paradójico que el catalán del siglo XXI haga el camino a la inversa.

Ocurra lo que ocurra, los temblores septentrionales se dejan notar en la Meseta, generando un interesante y a veces tenebroso movimiento de fichas. El Gobierno del PP, fiel a su minimalismo expresivo, ha abandonado sin embargo la abulia. No habrá referéndum, Artur Mas convocará elecciones plebiscitarias y Cataluña entrará de hecho en una fase de redundancias al necesitar que la previsible mayoría en favor de la independencia moldee algún tipo de acción superior (de nuevo la consulta; de nuevo la movilización). Entretanto, el bloque ministerial tendrá que tirar de flema, con Pedro Morenés (Defensa), Jorge Fernández Díaz (Interior) y Alberto Ruiz-Gallardón (Justicia) a la cabeza. Una escena tan grotesca como legal (la prohibición de la consulta por la fuerza; el encarcelamiento de Mas; la suspensión de la Autonomía) santificaría la causa secesionista.

La trama cuenta asimismo con un ingrediente andaluz. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, embarcada en una intensa campaña de autopromoción y aclamada por el PSOE más desnortado y mediocre que se recuerda, reclama su cuota de protagonismo invocando una fórmula descatalogada. Hacer las cataluñas para catequizar a los refractarios es actualmente inútil porque: 1) el millón de andaluces que emigró lleva tiempo integrado en todas las tipologías del voto, incluido el prístino independentismo de Esquerra. 2) La Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña (Fecac), ya sin el eterno y bastante oscuro Francisco García Prieto al frente, no luce ni una cuarta parte del peso que sí tenía bajo el pujolismo. 3) El PSC atraviesa su peor racha desde el inicio de la democracia: las encuestas le aproximan cada día más a la intrascendencia política, por debajo en intención de voto de CiU, ERC e incluso Ciutadans y a la altura del PP e ICV.

Thomas Pynchon creó en Vineland un hermoso matrimonio de palabras, los crujidos estructurales, perfecto fresco del porvenir español si Cataluña logra su objetivo. El País Vasco más abertzale desde el nacimiento de ETA en los años sesenta observa plácidamente la evolución del conflicto con la esperanza de poder aprovechar el trabajo de desgaste de ese otro nacionalismo que nunca ha sido ni primo ni hermano. Para Rajoy, imaginar la ruptura territorial quizás sea una memez, pero no hay que subestimar los quiebros de la Historia. Es probable que Hungría nunca pensase antes de Trianón que perdería Transilvania. Si Cataluña se marcha, España estaría escribiendo su epílogo por la magnitud del efecto llamada: Navarra, Baleares, Valencia y Galicia son imitadoras potenciales. Incluso si sólo se marcha Cataluña, el edificio quedaría destartalado: ¿alguien se imagina a la Comunidad de Madrid asumiendo en solitario el grueso del principio de igualdad (solidaridad suena más chusco aunque sea más cierto)?

Por su propia complejidad, Europa asiste al espectáculo reservándose una opinión oficial. Cataluña, más que Escocia, será el modelo exportable e inspirador. Y, si cuaja lo que Mas llama, no sin elevadas dosis de mesianismo, el mandato del pueblo, habrá otro efecto dominó, esta vez internacional e intracomunitario: Francia, Italia, Bélgica, Reino Unido (por Irlanda del Norte) e incluso Alemania cargan con sus propias dosis de centrifuguismo. La paradoja sería endiablada y estaría muy alejada de las tesis que Bruselas maneja en la actualidad: la UE tendría que elegir entre cortar el ingreso al club comunitario a esos nuevos miniestados o facilitar su permanencia para no acabar padeciendo la misma deconstrucción a la que España parece predestinada.

La Constitución de 1978 está clínicamente muerta, y no sólo por el modelo territorial. Definir qué cirugía requiere para alargar su esperanza de vida y cuántas alternativas reales a la secesión se ofrecen desde el Estado será en los próximos dos o tres años la tarea de los estadistas con que España desgraciadamente no cuenta. Ningún marco jurídico es intocable ni inmortal. Se vea como chantajista, romántico, ultrajante o sencillamente posibilista, el neoindependentismo catalán coloca al país ante la obligación de reinventarse. Si se pulsa el botón del Estado asimétrico, habrá ganado una o dos décadas de paz (recuerden la frase de Duran). Si se toca el de la despedida (el mutuo acuerdo existe: Checoslovaquia es un ejemplo), España asumirá por primera vez el fracaso de su propia idea y un descenso de categoría: sin Cataluña, será una nación más pobre. En todos los sentidos.

La lonja y la frustración

Fede Durán | 20 de diciembre de 2013 a las 8:00

NOVEDADES en la enésima temporada de la serie política más gris de la historia, El Clan de la Austeridad. Mariano Rajoy, presidente de España y actor secundario, advierte que los crujidos coyunturales de la economía patria ya no se deben a un problema de gastos sino de ingresos, abriendo así la ominosa puerta a esa acción cien veces negada en campaña electoral pero felinamente ejecutada nada más rozar las sábanas de palacio: otra subida de impuestos que mermaría hasta extremos casi suicidas ya la capacidad (y las ganas) de consumo de familias y empresitas (la ordinariez de una fiscalidad abusiva nunca afecta a las grandes fortunas).

Rajoy es un personaje nebuloso, habituado a comparecer tras la celosía, como en un confesionario, aunque al otro lado no aguarde un cura sino el pueblo. Las suyas son siempre palabras de polonio, vienen ataviadas del veneno de la pobreza, de la desarticulación del Estado del bienestar, pero como habla despacio y habla sereno, y como además apela a la seriedad, el rigor y algunos otros atributos supuestamente valorados por el votante español, la llana chusma lo digiere todo, un palo más, unos euros menos, la hebilla perforando superficies antes vírgenes del cinturón de plástico, los restos del contenedor como única luz al final del final del túnel.

Afirmar que la parte del crucigrama que depende del gasto está resuelta es rigurosamente falso, en cualquier caso. El Gobierno prometió una reforma de la Administración central que apenas se ha cobrado piezas de entomólogo; proclamó a la vez la eliminación de un tercio de los concejales; y anticipó menos trabas para que los negocios se conviertan en algo parecido a lo que Brad Pitt concluía en Mátalos Suavemente: Estados Unidos no es un ideal, es una lonja. ¿Cómo puede estar alicatada esa pared del dispendio cuando España acaba de regalar a la banca 36.000 millones que en realidad tendrían que haberse transmutado en implacable préstamo con fechas de devolución e intereses? La burda, la tonta chusma.

Tampoco han funcionado esas privatizaciones mitológicas que el PP oponía por sistema al presuntamente inevitable derroche público: Valencia está en bancarrota y Madrid parece (ahora algo menos) un muladar, adquiriendo el conjunto ibérico esa tonalidad crepuscular que los más sensibles achacan a la muerte del espíritu, al vencimiento del tabique que contenía a duras penas esa sospecha que todos llevamos dentro: EEUU será una lonja, de acuerdo, pero España es simplemente una frustración.

Tal sensación concuerda con el paisaje suburbial colindante igual que las agujas del reloj a las doce. Vivir a contracorriente exige al ciudadano contrapensante dosis furiosas de energía y optimismo, cierta ceguera deliberada, paciencia maciza de mil quilates y un relevo de conceptos ciertamente humillante: colocar en la repisa donde brillaba la esperanza la tosca figurilla del azar. España jamás mejorará por iniciativa propia sino por el empuje y la inercia de fuerzas ajenas.

RIP España

Fede Durán | 19 de diciembre de 2013 a las 17:37

Institucionalmente, España es una vergüenza. Y además está podrida, como los maderos de un pecio. Veamos.

Cataluña significará el final de sus fronteras y, quizás, un proceso aún más amplio de desintegración que podría afectar incluso a la misma UE, cuyos microcosmos nacionales son parecidos al español.

Mientras la sociedad civil siga muerta, el poder político más incapaz del primer Occidente seguirá mintiendo, robando y malgestionando: una consecuencia hipervisible es la monstruosa factura de la luz. O los innumerables casos de corrupción. O el ejercicio del cargo desde ópticas siempre patrimonialistas.

La banca ha duplicado su beneficio hasta septiembre después de recibir 36.000 millones con cargo al contribuyente y pese a los desahucios, las preferentes y otra serie de abusos mayores y menores.

El paisaje que pisamos cada día se resiente: hay menos dinero para lo básico, y eso implica deterioro, basura, inseguridad y tajos a todo aquello que el político considera accesorio (la cultura, la sanidad, la educación). España regresa a los 80 peligrosamente rápido.

El periodismo vive conectado a la máquina. Los editores se han apuntado sin pestañear a la precariedad, exigiendo mucho más por bastante menos. El contrapoder que toda democracia exige muere lenta pero inexorablemente.

Hay un círculo cerrado de favores que envenena cualquier esperanza de regeneración: bancos, administraciones públicas, grandes corporaciones y partidos respiran el mismo aire.

No existe un solo líder con suficiente visión de Estado, generosidad ideológica y valentía como para revertir la situación. En España manda Rajoy, y antes lo hizo Zapatero: son quizás los dos peores presidentes de la democracia. Y eso mismo sucede en Andalucía: Susana Díaz es el paradigma de la mediocridad elevada al trono (discursos diseñados en los fogones de la cantera, vacíos y demagogos). Y fue una apuesta de Griñán, que se ha retratado como otro enorme fiasco.

Nadie en este país ha aprendido a pensar a largo plazo.

La mala educación es una constante, y parece más motivo de orgullo que de reproche. Prueben a afearle alguna conducta a un desconocido. Arriesgarán su integridad física.

Evocar la I+D debería estar penado con la cárcel. España es alérgica a ese concepto.

Analicen los puestos de mando en la Junta, en muchísimas empresas de aquí y allá, en las instituciones del Estado, en la Justicia y en determinados ámbitos de la cultura, el deporte y la ciencia. ¿Cuándo priman la capacidad y el mérito sobre el amiguismo y el carné?

España es el país de la envidia, la puñalada y el desprecio al heterodoxo.

La morosidad de las Administraciones Públicas con los particulares sigue siendo una constante y destroza la economía nacional.

En estas circunstancias, lo raro es que sigamos existiendo. Que nos sigamos creyendo que este proyecto es factible. Y que los de arriba sigan saliendo tranquilamente a cenar, a disponer y a contar estupideces, miles de estupideces más que el cuerpo mórbido y fofo del país deglutirá sin una protestita siquiera.

Andalucía, la bici y el PP

Fede Durán | 17 de diciembre de 2013 a las 8:00

La meta: universalizar el uso de la bicicleta en diez ciudades –Sevilla, Málaga, Cádiz, Huelva, Córdoba, Granada, Jaén, Almería, Jerez y Algeciras, todas en manos del PP– añadiendo a los 908,7 kilómetros de carril bici actuales (ciudades más áreas metropolitanas) otros 1.064,34. También habría 3.080 kilómetros de carriles regionales, mayoritariamente existentes ya (2.625 kilómetros), sobre vías pecuarias y caminos rurales [ver gráfico].

La musa: El Plan Andaluz de la Bicicleta (PAB) se fija en Sevilla: 138 kilómetros urbanos; 105,8 metropolitanos. Cuarta mejor urbe del planeta para los ciclistas según el Índice de Copenhague, prestigioso barómetro de la movilidad sostenible. 72.000 desplazamientos diarios. 27.151 barriles de petróleo ahorrados al año. 8.000 toneladas menos de emisiones de CO2. Treinta millones de inversión; 770.000 euros en gastos de conservación.

El dinero: A) La Consejería de Fomento y Vivienda (IU) estima que el despliegue íntegro del PAB supondría un desembolso de 402 millones en seis años (hasta 2020). La Junta asume el 75% de la inversión en las redes urbanas y los ayuntamientos el 25% restante más los costes de mantenimiento. En 2013, Fomento consignó en los Presupuestos 10 millones para el carril bici que se elevan a 18 en 2014. B) Los itinerarios de futuro podrían beneficiarse del Programa 2014-2020 de la UE para políticas de integración de la movilidad urbana, dotado con 6.000 millones. Aquí el departamento que dirige Elena Cortés saca pecho: no se trata únicamente de que Sevilla goce de cierto prestigio en la pasarela internacional sino del posicionamiento de Andalucía en España (ninguna otra CCAA cuenta con algo parecido al PAB), Europa (pertenece a la Federación Europea de Ciclistas) y el mundo (participó en Velo-City 2013, un ciclo de conferencias con 1.400 delegados de todos los continentes).

El problema: ninguna de las diez ciudades implicadas ha firmado convenio alguno con Fomento hasta la fecha. El periodo de alegaciones concluyó el pasado 26 de septiembre y ya se trabaja en la redacción definitiva del PAB. El grupo del PP en el Parlamento andaluz remitió a la Consejería 22 folios de críticas, consideraciones y sugerencias, entre ellas “la ausencia de una planificación económica para la ejecución de las actuaciones previstas”; los recortes permanentes de las partidas presupuestarias destinadas a infraestructuras del transporte (con una caída del 67,2% desde 2009); las paralizaciones o reprogramaciones de obras públicas; “la inexistencia de conexiones por vías ciclistas de importantes ciudades del litoral de Andalucía y de núcleos de población de gran importancia turística”; la necesidad de profundizar en la “convivencia ciclista-peatón”; la ausencia de un “desarrollo del apartado de sistemas de bicicleta pública”; o la “ausencia de convenios con la Administración central en materia de actuaciones, en cuanto puedan afectar a viarios de titularidad estatal”.

[El silencio de varios ayuntamientos durante los dos meses del periodo de alegaciones (Sevilla, Málaga, Cádiz, Huelva, Jerez y Algeciras no dijeron ni mu) contrasta con las exigencias que han planteado a posteriori: unas son prácticas (cambios de trazado) y otras filosóficas (tal ciudad no está hecha para el carril bici, la salud del peatón peligra, etc). Cada caso marcha a su ritmo. En Jerez, por ejemplo, la Junta ha aceptado todos los retoques del Gobierno municipal. En la provincia de Sevilla ha dado el sí a la conexión Dos Hermanas-La Palmera. También ha habido gestos conciliadores en Huelva, Almería y Córdoba].

El efecto en la cartera: Con un 10% de desplazamientos diarios en bici y una media de 6 kilómetros recorridos, Fomento estima que el uso del transporte público caería un 38%, el del coche un 30% y el de la moto otro 4%. Se evitarían unas 709 toneladas de CO2 al día [el precio medio de los derechos de emisión de dióxido de carbono se sitúa en 11,47 euros por tonelada emitida: el ahorro económico sería de unos 2 millones de euros]. Se economizarían 40 millones de litros de combustible al año. Andalucía importaría 350.000 barriles de crudo menos.

El efecto en la salud: Disminuirían las enfermedades coronarias, cardiovasculares y cancerosas (especialmente el cáncer de colon). Aplicando los criterios de la OMS, Andalucía salvaría en gastos sanitarios 144,4 millones de media durante los próximos cinco años. En total (cartera + salud), el beneficio/ahorro sería de 413 millones cada ejercicio. La pelota está en el tejado del PP. Aun a costa del mito del coche como símbolo de un aceptable estatus social, debería pensárselo. Triple B: Bueno, bonito y barato.

Coda (algunos criterios técnicos para homogeneizar el carril bici): La ciudad andaluza suele ser un embrollo por el tráfico, su caótico despliegue urbanístico y la escasa disponibilidad espacial. La Consejería incluye en el PAB un puñado de recomendaciones para uniformar criterios entre los ayuntamientos que decidan sumarse. Ejemplos: evitar los cruces continuos a uno y otro lado de la calzada; abortar pendientes elevadas; crear vías suficientemente anchas, ganando espacio preferentemente a la calzada; dar espacio suficiente para el peatón en las aceras; descartar la eliminación de árboles; pavimentar adecuadamente; y convertir en ciclocalles algunos tramos de los cascos históricos.

El mito de Sabino Arana

Fede Durán | 15 de diciembre de 2013 a las 12:43

Nadie mejor que Jon Juaristi (Bilbao, 1951) para definir a Jon Juaristi: “Mi evolución es similar a la de otros muchos de mi generación. Gente que fue nacionalista por tradición familiar, que estuvo en ETA en los años 60, en los 70 en la extrema izquierda, en los 80 fue socialdemócrata y finalmente derivó a un liberalismo convencional. Soy conservador pero no de una derecha extrema, y no volveré a militar en ningún otro partido político”. El Bucle Melancólico (1998) fue su obra maestra: una puerta abierta a las entrañas del nacionalismo.
-Historia Mínima del País Vasco (Turner, 2013), su último libro, tiene un objetivo primordial: desmontar los mitos del nacionalismo.  
-Los mitos del nacionalismo son relativamente recientes. Ha habido toda una fase anterior de producción que viene de finales de la Edad Media, que es cuando se inventa la identidad vasca. A partir del siglo XVI se empieza a hablar de una comunidad que en teoría pertenece a España pero que a la vez está segregada. Se crea ese mito de los vascos como los más auténticos españoles, los primeros pobladores de España, los únicos descendientes no mezclados. Don Julio Caro Baroja hablaba de una especie de racismo igualitarista. El mito fundamental es que los vascos son el ingrediente esencial de la España primitiva.
-¿Y los mitos secundarios?
-Está el mito de que en el País Vasco nunca entraron los romanos, los vascos como pueblo conservado en su pureza prístina. Que fueron los primeros cristianos entre los españoles, pero no porque nadie los hubiese evangelizado sino porque descubrieron espontáneamente el cristianismo. Toda una serie de mitos que se articulan en torno a la idea de que los vascos serían los más españoles por ser los primeros españoles. El nacionalismo vasco cuando aparece cuenta exactamente lo contrario: que los vascos no tienen ni han tenido nunca nada que ver con España. Se pasa de un extremo al opuesto. Todavía hoy las dos visiones míticas permanecen.
-Afirma que el País Vasco ejerció muchos años de vagina de España.
-La frase no es mía sino de Jornades, que era un obispo ostrogodo que escribió en su momento una crónica de los godos y que hablaba de Escandinavia como una gran vagina de la que habían surgido todos los pueblos germánicos. Lo característico de la historia vasca, en el antiguo régimen por lo menos, es que se trata de un país que bombea hacia fuera a la mayoría de su población, porque es muy pequeño, pobre de recursos y además tiene un sistema de transmisión de la propiedad troncal, la propiedad indivisa: todos los que no sean los mayorazgos tienen que irse. Y eso se acaba plasmando en que no hay español o hispanoamericano que no tenga uno o varios apellidos vascos y antepasados vascos a porrillo. Los nacidos en el País Vasco murieron fuera del País Vasco a lo largo de bastantes siglos.
-En América tuvieron un papel capital.
-Contribuyeron a la construcción del Imperio como conquistadores y como misioneros, virreyes, obispos… el primer obispo de Nueva España es Juan de Zumárraga; el fundador de Buenos Aires, Juan de Garay. Los navegantes y exploradores están llenos de nombres vascos: Elcano, Legazpi, Urdaneta. Francisco de Vitoria era jurista de las Indias. Los vascos emigraban hacia Castilla y las Indias como hidalgos y  limpios de sangre, por tanto tenían un acceso bastante más fácil a los puestos burocráticos.
-Sabino Arana es un enigma: pasó por dos estadios ideológicos opuestos.
-Era hijo de un carlista bastante importante de Vizcaya, y en 1888 se decantó por los integristas, que eran los carlistas sin Rey, los que apostaban exclusivamente por la parte religiosa del carlismo. España se ha vuelto liberal, la España del carlismo está identificada con el rey, y como el rey es un liberal, Sabino Arana decide que él no es España puesto que no es liberal. Y va a la pequeña patria, a la patria de campanario. No pensaba en una Euskadi independiente sino en una Vizcaya independiente. Su nacionalismo era extremadamente localista. No fue un hombre de grandes luces, sus giros ideológicos y políticos al final de su vida, lo de la creación de una Liga de Vascos Españolistas, es una forma de ajustar cuentas con su propio partido, el PNV, que lo había orillado.
-¿Hubo retroalimentación con Cataluña?
-Son dos procesos totalmente diferentes que coinciden en el tiempo y tienen en común que son un producto de la crisis del Estado liberal. El origen es muy diverso: en el nacionalismo vasco es el carlismo y en el catalán el federalismo. Almirall era un federalista y un señor de izquierdas mientras que Sabino Arana era un integrista. Y no hubo una simpatía mutua. A Sabino no le caían bien los nacionalistas catalanes porque decía que eran parte integrante de España. España era un todo que estaba en contra del País Vasco, y sólo admitía dos entidades políticas, España y lo que él llamaba Vizcaya y por extensión las provincias vascas. Para él la pretensión de independencia catalana era absurda porque los consideraba tan españoles como los que más.
-Los maketos.
-Él llamaba Maketania a España. Maketania viene de maketo, que al parecer es un término que empezó a utilizarse en las montañas de Santander. En Bilbao se utilizaba para referirse a los forasteros.
-¿Cuándo empieza a existir el País Vasco con las hechuras de ahora?
-Es un término del siglo XIX. De las Vascongadas comienza a hablarse en el XVIII, pero eran tres provincias diferentes; hasta la reforma de Javier de Burgos en 1834 no forman una región. Se las conocía como las provincias exentas porque eran las que no pagaban impuestos y porque estaban aforadas.
-¿Cuál es el origen de esos privilegios?
-Eran privilegios medievales perfectamente equiparables a los que existían en cualquier otra parte de España. Pero en el País Vasco se conservan mientras que en el resto del país fueron desapareciendo.

El financiero ateo

Fede Durán | 14 de diciembre de 2013 a las 8:00

TENEMOS expertos financieros casi en cada esquina sectorial: en las administraciones públicas, obviamente en los bancos, en las empresas de corte serio, las universidades, los think tanks y hasta las redacciones de los periódicos. Unos avizoran desde Madrid, otros desde Fráncfort, muchos desde Londres, Hong Kong o Shanghai, la mayoría desde Manhattan. Orgánicamente no hay menos variedad: menudean en el Banco de España, en la Reserva Federal, en el FMI, el BCE, la OCDE y el Banco Mundial. Las escuelas de negocios los encumbran con el pedigrí de un buen estipendio, los reporteros afinan el oído ante sus doctas afirmaciones, la sociedad contiene la respiración frente a sus vaticinios, acrónimos y tasaciones porcentuales del porvenir. Un financiero es al capitalismo lo que un misionero a la religión: la herramienta que traslada y difunde el mensaje.

Pero en el capitalismo, como en la religión o el comunismo, también hay mensajeros ateos, esos que descubren un día que contribuyeron a edificar o perpetuar una mentira pero deciden seguir con el cuento por pereza, vergüenza, poder o dinero. No existe otra explicación para justificar que entre tanto culto al superávit, al recorte de la deuda pública o a la disciplina fiscal en general, a estos expertos se les escape un cálculo básico y significativo: ¿Cuánto cuesta el bipartidismo? O, circunscribiéndolo a España, ¿cuánto cuesta la permanente deconstrucción y posterior renovación legislativa a que PP y PSOE nos tienen habituados? O, extrapolando la pregunta al universo financiero: ¿A cuánto asciende el déficit asociado a la irresponsabilidad política, el sectarismo y la ideología?

Porque unos crean instituciones que los otros luego entierran (salvo que puedan colocar a los suyos, en tal caso la institución es válida); o diseñan abstrusos modelos educativos condenados a la derogación; o revisan el aborto, el derecho de reunión, los límites de velocidad en autopistas y autovías, o hasta dónde alcanza la protección del litoral frente a ese urbanismo salvaje del que tanto beben y comen. Porque las primas a las renovables mutan igual que la prestación por desempleo, la gestión de los hospitales, las tasas judiciales, los requisitos para crear una empresa, los impuestos, la jurisprudencia teledirigida, los aeropuertos y los auditorios y las ciudades de las ciencias, la música, las letras y los higos chumbos [la mención a los equipamientos no es gratuita: la mutación en tal caso consiste no tanto en un cambio de usos sino en el desuso sin inauguración, tal y como acreditan diversas obras magnas de la geografía nacional democráticamente repartidas por CCAA].

El financiero ateo no se molesta en medir esos flujos esquizofrénicos. Va a los totales, a los superporcentajes que encierran nubes negras o ríos perlados; habla de inflación y balanzas comerciales y Producto Interior Bruto y prima de riesgo y cotizaciones bursátiles y contabilidad y resultados antes y después de Hacienda. Tasar el despilfarro es de románticos. Y aquí manda el nihilismo.

España contra Cataluña (II)

Fede Durán | 13 de diciembre de 2013 a las 8:00

El problema del nacionalismo catalán es que ha endurecido tanto el mensaje que apelar ahora a la concordia chirría. Su concepto del entendimiento no es ni remotamente parecido al que maneja el Gobierno: se basa en que el Estado acepte transferir a la comunidad autónoma la competencia para convocar un referéndum cuyo objetivo es la independencia. Es lógico que las fuerzas centrípetas sonrían con malicia y aclaren que tal concesión jamás tendrá lugar. Pero entre la posición maximalista sostenida por CiU e ERC y el inmovilismo mesetario caben soluciones intermedias. O eso llevan diciéndonos una buena temporada.

Es mentira. El nacionalismo digerirá cualquier concesión como una victoria parcial, básicamente porque nunca antes ha tenido tan clara la meta de la secesión. Y quien quiere lo más desprecia lo menos. El federalismo que patrocinan PSOE y PSC no se entiende demasiado: ¿No es ya España un país federal? ¿Qué son las CCAA sino miniestados?

La Cataluña identitaria ha trabajado bien la propaganda, desde la escuela pero también desde los medios afines, que han sido muchos y no sólo públicos. Y el eslogan ha calado. Hablamos ya de una realidad que está en la sociedad, así que tampoco tiene demasiado sentido tratar de refutar su origen. Sólo cabe una vía: autorizar la consulta. En tal caso, las dudas son otras. ¿Qué ocurre si se impone el no? ¿Estarían los promotores del sí dispuestos a aceptar el resultado o volverían a la carga en diez o quince años, cuando se hubiesen amontonado suficientes nuevos agravios? ¿Cómo se replantearía una Cataluña fuera del sistema internacional (UE, OTAN), una Cataluña sin culpables a los que endosar todos los defectos de su futuro? Y, si gana el sí, ¿quién y en qué medida garantizará los derechos de esa minoría mayoritaria que previsiblemente florecerá en torno a statu quo?

Que sólo quepa una vía no significa que vaya a materializarse. Porque Rajoy entiende que existe otra consistente en no hacer nada o, llegado el caso, hacer demasiado. Recuerden la frase de Pedro Morenés, ministro de Defensa, cuando la cosa catalana comenzaba a tomar cuerpo. “El Ejército está muy tranquilo”. Salvo para los miopes, encerraba una nítida amenaza a la que se han unido acciones recientes contra la línea de flotación de la democracia española: la muy discutible ley de seguridad o la reforma del Código Penal son pavorosos ejemplos. Parece como si el Gobierno se estuviera pertrechando.

Escribía Goethe que toda separación significativa genera un átomo de demencia. Esa separación ya se ha producido, al menos espiritualmente, y el átomo de demencia es en realidad todo un sistema solar. Sin darse cuenta, España está reeditando su historia, su destino, su mal hado, el de un país asfixiado bajo el yugo de las dictaduras durante medio siglo XX, licenciado en la autodestrucción y absolutamente adicto al maniqueísmo.

España contra Cataluña (el simposio)

Fede Durán | 10 de diciembre de 2013 a las 18:29

El formidable colocón del nacionalismo catalán prolonga sus efectos y se adentra en terrenos donde más que la polémica reina el ridículo. Optar por la independencia, o por una pseudoindependencia opaca y bipolar en el caso de CiU, obliga a forzar discursos, romper convivencias y caminar sobre el fango que Pujol siempre evitó en beneficio del todo y de su bolsillo. El último tiro al aire, el más revelador de la xenofobia ideológica que impregna este tipo de discursos quejumbrosos y reivindicativos (más lo primero que lo segundo), es el simposio España contra Cataluña, organizado por el historiador Jaume Sobrequés bajo la atenta supervisión de la Consejería de la Presidencia. Sobrequés habla sin ambages de “represión”, “realidades objetivas y rigurosas” y vocación “científica y académica”, presuponiendo que la Historia es en sí misma una verdad siempre que coincida con los intereses del bando ofendido, claro, e insultando a los ofensores (en realidad los verdaderos ofendidos) al llamarlos “opinadores sin credenciales”.

Para que ustedes mismos puedan juzgar hasta dónde llegan la objetividad, el escrúpulo y el rigor de Sobrequés y sus historiadores, politólogos y sociólogos de parte, les traduzco el prólogo del simposio, que también pueden consultar en catalán si lo desean.

“Con motivo de la conmemoración del 300 aniversario de la caída de la ciudad de Barcelona en manos de las tropas de Felipe V, el Centro de Historia Contemporánea (Consejería de Presidencia, Generalitat de Cataluña) y la Sociedad Catalana de Estudios Históricos (Instituto de Estudios Catalanes) convocan el simposio España contra Cataluña: una visión histórica (1714-2014). El objetivo es analizar con criterios históricos, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, las consecuencias que ha tenido para el país la acción política, casi siempre de carácter represivo, del Estado español en relación con Cataluña. El análisis tendrá un carácter transversal desde el punto de vista temático, cronológico y disciplinario, con la participación de historiadores, economistas, sociólogos y lingüistas. Los diversos ponentes analizarán las condiciones de la opresión nacional que ha sufrido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos, los cuales han impedido el pleno desarrollo político, social, cultural y económico”.

“Durante estos tres días (12, 13 y 14 de diciembre de 2013), el simposio incidirá en los efectos de la represión institucional, política y administrativa a lo largo de los siglos XVIII, XIX, XX y XXI, y destacará, también en este aspecto, la represión militar y la presencia de 300 años de españolismo en Cataluña. La represión económica y social también subrayará el hecho migratorio y la acción de la Iglesia catalana. Otro ámbito de actuación constante del Estado español es la represión lingüística y cultural. Aquí, se incidirá, además, en la falsificación de la historia, la represión sobre los medios de comunicación y la españolización del mundo educativo. La represión en el campo del derecho, los exilios que han surcado nuestra historia y las referencias al País Valenciano y las Islas Baleares centrarán, así mismo, la atención de este simposio”.

A continuación añado los títulos de algunas de las conferencias incluidas en el programa.

-La represión militar: el Ejército sobre el país.

-El hecho inmigrante, ¿factor de desnacionalización?

-La apoteosis del expolio: siglo XXI.

-La falsificación de la historia.

-La españolización del mundo educativo.

-Destruir la lengua, destruir la nación: la represión lingüística.

-La uniformización legislativa española contra el derecho propio catalán.

-La economía catalana y el coste de las desigualdades españolas.

-Exiliados de todos los colores: siglo XIX.

-El exilio como desertización nacional: siglo XX.

-Contra el alma de un pueblo: la represión cultural.