Culebrón G-20 (II parte)

Fede Durán | 11 de noviembre de 2008 a las 19:21

Perdonen que me ponga tan tiquismiquis, pero es que no acabo de enterarme. Al final Francia nos presta una silla en la cumbre de Washigton (es decir, técnica y literalmente vamos de prestados), Zapatero disfruta de esa triple sesión fotográfica prevista por los organizadores (que no son curiosamente los ministerios de Economía de los países convocados sino los de Exteriores), cuelga un retrato de familia en Moncloa y supongo que le limpia las botas (con tacón) a Sarko para agradecerle el favor. ¿Por qué vamos? ¿Ahora sí somos los octavos del universo? ¿No éramos anteayer los duodécimos? Bueno, vale, estaremos ahí y no hay mucho más que añadir.

Quiero suponer que la relevancia de la presencia española, más que en los ojos de su líder o en el ya fiambre modelo ladrillescoespeculador, está en la robustez, siempre presunta, de nuestro sistema financiero, es decir, de nuestros banqueros… aunque no sé por qué uso un posesivo cuando estos tíos son en verdad dueños del destino de todo hijo de vecino.

¿Van a decidir algo? Miren la agenda y obtendrán la respuesta: dos sesiones de hora y media, tres horas para darle al capitalismo un lavado de cara que ni la madre que lo parió… Menudo farol de supercumbre comparada con la de Bretton Woods, que tampoco es que fuera la repanocha pero al menos garantizó el porvenir yanqui durante décadas. Bueno, a lo que iba: ¿Qué pinta España? Es decir, ¿nos convidan una vez a comer canapés y no se nos vuelve a ver el pelo o este apaño encierra vocación de permanencia? ¿Renombrarán al G-20 G-21? ¿O al G-8 G-9? ¿Estamos hablando de economía o de una partida al Hundir La Flota?

Me intriga también esta repentina amabilidad gabacha. ¿Pero estos señores no han procurado siempre que han podido darnos por delante y por detrás? ¿Se trata de un guiño sarkozyano a la sangre medio hispana de la bella y valiente Cecilia? No, si al final va a resultar que ZP se parece al estadista campeón que cree ser. Después de la Eurocopa me creo lo que sea.

¿Se lo van a cargar?

Fede Durán | 10 de noviembre de 2008 a las 17:29

Es una apuesta al alza, desde luego. Obama será asesinado antes o después. Seguirá el camino mártir de Lincoln (1865), Garfield (1881; no confundir con el gato), McKinley (1901) y Kennedy (1963). A los EEUU le van los magnicidios (otros nueve presidentes se salvaron por los pelos), así que habrá que tener cuidado. Si Obama desaparece, me da que el país ardería por los cuatro costados. Muchos entenderían el drama en términos estrictamente raciales, y ello sería nefasto para una superpotencia que necesita centrarse urgentemente en rescatar su economía del lodo.

Me pongo en la piel de Barack y me acongojo. Sé que quien nace para servir al pueblo (luego la vocación se estropea, pero dejemos por hoy el asunto) está genéticamente preparado para soportar enormes presiones. Presiones políticas y mediáticas; escándalos falsos o ciertos; desgaste familiar por el ritmo diplomático… pero, ¿y la muerte? ¿Se puede convivir con esa amenaza permanente, con la intimidad que roban los escoltas, con el aire que cortan las limusinas blindadas? ¿Es saludable mear siempre acompañado, dormir siempre vigilado?

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El mundo al revés

Fede Durán | 7 de noviembre de 2008 a las 13:27

¿Y si hubiera vencido McCain? Se habrían sucedido frases como “un negro no podía ganar”, “EEUU es un país de racistas”, “ya te lo dije” o “el fin del mundo está más cerca”. Zapatero habría aparcado sus sueños de hermandad y sus ganas de retrato bilateral aguijonado por el fantasma de Bush. Rusia se ataría los machos (más aún), China enredaría hasta escalar posiciones en el potenciómetro mundial e Iraq reforzaría su impresión de casa okupada. La economía se iría al garete, que suena mejor que carajo, y un montón de especialistas insistirían en que eso de controlar las libertades del mercado es socialista y hasta rojo. Pallin se consagraría como perfecta sustituta de George W: Diana de las chanzas mediáticas con el exquisito añadido de su belleza ajena a los años y los hijos. El mismo George W. sería reintroducido lenta y calculadamente en la sociedad para restaurar su legado político. Acabaría ofreciendo una conferencia en Sevilla por apenas dos millones de euros, importe que el Ayuntamiento pagaría gustosamente aunque sólo fuera por el aura que envolvería por unas horas la ciudad. Cuando la cosa estuviera fatal con España, Aznar, remolón y desganado, descolgaría su teléfono rojigualdo y marcaría el prefijo White House. Se plantaría en Washington helicóptero mediante, estamparía sus piernas de mediofondista en la mesaza de John y le ofrecería un habano (sí, un habano ilegal pero sabrosísimo) cuyas volutas sellarían el compromiso de acercamiento o tolerancia al Gobierno ZP. Disfrutaríamos con las capacidades geográficas del nuevo gabinete norteamericano, padeceríamos los vaivenes de la salud presidencial (McCain es más viejo que zorro) y rezaríamos por la aceleración del tiempo y el advenimiento de 2012, elecciones presidenciales, segunda oportunidad demócrata.

Voy a parar ahora mismo. De tanto imaginar, se me está cortando el cuerpo.

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Obama

Fede Durán | 5 de noviembre de 2008 a las 13:10

Ganó quien casi todo el mundo quería. Lloró Jesse Jackson. El mundo se subió a un escenario en blanco y negro (nunca mejor dicho) y el viejo Biden y su aún más viejecita madre abrazaron al nuevo tótem, al líder perfecto hasta que la práctica matice los sueños teóricos. Nadie gritó Ohio! en esta redacción, apenas trascendió un Gol! marginal, aislado, propio del alma atlética. Zapatero dio una rueda de prensa para valorar el futuro del Imperio y sus satélites. Zapatero fantaseó (se le notaba) con la foto que le negó Bush y que seguro el nuevo le ofrecerá. Zapatero piensa que tienen mucho en común, que serán amiguetes, que cambiarán el mundo hombro con hombro y cetro con cetro.

Se contagió la euforia, una alegría tan inmensa como abstracta, sin raíces ni razones. Obama no gobernará en España aunque nos acepte en su foto de familia. Seguirá siendo un hombre de los EEUU, pensará en sí mismo y en los suyos (quizás por este orden), cederá parcialmente a los lobbies, a la prensa, al pensamiento políticamente correcto, a la conducta que la masa espera.

Reseñaremos las decepciones cuando lleguen. Ahora toca disfrutar de ese placer ajeno. Un mulato en la Casa Blanca, el antídoto contra los maniqueos, la estética del color contra las paredes encaladas. Obama es mejor que Bush. No hace falta que empiece para saberlo. En eso sí ganamos todos. Y bravo por los USA: en tiempos de crisis, han aparcado sus prejuicios para elegir el talento. Aprenderemos algún día a imitarles también en esto.

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¿Debemos estar en la cumbre del G-20?

Fede Durán | 29 de octubre de 2008 a las 14:13

Venga, me atrevo, he leído (in)suficiente como para aventurarme a emitir un diagnóstico amateur. Zapatero, el Rey y hasta el PP lo han subrayado con un puntito de énfasis histérico: España debe estar el 15 de noviembre en Washington. ¿Qué pasará allí? Se supone que los superlíderes planetarios (el G-20) refundarán el capitalismo. La agenda es demasiado ambiciosa dada la acreditada ineficacia de las estructuras internacionales. Recuperen de la hemeroteca el penúltimo artículo del exquisito Enric González y saquen conclusiones. Pueden añadirles las de este cronista, menos sólidas, por supuesto (Enric es Enric).

Veamos. Hay una doble vertiente. Está la economía, esa ciencia de la que todo el mundo lee sin entender demasiado (salven de la quema a Paul Krugman, recientísimo nobel que hace del texto comprensible una obligación aunque hable de subprimes). Los indicacores varían en función de la estadística utilizada, pero los analistas coinciden en que España estaría más o menos situada entre las 12 naciones más ricas del mundo. Lo de quitarle la silla a Canadá en el G-8 estaría pues complicado. La idea de ZP es más bien ampliar el abanico. Lo corroboran The Economist y el Financial Times: debemos estar aun gracias a esa pirueta expansiva. Para que no se note demasiado que se trata de satisfacer un capricho narcisista, añadan al paquete a China, India y Brasil. Ya tenemos un G-12 en condiciones (no parece importar que la UE represente a los países ausentes en ese foro; la foto, amigos, la foto). Una reflexión antes de pasar a la pata política: en este enrevesado ámbito de las macrocifras la creatividad es apabullante y hasta digna de admiración. Todo es posible según la lente utilizada. España es el tercer país por inversiones en el extranjero (el primero en Iberoamérica); el séptimo en envergadura de su sector financiero; cuenta con el mayor banco por capitalización bursátil de la zona euro (cómo te queremos, Santander)… pero también lidera estadísticas más profanas: somos los menos ahorradores, los que menos hijos tienen, los que más contaminan con el coche por abusar de él en trayectos cortos (*datos aportados en su columna por Rosa Montero; disculpen que anoche sólo leyera El País; créanme si les digo que varío aunque no lo parezca).

Pata política. Zapatero acusa a Aznar del papel secundario español. No aprovechó las Azores o el rancho tejano de Bush para incrustarse en el club de los más pudientes. La alternativa del G-20 carece de sentido y desprestigia porque España no es un país emergente sino emergido. El problema de la colosal tarea diplomática que el presidente se ha autoimpuesto es la precipitación. Apenas hay tiempo para enmendar en unas semanas lo que se aparcó durante lustros. Sumen al atolondramiento la cambiante línea exterior del Gobierno, donde las instantáneas con los buenos oficiales (Sarkozy, Merkel, Brown) se combinan con postales indigestas para el imperio y algún que otro satélite (Evo, Chávez, Correa)… Añadan además aquel gesto innecesario de Zapatero cuando pasó la bandera de las barras y estrellas y decidió no levantarse. No olviden que la cumbre la monta Bush. Y Bush, por idiota que sea o parezca, no creo que olvide fácilmente una afrenta que de paso toca los corazones de cualquier otro compatriota con intereses o atenciones en España. Por si aquello hubiera muerto, ahí están Pepiño Blanco y Miguel Sebastián para mantener y alargar el discurso desafiante. Nos empeñamos en juzgar a los estadounidenses sin molestarnos en desmenuzar sus propios códigos sentimentales. Mi opinión, tan valiosa como una mota de polvo mancillando el diamante de la corona real de Isabel II, es que no deberíamos estar porque:

  1. Quien piense que esos tíos refundarán el capitalismo conserva dosis de inocencia más propias de la infancia (lo cual a veces no deja de ser positivo).
  2. España NO es el gigante que cree ser (lo comprobamos ya en nuestras carnes: tras el ladrillismo toca buscar otras fuentes de riqueza; hasta que lo logremos, vamos a sufrir de lo lindo, y no hablo sólo de la estadística).
  3. España tampoco sabe venderse como marca política internacional (Francia o Inglaterra habrían hecho maravillas para colarnos aquello del enlace exclusivo de Europa con las Américas, por ejemplo).
  4. Tras el objetivo subyace la megalomanía de ZP, adicto a los gestos huecos.

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El peso de una firma

Fede Durán | 23 de octubre de 2008 a las 13:21

Al lector lo definen sus gustos, a su vez condicionados por las señas que firman la información. Poco a poco, con los años, nos aficionamos a determinados periodistas por cuestiones de estilo o filosofía. Al final, el diario se convierte en una ciudad de calles bien conocidas por las que pasear con el café o la cerveza sabatina. El matiz de la procedencia profesional es importante aunque no afecte al común de los mortales sino a este gremio tan enrevesado y venenoso: si te formaste en El País es lógico que muchas de tus referencias estén impresas en sus páginas.

He seleccionado sobre la marcha 11 nombres del panorama nacional por los que profeso una admiración incondicional. Lo bonito sería que también participen ustedes y que entre todos configuremos una especie de dream team. Sé que participar es a veces pesado. He escuchado a amigos profundamente preparados admitir que no se animan por miedo al nivel general del blog. Destierren ese complejo injustificado. Cada opinión vale oro. Y esto no es un concurso literario.

De la escuela catalana me quedo con varios tipos espectaculares. La política es cosa de Enric Juliana (La Vanguardia), un tipo sin miedo a los enfoques transversales o a salirse del tiesto de cuando en cuando con análisis en apariencia algo más heterodoxos de lo habitual pero también más lúcidos que el promedio. A Juliana se le lee y se le comprende. Su perspectiva, siempre a caballo entre Madrid y Barcelona, enriquece a ambos presuntos bandos. La batalla judicial corresponde a José María Brunet, compañero del anterior. Su mérito consiste en hacer digerible una materia frecuentemente encriptada para el común de los mortales. Siempre he dicho que con Brunet es fácil seguir los laberínticos pasillos del Constitucional o el CGPJ. ¿Qué decir de Enric González? Ahora anda desdibujado en las páginas finales de El País (televisión), pero este tipo ha sido un 4×4: política nacional e internacional, economía, Vaticano, deportes (memorables sus Historias del Calcio; memorables sus libritos sobre Nueva York y Londres). Estrictamente habría que añadir al grupo a Miguel Ángel Bastenier, nacido en Barcelona aunque criado (creo) en Madrid. Fue uno de mis profesores en el master y con él disfruté por defecto. Te obligaba a estar en guardia 24 horas al día. Tanteaba tus conocimientos. Te premiaba o censuraba en función de tus méritos. Y sobre todo te hacía recobrar la ilusión que perdías en otras guerras y con otros maestros de este oficio menos optimistas (con fundamento, desde luego). Bastenier es un experto en política internacional y más concretamente en Iberoamérica. Algún retumban en mi cráneo algunas de sus afiladas sentencias sobre aquel mundo de contrastes, caciques y democracias irregulares.

Deportes es sinónimo de Santiago Segurola. Lo controla (casi) todo y todo lo narra bien: no sólo el sempiterno fútbol sino disciplinas más marginales en España como el atletismo, la natación o el baloncesto norteamericano (tanto profesional como universitario). Nos lo desterraron de El País pero lo acogió Marca, desde donde sabiamente le permiten explayarse, contactar con los lectores cada semana y repasar momentos épicos de la historia deportiva. Mítico, y cruelmente remoto, aquel tándem NBA con Andrés Montes (nunca debiste cambiar la canasta por la portería, amigo; tu voz equivale a un mate). Tampoco defrauda Orfeo Suárez (El Mundo), un buen director de orquesta y un mejor entrevistador cuyo único pero es que no explote sus facultades más allá del planeta fútbol.

A pesar de que Juan Cervera habita en el submundo cultural de Rockdelux, su aportación es meritoria y amena. Es una enciclopedia musical, lógico, pero también literaria. No sé hasta que punto su mano alumbra el producto global de la revista; el resultado es en cualquier caso extraordinario por ecléctico y visual: todo cabe en la esfera del placer sensorial, desde Roika Traoré hasta Chris Ware pasando por David Cronenberg. Permítanme un guiño (otro) al pasado: ¿Recuerdan al fenecido Ángel Fernández-Santos? Sus críticas cinematográficas eran el gran aliciente para adquirir los viernes el periódico y marchar directamente a una sección ignorada el resto de la semana.

No me olvido de Soledad Gallego-Díaz, nuestra analista más anglosajona (en términos periodísticos, anglosajón equivale a excelencia), Pablo Ordaz, alias El Hombre Reportaje (aunque su seguimiento del juicio del 11-M me decepcionara a veces por el sesgo editorialista) o Rafael Ramos, corresponsal de La Vanguardia en Londres que te obliga a rescatar el sueño de unas largas vacaciones en la isla para recuperar los instintos perdidos.

Les toca. Mójense.

Garzón el narcisista

Fede Durán | 20 de octubre de 2008 a las 13:01

¿Cómo catalogar a Garzón? Cuando era algo más joven, sus simbólicas y muy mediáticas empresas me parecían empapadas de romanticismo. Menudo juez audaz, pensaba. Nadie estaba a salvo de su lupa escrutadora, por lejos que anduviera. Era el azote de las dictaduras, el puente entre el pasado injusto y el reparador presente. Las cosas han cambiado, como cambian siempre, y de las visiones cándidas he pasado a la sospecha. Había antecedentes: este hombre de espalda ancha al que casi siempre acompaña un guardaespaldas lo intentó con el PSOE. La cosa no cuajó, quizás porque le dieron poco o porque pidió demasiado, y él mismo entendió que la política no podía acomodarle como el mazo y la toga. Desde el estrado de la Audiencia Nacional, Garzón brilla porque quiere. La suya, sin embargo, es una luz a menudo artificial, inflamada si quieren, y ese haz desprende histrionismo más que sensatez.

Es cierto que España está creando una escuela de jueces narcisistas. Recuerden el sombrero a lo cocodrilo Dundee de Gómez-Bermúdez (y sus indiscretas memorias posteriores sobre el 11-M); las apariciones estelares de Grande-Marlaska en territorio comanche (herriko tabernas previamente acordonadas por gorilas de uniforme y paisano) o el protagonismo que adquieren por habilidad o demérito los señores Tirado, Gómez de Liaño o Pedraz. Garzón está en la cúspide. Nadie consta tanto. El precio de su fama es una actividad febril aun a costa de la inexistencia de la causa perseguida. Porque para mí el Franquismo está más que muerto aunque algunos de sus cadáveres ideológicos sobrevivan o se arrastren; a pesar de los vergonzosos bautismos de algunas de nuestras calles, etc… Pedir el certificado del fallecimiento del dictador me parece (y verdaderamente suena) ridículo… ¿Mola, Sanjurjo? Una tila, amigo Baltasar, y tal vez una cura de humildad. Por una vez le daré la razón al PP en la medida en que su frase se adapta bien a la realidad: aquella época la enterraron (casi) todos los españoles de (casi) todos los rincones. Una cosa son las fosas, el desagravio de las familias que odian que sus huesos pudieran parecer anónimos; otra bien distinta abrir un proceso contra meros fantasmas.

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Reuniones

Fede Durán | 14 de octubre de 2008 a las 20:15

¿De qué sirven realmente las reuniones? Todos las hemos sufrido en el trabajo y me temo que con idénticas sensaciones: sí, hay una mesa redonda que se llena progresivamente, un considerable desfile de personalidades de variado pelaje y una cháchara deslavazada donde extraer conclusiones o sellar acuerdos son tareas difíciles de conciliar con los egos en liza. Zapatero y Rajoy han quedado para hablar de economía en el incomparable marco monclovita, pero ambos traían de casa sus ideas y no estaban dispuestos a enmendarlas o alargarlas. Imagino la escena: uno en un extremo con sus asesores (que se supone entran por la puerta trasera porque nunca se les ve en la foto a pie de escalinata) y el otro igualmente pertrechado en el extremo opuesto. Un montón de papeles. Algún pin del partido subrepticiamente deslizado a la otra orilla con la esperanza de que la víctima despierte empapada en el sudor de los malos sueños y cualquier otro detalle picante que el lector bloguero decida aportar…

Zapatero ya lo había decidido todo antes de recibir a Rajoy. Es lo que tiene ser líder: haces más o menos lo que te place y luego exiges compromiso patriótico a la oposición, suficientemente cabreada por no mandar como para encima tragarse sapos sin deshuesar. El caso es que Rajoy picó y se presentó. Ahí lo tienen, fotaza de media sonrisa, apretón de manos y para dentro que hay que trabajar. Insisto: me corroe la curiosidad de la conversación. Se dicen tantas barbaridades en tantísimas ocasiones que luego debe ser bonito observarles en la quietud de la intimidad sin cámaras ni focos.

He leído distintas teorías sobre los motivos por los que ZP ha apostado por esta cita. 1. Para vender su sempiterno y ya sumamente inverosímil talante dialogante. 2. Para retratar al PP, seguramente alérgico a sentarse en una mesa con el guión predeterminado. 3. Para pedir una tregua basada en el delicado momento financiero-económico.

La opción 1 ha fracasado no sólo porque no se la cree Rajoy sino porque no se la cree nadie medianamente equidistante. La opción 2 tampoco ha colado. Y la 3 es demasiado facilona, exige al PP una candidez demasiado estúpida. Así que nada de nada. Se han visto y se han largado con la mismas caras sonriente (ZP) y larga (Rajoy). La hemeroteca recogerá sin embargo el encuentro, algún periodista despistado lo citará en el futuro casi como un hito y las memorias de ambos dirigentes se referirán al episodio con perspectivas tan antagónicas que el lector colegirá de inmediato que se trata de asuntos desconectados.

Nosotros volveremos a nuestras propias reuniones, mascaremos trocitos de folio para aplacar la frustración de la ineficacia colectiva y consultaremos puntualmente el reloj, descontando minutos hasta la media hora pactada.

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Frases épicas de una sección

Fede Durán | 9 de octubre de 2008 a las 20:47

Lo bonito de trabajar en un periódico es que el fragor de la batalla enciende la imaginación y calienta la boca. Es así como se expulsan los nervios, con un continuo intercambio de frases más o menos afortunadas pero cargadas todas ellas de un puntito liberador y también agónico. El redactor escribe pero también escupe, y ambas son disciplinas que domina. Con el expreso consentimiento de todos los integrantes de las secciones de Nacional e Internacional de este grupo, y siempre bajo alias herméticos y brillantemente escogidos por su naturaleza descriptiva, selecciono a continuación algunas de las citas almacenadas a lo largo y ancho del año. Una aclaración: las alusiones entrecomilladas entre protagonistas respetarán los códigos de privacidad consensuados. Otra: lo que leerán a continuación es puramente humorístico y en ningún caso pretende ofender a nadie.

Mosca Cojonera a Kamikozi después de una broma: “No es un guiño, es un jódete”.

Mosca Cojonera minutos después: “Lo dije desde el cariño”.

Scarlett con ligera entonación musical: “Obama, colócanos, Obama colócanos”.

Mosca Cojonera con indisimulado arrobo: “Merengai es para achucharlo y no soltarlo”.

Enjuto en un arranque de autocrítica: “Me estoy convirtiendo en uno de esos loros que sólo saben dar por saco [las palabras malsonantes se sustituyen por otras light, entiendan nuestros escrúpulos]”.

Scarlett en un pasaje íntimo: “Tengo dos perros: uno es gay y la otra es una mujer que va a su bola como todas”.

Enjuto casi a diario emulando al célebre Mapashito: “Vacía tu vaso y ponle un yellow, piarpa… échale agua y tendrás un frenadol”.

Mosca Cojonera describiendo sus pautas cotidianas: “Yo soy más de morder”.

Kamikozi segundos después: “A ver lo que vas a morder”.

Merengai demostrando su bello espíritu: “Los militares son majos”.

Kamikozi en un arranque de hostilidad: “Repetid conmigo: ¡Que te zurzan!”

Mosca Cojonera describe sus dificultades con el aire acondicionado: “Tengo frilor [nota aclarativa: frilor es la mezcla de frío y calor]”.

Kamikozi descubriendo el sistema de descansos de la empresa: “Ah, pero, ¿no son seis chupetines por trimestre?”

Kamikozi alarmado: “El mariposismo se dispara”.

Perro Flaco muestra su rusofilia: “San Petersburgo está lleno de Sharapovas por todos lados”.

Enjuto abrumado: “No puedo cogérselo a todo el mundo a la vez”.

Mosca Cojonera advierte al escribano: “No apuntes eso, es de Primero de Insultos”.

Mosca Cojonera se reconcilia con Kamikozi: “Ése no es un guiño de jódete sino de gracias”.

Es palante que vamos saca conclusiones equivocadas: “Merengai parece un tipo responsable y serio”.

Merengai hace sus pinitos como periodista deportivo: “El Madrid fichará a Villa o el Kun y a Cesc”.

Enjuto alienta la confusión: “Venga… te la meto”.

Kamikozi, admirado con su entorno social: “Estoy rodeado de gente extra ordinaria”.

El Fondo Kati

Fede Durán | 7 de octubre de 2008 a las 20:08

Que venimos de mil sitios y en consecuencia de ninguna parte es obvio. Que la riqueza de este país es su diversidad, también. Recomiendo a los nacionalistas más recalcitrantes un cursillo de heterogeneidad a través de los infinitos ejemplos existentes. El mío es algo cutre porque no dispongo de la documentación necesaria para hacerlo vistoso (resumen: rama judía sefardita integrada en el cristianismo por simples y sinceras ganas de vivir + catalanes+ genoveses llegados a Cádiz en 1800 y poco), pero por suerte hay familias mucho más aplicadas, capaces de describir su historia con señales y algún pelo. Es el caso de Auxi Cutilla, descendiente de reyes visigodos que desmitifica el prejuicio de la sangre azul: culta, divertida y bella (¿a qué esperas, amigo lector?), la Cuti podría presumir aunque no lo haga de Saga. Con mayúsculas.

Canal Sur 2 emitía el 10 de septiembre un documental sobre el llamado Fondo Kati. Se trata de una colección antiquísima que ronda los 3.000 libros, acumulados durante siglos por una familia del mismo nombre y residencia en Tombuctú. La paleta de colores es formidable: manuscritos en castellano viejo, autores andalusíes, apóstatas, árabes y hebreos (quién sabe si algún rabino Durán contribuyó a ensanchar el tesoro)… Kati se parece a Cuti, que se parece a Cutilla. Lo confirma el documental y ahí nace el hilo conductor de este viaje en el tiempo. Cutilla procedería de Witiza, rey godo cuya estirpe se rebautizó Qutiyya por exigencias del guión (no sólo castigaban los cristianos). Al final, como casi siempre sucede, del tronco original surgieron diversas ramas de apellidos deformados por la geografía en la que se asentaban. Es la pata africana la que preservó la biblioteca. Actualmente, Ismael Diadié Haidara Kati es el patriarca y custodio. Sus páginas se las sortean España, Francia y EEUU. Por romanticismo, deberían quedarse aquí, aunque nadie recuerde de dónde venimos y precisamente para cambiar eso. Entretanto, si les sobra tiempo, rasquen en su genealogía. Podrían ser príncipes o princesas, proceder de la secta de los asesinos (Alamut, de Vladimir Bartol) o ser parientes remotos del mismísimo Woody Allen.

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