Diccionario polhispánico de dudas

Fede Durán | 7 de octubre de 2008 a las 19:13

Aznar: Dícese del megalómano con tendencia a la fantasía deportiva (1.000 abdominales al día y los 100 metros lisos en 9 segundos sólo con 50 y pico años), estética tradicional y acento variable en función del país en que se encuentre (ejemplo práctico: en un rancho tejano, su dialecto vallisoletano será de repente mexicano).

Bibiana (Aído): Mujer moderna de nuestro tiempo sin pelos en la lengua ni seso bajo el pelo. La igualdad es para ella algo así como la Biblia, escritura sagrada que permite cualquier tropelía idomática y alimenta la horrible obsesión del género (compañeros y compañeras, buenas noches y nochas y así sucesivamente).

Carod: Conducta victimista, a veces xenófoba y desde luego muy amiga de los incendios interregionales. Para este tipo de humanoides existe una jerga específica: Castellano significa Satanás, por ejemplo.

Chaves: Manta vieja (20 años de antigüedad) usada por los andaluces para afrontar las inclemencias existenciales.

Duran: Persona coqueta y dialogante que llega a la madurez con un secreto en el armario (ser español entre nacionalistas) y que no puede o no se atreve a sincerarse por miedo a la consiguiente consternación de sus socios, posiblemente empujados por la ira del descubrimiento a conductas poco razonables (hoguera, guillotina, garrote).

ERC: Cualquier tipo de organización inestable donde la intriga y la eterna amenaza del cambio de accionistas atosigan y desorientan al potencial inversor/comprador/afiliado. Presidentes o directivos aficionados al histrionismo (ejemplo práctico: el Betis).

Fraga: Tiranosaurio superviviente objeto de estudios médicos internacionales. Su ADN permitirá en el futuro clonar la especie y recrear en parques temáticos la fauna originaria del planeta tierra.

González (Felipe): Nombre del signo de la incógnita en los cálculos judiciales cuando toca invertigar el triste asunto del terrorismo de Estado.

Haider (Jörg): Delirio superior en intensidad y malicia al efecto carod, potenciado asimismo por la inenarrable cocina austriaca y los calcetines tiroleses hasta la rodilla.

Ibarretxe: 1. Actor especializado en películas de ciencia ficción y por tanto aficionado a aplicar planteamientos extraterrestres a cualquier acción cotidiana. 2. Sinónimo del típico feo de cejas puntiagudas.

Juventudes: Conglomerado de pelotas miméticos con las personalidades en las que se inspiran. Perfil universal: mal estudiante (tripitidor como mínimo), adinerado y charlatán. Materia prima para la política.

Kim Jong-Il: 1. Complejo de inferioridad derivado de la baja estatura cuya doble consecuencia consiste en utilizar zapatos de plataforma y tupés imposibles, de manera que el 1,50 se convierta en un 1,70 raspado. 2. Dictador profesional.

Llamazares: 1. Ser etéreo o directamente invisible. 2. Defensor de las causas perdidas que acude a un mitin pero olvida llamar a la tv para que le graben y pueda saludar a mamá.

Montilla: Síndrome de Estocolmo.

Nicolas (Sarkozy): Dolencia menos intensa que el Kim Jong-Il pero igualmente molesta. Síntomas: mujer florero, muecas permanentes y obsesión por los taburetes en las fotos de familia.

Ñ: Símbolo de la España emergente, esa que gana eurocopas y subcampeonatos de la NBA y donde todos los deportistas cantan al país sin el complejo, el odio o la ignorancia que demuestran sus representantes políticos.

Obama: Muñeco popular localizable en cualquier gran almacén capaz de pronunciar hasta cuatro frases predeterminadas. “Enough (estoy hasta los mismísimos)”; “McCain is the biggest drunkard (McCain es un verdadero borrachuzo)”; “Yes We Can (joder que si podemos)” y “I’m ready to lead America (votadme por vuestros santos patrones)”.

Pedro (Solbes): 1. Experto en economía y por tanto en explicar las cosas sin que nadie las entienda. 2. Paro rampante.

Quintana (Anxo): Barba desaliñada cuya finalidad es intimidar, preferentemente en Madrid, sin aproximarse siquiera a la inaccesible altura de los chantajistas profesionales.

Ratzinger: 1. Dícese de la persona con ojos saltones y sonrisa pérfida. 2. Protagonista de un manga japonés estrenado en 1972, el exitoso Ratzinger Z.

Silvio (Berlusconi): 1. Robot diseñado especialmente para el mundo del espectáculo: Canta, baila, liga y hasta se somete a operaciones de cirugía cual contemporáneo Dorian Gray. 2. Filosofía latina consistente en robar y enriquecerse sin caer jamás en las redes de la Justicia.

Transición: Expresión utilizada por los más ancianos para referirse a la sensatez política, concepto de imposible traducción en la actualidad.

Urkullu: Español que prefiere ser ruso.

Vicente (Martínez-Pujalte): 1. Aznar elevado a la enésima potencia. 2. Alarde de ranciedad. 3. Adicto al bigote tupido. 4. Gritón ingobernable.

Washington: Capital del sistema solar habitada por extraños seres que 1. comen galletitas, se atragantan y caen al suelo golpeándose la cara, 2. invaden países ricos en petróleo, 3. ofrecen a los banqueros fraudulentos exorbitantes cantidades como premio a su enriquecimiento ilícito.

Xabier (Arzalluz): 1. Jesuita reconvertido en simpatizante terrorista. 2. Persona que recoge las nueces después de que otros agiten el nogal.

Y: Tren de Alta Velocidad desplegado en el País Vasco que paradójicamente logra conciliar los intereses de ecologistas y asesinos, opuestos a tan faraónica infraestructura por motivos afortunadamente antagónicos (conservación/eliminación de la vida).

Zapatero: 1. Dícese del hombre de mirada azul y bovina. 2. Soñador empedernido y kamikaze. 3. Amante del eufemismo. 4. Hombre que se casa con una mujer de rasgos calcados a los suyos.

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Rota la suministradora

Fede Durán | 6 de octubre de 2008 a las 13:19

Aunque apenas lo recordemos, Guantánamo no ha dejado de existir. Desde aquella concesión perpetua de Estrada (1903), ese pedazo de Cuba es lo más parecido al limbo en la tierra (con permiso de otras cámaras oscuras como Corea del Norte, Birmania o el Betis). Hace tiempo se descubrió que Europa (también España) había prestado sus espacios aéreos e incluso sus instalaciones a esos aparatosos aviones estadounidenses de transporte que cuesta pensar que despeguen. Lo malo es que la mercancía eran personas, a menudo arbitrariamente detenidas, cuyo destino era ese pedazo de bahía caribeña. Ahora, Defensa ha remitido a la Justicia la información disponible: tranquilos, viene a decir el Ministerio, aquí nadie vio nada. Qué alivio. Fuera lo que fuese lo transportado, las manos de nuestros dirigentes están limpias. Tenemos además la versión oficial, que inexorablemente es la del imperio, y aquí se despeja del todo cualquier sombra de duda: “Suministrar apoyo logístico”, “vuelos logísticos de apoyo a personal de EEUU” o “fuerza y material militar de los EEUU” son algunas de las fórmulas empleadas para describir el pisoteo geográfico y muy probablemente moral. Admito que no proceso estas legítimas justificaciones por culpa del pequeño cerebro heredado de mis antepasados no imperiales: se trata quizás de una cuestión dimensional. Quien se cría entre Córdoba y Cádiz jamás piensa a lo grande. Y aunque EEUU dispone de territorios y campamentos mucho más cercanos a Guantánamo que la Península, si quiere suministrar desde aquí será por algo, no sé, mi imaginación apunta tímidamente al jamón de bellota, el aceite de oliva y el langostino de Huelva, manjares que bien merecen un convoy de hércules, apolos o como quiera que se llamen esos mastodontes voladores.

Vamos ya con la parte romántica. Me cuesta más vivirlo con Morón o Torrejón, tierras desconocidas para mí, pero Rota es otra cosa, es paisaje visitado, paisaje propio (de pequeño disfrutaba de las pizzas de la base americana, más gruesas y condimentadas, e incluso de los espectaculares helados de Baskins Robbins). Me entristece imaginar una fila de hombres maniatados y hacinados con el fuselaje incrustado en el lomo haciendo escala en un país presuntamente respetuoso con los derechos humanos y toda esa retahíla. Es el inconveniente de relacionarte con una potencia: lo que llaman amistad y alianza es habitualmente dócil sometimiento. Nuestros gobiernos prefirieron verlo de otra forma: si una mujer vendada y por tanto ciega representa la ecuanimidad, taparse o cerrar los ojos no debe ser tan malo. Pero la vida sigue: quién sabe si mientras uno de los aviones-cárcel aterrizaba o se elevaba, las familias de la base se acurrucaban en los asientos de un cadillac para ver en el cineauto las primeras pelis de Newman en un ciclo-homenaje apresuradamente diseñado (posiblemente la proyección sería menos selecta: Indepence Day o Men in Black cuelan más, pero hay que pintar un bonito cuadro según los gustos del periodista). Simultáneamente, a varios kilómetros de las crujientes palomitas y los asientos tamaño salón-de-casa (es lo que tienen los cadillacs), Aznar se zambullía en el Mediterráneo desde el yate de un amigo y Zapatero apuntaba a lápiz en un bloc sus primeras ideas sobre la Alianza de Civilizaciones.

Cerveza, subprimes y sistemas políticos

Fede Durán | 3 de octubre de 2008 a las 13:20

Jueves noche. Encuentro informal. Cuatro siluetas se perfilan en la oscuridad con la ayuda de una de esas farolas de diseño. Daniel Nieto, Chema Fernández, Carlos Pizá y Mirko Tetmajer (personajes total o parcialmente eruditos) entran al trapo tras una pregunta inocente del autor de este blog. ¿Alguien puede explicarme de una vez por todas y lo más pedagógicamente posible el enredo de las subprimes? Vaya que si pueden. Al principio les sigo entusiasmado, todo encaja, bancos e hipotecas, tipos de interés, burbujas que explotan. No deja de ser una secuencia familiar. Después la cosa se enreda. Escarban tanto que me pierdo. Comienzo a girar el cuello, a distraerme, a pensar en mis cosas. El nivel exhibido me supera. Afortunadamente, está la cerveza. Y, aunque parezca mentira, también la política. O el sistema. Cambiamos de tercio (en el doble sentido etílico/filosófico) y vuelvo a sentir la integración en mis venas.

Nos ha encantado eso de que los republicanos le den una patada en el culo a Bush y a su plan de rescate. No necesariamente porque seamos adictos al drama sino más bien porque tenemos sed de esperanza. EEUU tiene sus cosas, como todo hijo de vecino, pero su separación de poderes hace palidecer a la nuestra. ¿Dónde dejaron esos señores políticos la disciplina de partido? Qué maravilla. Sale un tipo encorbatado y explica que nanay, que se es liberalista feroz a las duras y a las maduras y que además el abnegado contribuyente no tiene por qué pagarle los desmanes a nadie, y menos a un banquero especulador millonariamente blindado. Luego pensé en los jueces federales (Corte Suprema), esos viejales que el presi elige vitaliciamente para ahorrarles el miedo al desempleo y por tanto una subjetividad apestosa y amiguista. Bicheo en mis rancios libros de ciencias políticas y recuerdo sorprendido que además el parlamento (Senado+Cámara de Representantes) puede obviar el veto del presidente y aprobar las leyes que quiera. Los senadores son poderosos (seis años de mandato y más prerrogativas que aquí). Los congresistas se buscan la vida más pronto que tarde (dos años de butaca y después aire).

Deberíamos copiar algunos conceptos. Son infinitos los comentarios al respecto, pero repetiré la síntesis: circunscripción única para las listas al Congreso. Mayor peso territorial en el Senado, espacio natural de los nacionalistas. Poder Judicial independiente (o dependiente de sus propias miserias) a través de designaciones internas. Y, sobre todo, estadistas con suficiente altura moral como para transformar inercias y saber que probablemente todo sea más democrático y complicado si se olvidan de la eterna percusión del ejecutivo en el resto de ejes de la estructura. ¿No sería magnífico que los socis mandaran a paseo a ZP de cuando en cuando? ¿O que a Rajoy le tosieran de verdad en pleno Congreso sin el terror de la jerarquía?

La noche se despeña cuesta abajo y la grandeza de nuestras soluciones se desdibuja. Los conceptos más terapéuticos se resquebrajan empujados por la convicción de que nada cambiará jamás por aquí. Al fin y al cabo somos latinos, no anglosajones. A ninguno de nuestros reyes antiguos se le habría ocurrido aquello de reunir en Londres a los caciques locales para consultarles la política tributaria. Ése es el origen de la Cámara de los Comunes y la diferencia de raíz con nuestros líderes, incapaces de ampliar los canales comunicativos porque al final eso siempre implica una pérdida de poder. Y ésa es la única verdadera droga, amigos.

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Micromemorias VI (el poeta)

Fede Durán | 30 de septiembre de 2008 a las 13:09

Si por casualidades de la vida trabajabas en Cataluña hace un lustro, sólo cabían dos opciones: eras pujolista o maragallista. No se trataba necesariamente de un posicionamiento ideológico sino más bien carismático. Cuando arranqué como periodista político en Barcelona todavía mandaba Pujol. Recuerdo alguna bronca espectacular e incluso ese desaire infinito que significa la negación del saludo. Dos gallos en un pequeño corral parlamentario conducían a la frase del western por antonomasia. La ciudad era demasiado pequeña para que cupieran ambos.

Yo era (soy) maragallista, aunque no me atrevería a despojar al molt honorable de sus enormes cualidades. Ni mucho menos. Pujol era más práctico y menos bocazas. Sabía tratar con todos, incluido el Rey. Y mantuvo la casa nacionalista aseada y dispuesta a implicarse en España. Su mente, sus formas ya no existen. Pero vamos con Pasqual. Ya sabía yo que era abuelo de poeta (Joan). Se le notaba no tanto en el verbo como en el espíritu. Lo vi en plenitud por primera vez durante su discurso debutante sobre el estado de la comunidad. Subió al estrado con un montón de folios y tuve que arrellanarme, acodarme, incorporarme y desperezarme sucesivamente para respetar el delicado hábitat de mi espalda contracturada. Leyó los diez primeros folios del discurso y después decidió improvisar. Sus asesores no se sorprendieron: ésa era la costumbre. Maragall hablaba bien, hilaba conceptos, te entretenía. Idealista, plástico, confiado, la suya era una conducción espontánea, delicadamente teórica, incluso un puntito ectoplásmica. La trampa era desconectar unos segundos. El president coleccionaba chisteras y conejos (recuerden la célebre acusación del 3%) y bien mecería la pena estar pendiente para pescarlos y degustarlos.

En su ciclo como jefe de la Generalitat, Maragall se revalorizó por contraste. Nunca pudo con Pujol pero siempre pareció por encima de Mas. Es como juntar a Pessoa con Cortocircuito y decidir quién desprende más encanto. El problema de un ente poético es que no se deja guiar tanto por la razón como por los dioses. Igual que Eneas, él prefirió la llamada del Estatut a la del amor (PSOE) seducido por la metafísica identitaria que ya contaminara y/o conquistara a tantos. Pobre Dido, pobre Zapatero.

La leyenda le envolvía. Esa voz ronca delataba según muchos una vida disoluta. Llegué a escuchar de boca de la oposición que Montilla le había puesto una especie de niñera para que lo recogiera esas noches de perdición etílica. No sirve de mucho, pero yo jamás lo vi ebrio (no puedo decir lo mismo de otros miles de personajes en otras miles de facetas de mi vida). Tampoco me importaba mientras cumpliera. Dénle cancha a un romántico, pardiez.

No me gustó la despedida. Montilla y ZP conspiraron y lo echaron. Se supone que por estirar tantísimo el Estatut. No me vale esa explicación: el cordobés ha olvidado pronto su fidelidad y ya se maneja con más desparpajo catalanista que su guillotinado predecesor. Después vino el desencanto, la baja del PSC y, sobre todo, el anuncio de su alzheimer incipiente. La enfermedad nunca es justa o injusta, pero en su caso me duele más. Olvidará todo: los versos que habitan su sangre, la prosa de su España de los Pueblos, la espontaneidad de sus respuestas e incluso la traición de los que fueron suyos. Descuide, Pasqual, le haré un hueco en mi memoria mientras me dure.

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Cruces genéticos

Fede Durán | 29 de septiembre de 2008 a las 17:45

Fíjense qué diferencia. Dos presidentes autonómicos con los mismos mandatos a cuestas (también dos) lo ven antagónicamente: Juan José Ibarretxe, alias Raca Raca, optará por tercera vez a la Lehendakaritza porque está “bien, lleno de ilusión y de energía”. Marcelino Iglesias, discreto y sensato, colgará las botas para que en Aragón no pase lo que “siempre pasa con los imprescindibles”. Uno no tiene otra cosa que hacer y el otro prefiere variar. Uno alargará la agonía de la consulta separatista y el otro quién sabe si acabará en el sector privado con más sueldo y menos ideología.

No es un secreto que Ibarretxe me cae mal. No tanto por sus obsesiones como por su afán de imponerlas. Él está convencido de que, si se celebrara, su referéndum triunfaría. Admiro que confíe tan ciegamente en su poder persuasivo, pero pagaría por ver su cara si el guión le explotara en plena jeta. ¿Haría entonces como en Quebec (equis procesos hasta que el sí se impusiera)? Seguro. Y además lo llamaría democracia. Marcelino es otra cosa. Su nombre ya evoca bondad. El tipo conectaba bastante con Maragall; a ambos los unía una cierta concepción de España. Habla catalán porque tuvo ancestros en la Franja. Se siente español sin complejos. Y encima coge el petate cuando la tendencia es justo la opuesta.

Como la manipulación genética ganará terreno en el mundo conforme los años pasen y los escrúpulos se disipen (Un Mundo Feliz), propongo combinaciones variadas en busca de ese aristotélico punto medio.

  • Ibarretxe-Iglesias: Esta mezcla sólo puede parir un Duran i Lleida, pellejo nacionalista, entrañas españolas.
  • Chaves-Chávez: Imbatible cruce donde a la capacidad de resistencia y presidencia se uniría una endemoniada verborrea populista.
  • Zapatero-Aznar: Un toque de estupidez, dos de petulancia, tres de ceguera.
  • Rajoy-Fraga: Un gallego al cubo… blanco y en botella: futuro líder del BNG.
  • Álvarez (Magdalena)-Botella (Ana): La primera necesita menos andalucismo callejero y la segunda más, así que perfecto.
  • Gallardón-Carod: Ostras… no me lo imagino.

La lluvia

Fede Durán | 29 de septiembre de 2008 a las 13:10

No vienen mal algunos fines de semana tan sometidos a la lluvia como éste. En Andalucía tendemos a la parálisis cuando el sol libra, y esa ausencia en el fondo no es perjudicial porque nos obliga a darle al magín y a veces nos permite recuperar pequeños placeres aparcados. La secuencia meteorológica ha sido perfecta por su precisión metafórica: todo hace aguas últimamente. Zapatero y Rajoy nos interesan menos que nunca, han quedado empequeñecidos por el poder del dinero y de las jugadas (ésas sí verdaderamente cargadas de glamour faraónico) ejecutadas al otro lado del Atlántico. ETA se convirtió siglos atrás en un enorme forúnculo en plena nalga; molesta, desazona y entristece sin frenar nuestras ganas de vida. Están las cosillas de siempre: que si los nacionalistas, que si el AVE, que si la eterna comparación intercomunitaria, que si la educación, la cultura y las tendencias idiosincráticas del ciudadano ibérico.

No, no, eso no estimula en abstracto sino rodeado de compinches que aporten sus propias visiones al respecto, arrullados todos por la luz en una plaza o la brisa de un mar favorito. Y decía que cuando la lluvia lo impide hay otras salidas. Los cielos grises están hechos para leer, aunque la oscuridad contradiga tal afirmación. Encender una lámpara a las tres de la tarde (sin duda es lo que querrían Endesa o Iberdrola, paisajes eternamente encapotados) tiene su puntito londinense o parisino. Avanzar mientras las gotas golpean el alféizar no deja de ser hipnótico y reconfortante, sobre todo si Bulgakov te traslada a Jerusalén para asistir al impactante encuentro entre el procurador, jinete e hijo de astrólogo Poncio Pilatos y Ga-Nozri (también conocido como Jesús de Nazaret). Está el periódico, claro, o sus anejos, también llamados suplementos, y el complemento culinario y/o etílico. Puedes elegir una peli tras comprobar compungido que Newman ha muerto, arrellanarte en el sofá en una posición imposible y dejar que el cuello sufra mientras los fotogramas te trasladan a otros mundos (homenaje a Paul: en El Golpe demostrabas mil veces más garbo que Redford). Puedes comer pipas. Pillar un cómic. Preparar un café expreso con tu última ruidosa máquina. Desmenuzar 20 discos descargados ilegalmente de internet en apenas una jornada de furia (apunten, por favor: The Dodos, Fleet Foxes, Those Dancing Days…) o desafiar la cobardía de secano, enfundarte en un chubasquero presuntamente impermeable y salir en busca de una aliada igualmente audaz que comparta unas copas de vino. Sólo al final, cuando la noche cae y el índigo sustituye al gris, enciendes unos minutos la tele, absorbes titulares de telediario, piensas en el temible lunes y barajas tus opciones de contar algo medio digerible en el blog.

Descontaminación judicial

Fede Durán | 23 de septiembre de 2008 a las 12:38

La Constitución todavía nos vende, porque nadie la ha cambiado, aquello de la división de poderes. Ni al Gobierno ni al Congreso les discute nadie sus prerrogativas. Lo malo es que en uno y otro caso son los políticos quienes los integran y manejan. En teoría, los jueces están aparte. Pobres. No dejan de ser un apéndice de quienes todo lo controlan. Podríamos hablar de la metástasis del sistema democrático. Existen en España tres grandes asociaciones judiciales (APM, Francisco de Vitoria y JpD) que representan más o menos a la mitad de los jueces. El resto, en teoría independientes, no ha logrado colarse en el intercambio de cromos PSOE-PP para conformar el nuevo CGPJ. La guinda, la jugada que debería hacernos creer que Zapatero se lo ha repensado, es el nombramiento de Carlos Dívar como presidente del Consejo. Los expertos no le otorgan demasiadas virtudes, si acaso su profunda vocación religiosa (¿?) y una más que probada tendencia a la equidistancia. El mensaje está claro: hay 20 vocales contaminados, pero tranquilos, quien los controla es un tipo de fiar (¿acaso un buen cristiano puede ser otra cosa?).

Se ha debatido largamente sobre las alternativas que permitirían recuperar a los jueces ese espíritu independiente de la política. A mí sólo se me ocurre ratificar mi confianza en la más radical: fuera las cuotas actuales del Congreso y el Senado, fuera la sucia mano partidista. Si la judicial es la tercera pata del Estado, que se construya a sí misma, sin injerencias. Que ellos se nombren y organicen. Es un error asignar siglas a la Justicia. Después, para tranquilizar al celoso garante constitucional, al político intervencionista y a la ciudadanía en general, podría enmendarse la Carta Magna, que incluiría convincentes mecanismos de control para que la cosa no se desmadre. Porque al final hablamos de seres humanos, y si las máquinas se equivocan, imagínense nosotros.

Hábitos de un redactor

Fede Durán | 18 de septiembre de 2008 a las 12:46

Ojo, hábitos exclusivamente lectores. Cada periodista decide con el paso de los años su secuencia perfecta al abordar los diarios. Supongo que si Freud viviera podría aclarar en parte nuestras personalidades en función de ese parámetro. Las manías y preferencias siempre son reveladoras. Aunque Philip Roth apunte certeramente que las noches se crearon para perderse entre libros, la mañana también es importante si trabajas en una redacción. Entonces la batalla informativa es sólo un eco y puedes dedicarte a desmenuzar la prensa. Las prioridades entre cabeceras, una vez sedimentadas, son muy difíciles de tocar. Yo crecí y me formé con El País, así que me resultaría demasiado doloroso renunciar a atraparlo en primer lugar aunque le conceda virtudes y defectos como a cualquier otro producto humano. La Vanguardia es mi medalla de plata por defecto (grandes corresponsales, enormes analistas). El bronce es para El Mundo, quizás la amalgama que más me conturba, lo cual no deja de tener su mérito y gracia. Obvia decir (me matarían en caso contrario) que el periódico que me paga cierra el círculo matinal.

Vamos al meollo y a Freud, que diría que lo importante es el orden escogido. Hay quien lee de corrido, quien comienza por el final y quien salta de sección en sección en función de sus apetencias. Me incluyo en este último grupo y radiografío mi mecanismo: Internacional-Deportes-Nacional-Economía-Opinión-Cultura. El tiempo atribuido a cada palo es lógicamente variable y se amolda a la evolución personal. No es que el mundo o la competición pierdan peso (son los dos ejes sagrados del buen reportero, así lo veo yo) sino que pasajes tradicionalmente terroríficos (perdónenme los economistas) obtienen su espacio sin prisa ni pausa. Me descubro ante la sección de las empresas y los números: hay quien afirma que todo es política. En realidad, todo es economía, y el interés nace de distintas realidades a pie de calle: la del contribuyente puro y duro, la del deudor obsesionado con el Euríbor, la del pequeño accionista aficionado al Ibex-35 o simplemente la del curioso versátil, capaz de interesarse por los avatares de la industria aeronáutica o por la enésima amenaza de deslocalización.

Cultura merece una reflexión aparte. Sobre el papel (y nunca mejor dicho) debería ser mi fragmento favorito. Ahí caben todas mis pasiones: literatura, música, cine, cómics, arquitectura… y sin embargo no las veo reflejadas con suficiente atractivo. Quizás el problema sea mío, quizás nunca haya sido capaz de adaptarme al código específico requerido, pero el caso es que esta sección no avanza, no gana terreno entre mis imprescindibles.

Animo a los visitantes habituales y esporádicos de este blog a confesar sus pautas de lectura y el porqué de sus pasiones y odios.

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Nápoles 1944

Fede Durán | 17 de septiembre de 2008 a las 13:07

Norman Lewis (1908-2003), británico y viajero, espía y escritor -cuatro características a menudo relacionadas- dejó escritas algunas perlas. La más conocida, o al menos reconocida, es Nápoles 1944, crónica sobre aspectos aparentemente secundarios pero en el fondo terriblemente significativos de la ocupación aliada de Italia de sur a norte. Lewis era, como Nigel Barley, un buen dominador de las distancias, aptitud obligatoria para convertir simples anécdotas en estatuas imperecederas. Su ironía traspasaba cualquier barrera y es bonito que así fuera porque entonces el retrato es completo y no hace distinciones: la ridiculez comienza por su propio ejército y los socios norteamericanos. Aunque la Historia tiende a escribirse con letras de oro, si uno lee las notas a pie de página recopila matices que desaliñan el conjunto y rebajan la épica. Qué diablos, lo humano llega más y mejor.

No es mi intención reventar el guión al lector potencial sino animarle a adquirir el librito, así que confiaré en mi maltrecha memoria para lanzar a la pantalla una sinopsis desordenada e hipersubjetiva con los momentos más destacados, momentos que debieran convertirse en alicientes cuya lógica culminación serían varias jornadas de lectura presididas por la sonrisa y la satisfacción del pequeño nuevo conocimiento.

Latarullo. Personaje central, eje vertebrador, puente entre el napolitano místico y el racional. Latarullo era uno de los miles de abogados en paro de la ciudad, obsesionada con los títulos aun a costa de la realidad del mercado. Tan pobre como el resto de la población, se ganaba los cuartos desempeñando el papel de Zio (tío) di Roma en funerales y otros acontecimientos.

Adicción al milagro. Que nadie lo dude: el destino lo deciden desde arriba. San Gennaro, patrón napolitano, condicionaba el ánimo colectivo. Si el 19 de septiembre su sangre se licuaba rápido y bien, el año próximo sería óptimo (dentro de la miseria endémica, claro). En caso contrario, todos miraban temerosos al Vesubio, que no dudaría en expulsar un par de buenos gargajos de lava.

Comida. En tiempos de escasez el apetito es ferozmente creativo. Caballos y gatos se convierten en ternera. El tocino o las galletitas, repudiadas por los militares aliados, rozan la categoría de lo sublime. Desaparecen misteriosamente los peces del acuario municipal.

La Camorra. Explica Lewis que la mafia surgió como un sistema de protección frente a los sucesivos dominadores de la zona en siglos también sucesivos. Tanto cambio provocó la creación de un código blindado y ajeno a las injerencias extranjeras. Tremendo el pasaje donde relata la captura de uno de los capos tras la delación de su novia despechada.

Contrabando. O la furia cleptómana ilimitada. Nada estaba a salvo: ni los cables de la electricidad, ni las ruedas de los camiones, ni los contenedores descargados en el puerto ni las mantas del ejército (habilidosamente reconvertidas en cotizadísimos abrigos). Nuestro cronista se vio empujado a investigar muchos de estos robos, a veces con dramáticas consecuencias. La justicia se ensañaba con los tipos más desgraciados sin toser a los poderosos. Daba igual de dónde provenieran éstos: fuesen o no colaboracionistas, colegas de Vito Genovese o miembros de la nobleza, tenían asegurada la impunidad. Hay cosas que no cambian.

Mujeres. Ah, el amor. O la necesidad. O ambas cosas juntas y revueltas. La prostitución se convirtió en un método de supervivencia más, a menudo con inconvenientes epidémicos (sífilis) espuriamente aprovechados para intentar diezmar al bando enemigo. Proliferaron los matrimonios de conveniencia y se confirmó que la mezcla inglés-italiana pocas veces triunfa. Busquen el poema (porque es un verdadero poema) de la mujer que se hizo pasar por condesa. Llama la atención que Lewis deje caer que se mantuvo al margen del amor. O de la necesidad. O de ambas cosas juntas y revueltas.

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La burla

Fede Durán | 16 de septiembre de 2008 a las 12:41

La semana pasada consumí los restos de mis vacaciones en alguna playa de Cádiz, hice de la ignorancia virtud y olvidé lo que se cuece en nuestro círculo político. Desafortunadamente, por una jugarreta del azar encendí una noche la tele y constaté el regreso de 59″, el programa de TVE. Pese a mis reticencias, decidí aguantar unos minutos. A un lado de la mesa se sentaban Eduardo Madina y Elena Valenciano (PSOE); al otro Esteban González (olvido el Pons voluntariamente; me cansan los apellidos compuestos y/o rimbombantes del PP) y Sandra Moneo. Se supone que su misión era comentar la peregrina aparición de ZP en el Congreso para hablar de la crisis (no propuso nada, pero me sorprendió la ridiculez de su mensaje cuasi divino: “estoy aquí para tranquilizar a los españoles”).

La moderadora repartió tiempos y la cosa fue como siempre: cada bando con los suyos y capones para el resto. Empiezo a creer seriamente que los políticos son enfermos mentales. No ven más allá de su escenario, no salen de su escaparate, no osan saltarse el guión y hablar con la libertad que castra la disciplina de partido. El sentido de la política, de la verdadera política, es gestionar hábilmente y aportar soluciones desde la razón, no desde las vísceras y el proselitismo. Dudo que queden últimos mohicanos en España. La mediocridad ha ganado la batalla, y lo peor es que los ciudadanos lo saben.

Me temo que el problema es a menudo vocacional: quien calcula sus pasos para dedicarse a esto ya está viciado. Un político siempre debería llegar de otros mundos, de la empresa privada o la universidad; incluso, por qué no, del arte y la creación. Al final soportamos la presencia permanente de mentes de diseño (limitado), preparadas para soltar cuatro consignas, maldecir el entendimiento y vender la eterna mentira de que la culpa es del otro. La política es una profesión y por ello está sometida a los vicios de cualquier actividad. Pero añade un serio lastre al macuto de calamidades: el cogollo es el poder. Y el poder es sumamente venenoso: convierte a los mediocres en soberbios (no tienen que viajar a otros países para encontrar infinitos ejemplos) y a los zafios en cortesanos. Ningún líder romperá este prejuicio fundado hasta que transmita de veras afán de colaboración y de gobierno (con minúsculas, porque gobernar significa administrar coherentemente, no bajarse de un coche oficial y saludar al tendido como si el planeta entero te observara). Si ellos supieran lo poco que en realidad nos importan, quizás comprasen algo de sensatez.

Coda: Algo podríamos hacer desde el periodismo. Un ejercicio responsable implicaría ignorar sistemáticamente el 50% de las ruedas de prensa, en especial aquellas donde triunfa la verborrea sin fondo en torno a tópicos manidísimos. Sí, sí, lo sé, es pedir demasiado, acepten la vertiente utópica de este blog. ¿Quién sería capaz de rellenar entonces el enorme vacío (des)informativo generado? Con la proliferación de gratuitos y el dominio rampante de internet es evidente que algún día se planteará la alternativa del periódico minimalista pero de calidad. Lloverán despidos (¿no llueven ahora?) y los desamparados imaginarán (imaginaremos) alternativas. Firmo eso antes que la retransmisión incondicional de la estupidez política.

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