El derrotismo hispano

Fede Durán | 18 de junio de 2008 a las 12:02

Estos días sigo la Eurocopa a trancas y barrancas. Si juega España, me fabrico el hueco como puedo; si no, una minitele cortesía de la sección de Economía nos permite espiar las evoluciones del resto de equipos. La tortícolis es lo de menos.

Me quedo, obviamente, con los partidos de La Roja. Cierto que provocan una elevada cuota de tensión en su doble vertiente euforia-depresión, pero no me viene mal reencontrarme de cuando en cuando con el adormecido yo visceral. Describamos la escena. Salón de casa o de algún amigo, cervezas frías y productos basuriles. Televisión de tamaño respetable (como no entiendo de pulgadas no me arriesgo a dar una cifra), aire acondicionado y volumen a tono con el ambiente. Y, la clave, concentración fluctuante. El seguimiento del duelo es a la vez una sesión de psicoanálisis. Afloran alternativamente los miedos y las esperanzas edulcoradas. Te ves fuera a las primeras de cambio. Te ves en cuartos, en semis, en la final. Planeas tu promesa ante un supuesto triunfo. Y vuelves a empezar.

Ayer lo hablaba con un amigo. Entre la ensalada de sensaciones destaca un ingrediente: el pesimismo. Ganamos a Suecia con ese gol de Villa que nos hace desgañitarnos y regresar cinco minutos después a la normalidad algo avergonzados e irrumpen las cábalas, puntuales y tenaces, taladradoras. ¿Nos toca Francia? ¿Italia? No, por favor, mejor Rumanía. Es el primer síntoma de nuestro proverbial complejo futbolístico de inferioridad. Lo escribe Pedro Barthe en La Vanguardia. Para ser los mejores hay que ganar a los mejores. Suena perogrullesco y sin embargo no lo asimilamos.

El caso es que bailaremos con Italia. Ya sabemos lo que nos espera. Nada de danzas delicadas como el vals sino más bien algo de la salvaje sensualidad del tango. El problema es que Piazzola es argentino de origen italiano. Mal comienzo.

¿Qué pasará el domingo? Seguro, que se disputará el partido. En cuanto al resultado, tengo una teoría. Entre aficionados y jugadores se crea un campo de fuerza mental. Somos vasos comunicantes. Si España se caga de miedo, sus futbolistas también. Por eso algunos se compran la camiseta y deciden sudarla, para amplificar así la sintonía, ensanchar la moral y disipar las dudas. Por eso otros transmiten la serenidad que nadie tiene. Vamos a ganar. Lo escribo y por tanto lo proclamo. Somos mejores. Es mi humilde contribución contra ese bucle histórico que nos amarga y sacude. Sería injusto eternizar el problema. Mi generación, o la de mis hijos, o más allá aún la de mis nietos se merece unas semis. Nuestra salud mental depende de ello.

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Cabezas de turco

Fede Durán | 18 de junio de 2008 a las 11:27

Lo que más me escama de la corrupción urbanística no es el cabeza de turco, siempre expuesto al escarnio público y sobre todo judicial, sino la sensación de que al final sólo se ve en la tele uno de los cabos del entramado. Aquí roban todos, sin siglas distintivas. Lo de Andratx se lo cocinó el PP; lo de Estepona el PSOE; lo de Marbella un poco entre todos. La Policía asesta el golpe, los fotógrafos captan la escena (seres cabizbajos preferentemente canosos y esposados rodeados de agentes de porte recio), los periodistas la describen y los jefes de los partidos a los que pertenecen los culpables se lamentan y escandalizan.

Es curioso que un aparato tan celoso a veces (miren la prisa que se dio Rajoy por absorber voluntades para que nadie le hiciera sombra) sea simultáneamente tan blando y ciego. Se supone que el urbanismo es un deporte de espabilados, así que supondremos también que es el listo quien se lo lleva calentito, sin compartirlo con nadie. Con nadie de más arriba, claro. Chaves en Andalucía, Camps en Valencia, Touriño en Galicia y Zapatero y Rajoy a escala nacional deberían ponerse serios o parecer menos bobos. Algo deben olerse cuando visitan esas localidades y despachan con sus alcaldes y con el rabillo del ojo detectan ese cofre de oro y esos colmillos de elefante. O no. Quizás piensan que España es tan rematadamente próspera que lo de los cofres y los colmillos es lógico y hasta obligatorio. ¿No viajan ellos en berlinas de 60.000 euros, en aviones de primera, en yates de amigos millonarios?

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¿Podemos?

Fede Durán | 12 de junio de 2008 a las 12:21

Es el lema posibilista del fútbol, fruto de un optimismo no siempre justificado. Podemos. ¿Podemos? No lo tengo claro. Y no hablo en clave exclusivamente futbolera porque éste se supone que es un blog político. Podemos ganar y perder la Eurocopa como ganamos y perdemos en otras muchas facetas de la vida. Lo bueno de la selección es que tiene lo más difícil, que no son los títulos sino el espíritu de comandita, ese ambiente solidario que jamás existirá en nuestras empresas o en el Congreso, por ejemplo. Los bandos, al revés que mediocentros y delanteros -unidos por la simbiosis del gol-, no buscan el bien sino la ruina común. Si gobiernas tú, prefiero que el barco se hunda. Así de fácil. En el trabajo es aún peor. Bien lo sabrán muchos de ustedes. El prejuicio nace de la envidia, que a su vez parte de la inseguridad, que probablemente surge de la ineptitud subliminalmente asumida y quizás por ello tan mal exteriorizada.

No, amigos, no podemos. Ni ganar la Euro ni construir un país medianamente unido o una sociedad decentemente vertebrada. El íbero es individualista hasta la médula (lean a Salvador de Madariaga), aunque existan excepciones asociacionistas como la estirpe catalana. Uno es del Atleti antes que de España; o de su barrio antes que de su ciudad. Lo de currarse un objetivo comunal chirría porque de inmediato parpadea la luz de la sospecha: ¿De verdad algo que beneficia al otro también repercute en mi bienestar? Piensen en un periódico. Éste o cualquier otro. La construcción de una buena plantilla, la colección de buenas firmas debería ser motivo de orgullo porque implica la llegada al quiosco de un buen producto. Desengáñense. No existe la familia sino las familias, en plural y con todas sus (nefastas) consecuencias. Lástima.

Como en el fútbol, pues, hay que conformarse con desempeñar un papel marginal. Nunca exportaremos imagen como Francia o Italia porque creemos erróneamente que nuestra mercancía se vende mejor diluida en la ausencia de identidad. Tampoco despegaremos del todo porque aquí existe y siempre existirá el centrifuguismo. Los aranceles no han desaparecido, sencillamente se han transformado en algo más borroso. ¿Y la libre circulación de personas? Inviable incluso en una oficina, así que ni mentar el Estado de las Autonomías.

Conclusión: Habría que cambiar el lema. Mejor que Podemos, tal vez, Jodemos.

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Carta a Don Manuel

Fede Durán | 9 de junio de 2008 a las 16:56

Querido Don Manuel,

Sería un mentiroso si me confesara su admirador. Más bien al revés, siempre le he observado con inquietud desde la distancia. Recuerdo que usted tenía pelo cuando yo comenzaba a comprender de qué iba eso de la política (mi primera conclusión fue que un líder debía aparecer siempre en el centro iluminado de un escenario oscuro; el problema es que allí nadie cantaba). AP, se llamaba su marca. Me importaba poco qué se encondiera detrás de las siglas. Un día, leí que usted era todo un veterano con experiencia previa durante el Régimen. Vaya, pensé, un señor verdaderamente versátil. Después fundó el PP, con el que por suerte o desgracia estoy bastante más familiarizado.

No le escribo para satisfacer mi sed de batallitas, descuide. Se trata más bien de expresarle, treinta y un años después, mi respaldo incondicional. No crea que vivo en las musarañas. Leí su entrevista del domingo en El País con devoción, placer y cierto grado de sorpresa. Usted se siente más cerca de Obama que de McCain, afirma ante la incredulidad del entrevistador. No se enfade, Don Manuel, que ya se sabe de qué pie cojean estos gamberros de Prisa. Su explicación es cristalina: “Yo soy de centro reformista”. Como el propio PP, añade. Coño, y perdone el taco. Tanto tiempo sospechando lo contrario como un memo y resulta que ustedes nada tienen que ver con la Iglesia o la AVT, dos buenos ejemplos de vehemencia intelectual mal procesada y peor expresada. Deje que rectifique. Le entiendo. El Mundo y la Cope, antes amigos, les han traicionado. A Don Mariano y a usted, claro.

Defiende también a Gallardón, el futuro capo, el hombre por todos amado. Hombre, aquí me lo pone más difícil. Usted propone todo un ejercicio de fe. No diré que Don Alberto me parezca un zote como algunos de sus compañeros, pero de ahí a proclamar que es el favorito de la familia popular va un buen trecho. Si me permite una humilde corrección, yo diría que el alcalde representa el punto medio, que en este caso no está relacionado con la virtud aristotélica sino con la admiración y el odio que despierta a partes iguales. Le acepto el piropo porque al fin y al cabo es su pupilo y ha mamado de sus ideas (por un momento pensé en escribir ubres; diablos, no estoy a la altura de su urbanidad).

Lo de la Chacón me alucina menos. Usted lleva el espíritu militar en la sangre, aunque sólo sea porque fue ministro de una dictadura. Lo importante no es el género ni la procedencia sino el mensaje. Un mande firmes emociona y convence a cualquiera. Incluso al capitán interpelado, obediente aunque le desconcentrara/desconcertara el bombo.

Tendría que haberse empleado con más contundencia respecto a la pena de muerte. A cualquier malpensante le suscitará dudas su respuesta. “La pueden aplicar en este momento los de ETA, y nosotros, no”. En este momento es una fórmula que invita a repensar el castigo en el futuro. Más de un ciudadano le apoyaría, pero, a pesar de la calaña putrefacta y ponzoñosa del terrorismo, no cuente conmigo para esa empresa. Ni siquiera un malnacido merece morir por decisión de otra persona que acabaría convirtiéndose en lo mismo.

Me gusta su estilo, cortante y gruñón. Cuando le da la gana, no contesta, o contesta con ese hilo de voz a veces tan inextricable, o entrecierra los ojos y dormita cual fiera que invita a la presa a confiarse antes de recibir el zarpazo final. Impone usted las normas y lo hace con esa vieja autoridad que tanto echa de menos esta sociedad en manos de padres pusilánimes y niños tiranos y cazurros. Son todos unos blandos, Don Manuel, menos mal que usted sigue ahí, incombustible y madrugador, sin parangón en el Senado, donde enciende y apaga las luces.

Corto el rollo. No le molesto más. Sólo una petición de fan: mientras las fuerzas le acompañen, y deseo que sea durante muchos años aún, siga prodigándose. Don Mariano le ha descubierto tarde: es usted su mejor portavoz, el reflejo más brillante de su política-fusión, donde cabe cualquiera con ganas. Déle leña a la Aguirre, al Mayor Oreja y a los liantes Zaplana y Acebes; esos sí que son de derechas. En definitiva, el PP es en parte suyo pues usted lo creó. Nadie más apto para saber qué le conviene.

PD: no sabía que su madre fuese vascofrancesa.

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España e Italia: el factor espiritual

Fede Durán | 8 de junio de 2008 a las 12:54

Riccardo y Vale son mi conexión italiana. Lo admito: el país es una de mis debilidades no sólo porque algunos de mis ancestros proceden de La Bota sino sobre todo porque el azar me ha permitido en más de una ocasión viajar y vivir allá. Cualquier español sabe que el feeling es inmediato y bidireccional. Hedonismo latino bien entendido. Cuando paso unos días con los amigos detecto sin embargo diferencias sustanciales que afectan, dígase así, al espíritu nacional ( y miren que procuro huir de esta palabra). Italia es pesimista. Me lo explica Riccardo. Allí nadie espera nada del futuro. La estructura es el pasado. Si tienen el Coliseo, ¿qué diablos importa quién y cómo gobierne? La traducción arquitectónica de este conformismo implica, por ejemplo, un inmovilismo cerril ante el miedo a lo abigarrado. Es inconcebible que la misma ciudad donde echa raíces la Torre de Pisa albergue un edificio de Moneo, Foster o cualquier autor menos mediático con ganas de innovar. Bilbao o Valencia son dos espectaculares contrapuntos. Entre tantos otros.

Cierto que España muestra a menudo, a veces incluso machaconamente, toda una colección de defectos. Lo del País Vasco podría hasta con Job. El individualismo ibérico desespera (asociacionismo suena a cuento de hadas, y más en Andalucía). Somos potentes coleccionistas de pecados capitales como la envidia. La gente no saluda en el trabajo (¿educación?, ¿eso qué es?) Menuda panda. Pero algo bueno flota en el ambiente. No somos deconstructivos. Respirar optimismo es relativamente sencillo. Madrid es un enjambre en permanente eclosión, todo se reconvierte, todo se expande con un brío que recuerda a los primeros ex convictos que pisaban Norteamérica espoleados por el chip de lo ilimitado. Alrededor crecen los tallos. El sur del trompicón y la chapuza, el sur a veces indolente y otras ensimismado también avanza, aunque su ritmo nada tenga que ver con las bondades míticas que la Junta difunde puntualmente desde su superaparato. Nápoles es una bonita forma de saber que no estamos tan mal.

Quizás nuestro optimismo se basa en la juventud democrática. Uno asume en Italia que Berlusconi roba, pero nosotros seríamos incapaces de proclamar lo mismo de Zapatero o Rajoy sin siquiera una sombra de duda. La corrupción española es más higiénica o, si lo prefieren, menos visible. Juventud divino tesoro bien acompañado de euros. El ladrillo, la obra vallada y la lenta devastación del entorno nos han hecho respetables en el exterior, pero el exterior ha comprendido antes incluso que nosotros que la gallina no pondrá más huevos porque se ha quedado seca. Se supone que es ahora cuando Solbes debería demostrar que no sólo sabe darle baños a Pizarro aferrado a un mayor conocimiento de la teoría; se supone que ZP demostrará por fin lo gran estadista que es (presumir de ser un crack cuando el viento te empuja el trasero no tiene tanto mérito como tragar arena en un día de levante); se supone que el gurú Sebastián y la esbelta Garmendia convencerán a sus jefes de que ya toca I+D (copiar a Irlanda no es malo)… se suponen un montón de cosas que yo no supongo tanto porque ese 25% de sangre genovesa que corre por mis venas debe estar contaminada de pesimismo italiano.

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Vicios de cada día

Fede Durán | 3 de junio de 2008 a las 12:27

La actualidad viene tan pelada últimamente que, por escapar de la corrosiva depresión que provoca, se me ocurre comentar algunos de los más habituales vicios periodísticos. En toda redacción se trabaja con teletipos. Incluso las firmas más ilustres lidian de cuando en cuando con alguno. La misión de un redactor es embellecer la materia prima, desbrozarla, pulirla hasta que el matojo parezca un bonsái. Si de paso consigue atraer la atención del lector con un titular atractivo que reduzca el efecto hastío, óptimo.

Para que nadie se cabree demasiado, no haré distinciones entre agencias. Caben todas en el saco. El pecado es en cierta forma lógico por la inmediatez de la información. Diez dedos (o dos) dedicados a procesarla en tiempo real no reparan en el romanticismo del estilo. Corresponde al guerrero incrustado en su sala de luz artificial, aire acondicionado contaminado y ordenadores cegadores desfacer el entuerto con paciencia y optimismo, los únicos antídotos para retrasar la locura. Creánselo: nadie dispone de los recursos lingüísticos necesarios para salvar cada día y en distintos momentos los recurrentes obstáculos de la cadena de producción.

Les resumo las coletillas con más impacto y presencia.

1. La Familia Parte. Incluye básicamente tres fórmulas: por otra parte, por su parte y la muy de moda por parte de. Esta última es una expresión tan fea que causa espasmos. También se han aficionado a ella en la tele. El amigo Andrés Montes, por ejemplo, dice “falta por parte de Robben” en lugar de la más sencilla y aseada “falta de Robben”.

2. El enigma irresoluble del Así. “Así, Pepito agradeció la presencia de sus compañeros y rivales”. ¿Así? ¿Cómo? ¿Imaginamos al protagonista extendiendo los brazos en un abrazo imposible al auditorio, alzando un dedo al cielo, indicando con los pulgares el dorsal al estilo Raúl?

3. Los aditivos. Apunten: Asimismo, además, también. Son pistolas de una sola bala. Cuando aprietas el gatillo dos o tres veces (siendo muy, muy benévolo en la cuantificación de la redundancia) la cosa pierde su gracia.

4. La vía Ángela Channing. Es imposible enfrentarse a un mientras tanto/entre tanto sin concluir que en ese mismo instante una conspiración bajofondista se cuece en los despachos del poder oficial u opositor.

5. Equipado hasta los dientes. El magnífico con todo, sinónimo de sin embargo y no obstante que evoca una especie de capacidad blindada para hacer frente a cualquier adversidad con el kit más profesional del mundo. Escudo antimisiles, pastillas potabilizadoras, latas de melva canutera.

6. Soltando carrete. En este sentido y en esta línea son construcciones continuistas o de enlace que permiten alargar el párrafo y trasladar al cansado comprador de noticias al idílico entorno de un lago con cañas y peces que siempre pican.

7. La causa. Ahí está el famoso por ello posando en el escaparate, impertérrito, orgulloso de su cursilería, deseoso de desentrañar los porqués del universo. Esto sucede por ello otro. O por ello acontece lo de más allá. Sin discusión, la piedra filosofal de toda agencia.

8. Satán. La más destructiva la he reservado para el final. Acomoden el trasero en el asiento y agarren los posabrazos como si fuesen a despegar. El rey tiene un nombre: y es que. Si me sereno y supero la inicial sensación de bloqueo mental (aliñada con una honda congoja de origen desconocido), soy capaz de atribuirle a la frase una intención amigable, casi de familiaridad, como si el abuelo apurara su penúltimo carajillo antes de abordar la parte más picante de su vieja historia.

Dos caídas nunca son iguales

Fede Durán | 31 de mayo de 2008 a las 13:03

Nunca. Es la grandeza del género. La caída como arte y a la vez metáfora. La universalidad de su acción. Ayer le toca a Fidel y hoy a nuestro amado Rey. Qué diferencia entre ambos patinazos. Para el dictador cubano supuso el comienzo del fin. Una convalecencia tan larga que se prolongará hasta mucho después de la línea del horizonte, cuando Cuba sea otra cosa y ninguna manaza autoritaria baje del cielo (o ascienda desde la lava) para cambiarla. Es verdad que el Monarca goza de la ventaja competitiva de la edad. Un puñado de años menos equivale a unos gramos de reflejos más. Si Castro senior apenas tuvo tiempo de preparar el impacto con dos brazos aún encogidos por la sorpresa, Don Juan Carlos reconvirtió el guarrazo en una especie de elegante resbalón. El hombre, que tiene muchas tablas a estas alturas, fue inmediatamente rodeado por un enjambre de auxiliares (si no monárquicos sí al menos solidarios) que veló la escena con exquisita previsión protocolaria. Después se deshizo el nudo y allá apareció él de nuevo, erecto y sonriente, paso decidido, mano tendida a Lara.

Es el contraste entre un viejo régimen que a duras penas contiene las ganas de cambio (llámese también capitalismo, o parné, o el sueño de tener en casa y hablar en la calle lo que se ve en la tele e internet) y una Corona a la que la pedrería no le tuerce el cuello. Nuestro Rey es como cualquier otro español: tiene incrustado en el instinto el chip de la relatividad del ridículo porque el ridículo no es más que la antesala del regreso a la dignidad. Fidel, pese a sus genes gallegos, no pudo tirar del chip porque está mayor y además se partió algún hueso. Si no, también se habría levantado y ofrecido la temblorosa mano a cualquier guardaespaldas con guayabera sin reparar en la identidad del elegido ni en el pavor dibujado en su cara por ser el primero en saludar al caído.

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¿Cuándo se cierra España?

Fede Durán | 27 de mayo de 2008 a las 11:48

Nadie lo sabe. O quizás sí. España, es decir, el modelo de Estado, no se cerrará nunca. Los nacionalistas jamás lo consentirán. ¿Qué sentido tendría que existieran ellos si los contornos del mapa ya no se pueden tocar? Este país no tiene forma de piel de toro sino de bucle y pierde demasiada energía en la metafísica cuando la realidad contante y sonante de las finanzas nos atosiga por todos los flancos. En este contexto, es casi milagroso que el País Vasco no se hunda pese a ETA y experimentos psicopolíticos como el Plan Ibarretxe. ¿De verdad tienen estos tíos tiempo para pensar en el I+D, el cambio climático o las subvenciones para paliar el perverso efecto hipoteca?

Que se lo digan a Jon Juaristi. O a Mira Milosevich, una especie de discípula del iconoclasta del nacionalismo vasco que se atrevió a escribir un libro en castellano pese a ser serbia (Los Tristes y Los Héroes). Estas últimas noches dejo que sus páginas me acunen. Ya amarillentas, con ese agradable olor a viejo de las novelas míticas (el libro lo usurpé de la biblioteca paterna), las cuartillas me aclaran conceptos aparentemente básicos. La balcanización, por ejemplo, que ella define como la creación de Estados dentro de un Estado hasta hacer insostenible el sistema. Es lo que consiguió, muy esmeradamente, Tito. Yugoslavia es una ficción de corta duración (1918-1941 y de 1943 a la debacle que comenzó con Eslovenia en 1991) cuyo cordón umbilical fue el comunismo, no el patriotismo. Recuerden que Aznar utilizó ese término para referirse a España. Da miedo pensarlo, aunque la comparación sea demasiado inexacta. España es un país viejo. Aunque los siglos no le sirvan para librarse del problema.

Vale, no divago más, regreso al principio, al cogollo, al corazón del asunto. ¿Cuándo se cierra España? Como Santiago ya no está para estos trotes, habrá que recurrir, una vez más, a la política ficción. Se me ocurren varias opciones:

1. España se cierra cuando regrese a los orígenes. Dice la Misolsevich que los serbios son lo más parecido de la ex Yugoslavia a Castilla. Pues ya está.

2. Los nacionalismos se disuelven por propia voluntad al haber exprimido, con la actualización de los estatutos, su capacidad de autogobierno (dentro del marco constitucional, se entiende).

3. España se convierte en un Estado nominalmente federal sin capital fija ni moneda común ni ejército ni bandera unificadora. Eso sí, se mantienen las ligas de fútbol y baloncesto y se excluye con pavor la idea de las audanas y los aranceles, vaya a ser que alguna empresa pierda parné por aquello de la eliminación del fraternal mercado compartido.

4. Portugal, Francia y Marruecos se reparten España.

El lector puede enriquecer los limitados recursos del autor con alternativas adicionales.

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El Guateque

Fede Durán | 22 de mayo de 2008 a las 16:43

Hoy me van a disculpar. Probablemente les aburra con el tema de moda, que no es el polo lacoste del etarra López Peña sino la crisis del PP. Intentaré ponerme serio en algunos pasajes del análisis.

Veamos cómo está la cosa. De un lado tenemos a Rajoy, asesorado por Lassalle, secundado por González Pons y Moragas, adulado por Gallardón, protegido por Camps, Arenas, Sirera y Valcárcel. De otro sólo nos llega la silueta desdibujada de una nebulosa que englobaría a Aguirre, San Gil, Arístegui, Mayor Oreja, Zaplana, Acebes y Aznar. En el limbo, por ahora, permanecen Juan Costa y Manuel Pizarro, aunque es cuestión de tiempo que se decanten por el adiós o, más emocionante aún, la patada al jefe y el refuerzo de la facción enemiga.

¿Qué intenta Mariano? Aparentemente, desbrozar el jardín para colocar semillas nuevas que entusiasmen al espectador cuando germinen. El viejo reclamo de la renovación. Parte Lassalle del supuesto de que la línea dura que representaba el tándem Acebes-Zaplana ha cerrado demasiadas puertas al PP. Y, como las mayorías absolutas son excepcionales, como toca a menudo entenderse con otros, lo lógico es flexibilizarse. Yo tenía entendido que Rajoy, como cualquier otro político que se considere íntegro, defendía unos principios. Aquí sí es bueno el inmovilismo. Uno no pasa así como así del racismo a la universalidad, o del Barça al Madrid, o de la sensibilidad a la pena de muerte (vale, hay excepciones: muchos cambiaron el franquismo por la democracia y ahí siguen). Si antes no podía ni ver a los nacionalistas, ¿por qué ahora sí? ¿O es sólo que ya no descarta hablar con ellos por salvar las formas aunque sus conclusiones sean las mismas? La dulcificación que pretende sería más verosímil si la gestionara otra persona. Él ha defendido postulados opuestos a los que propondrá en el congreso de junio. O tal vez es que vuelve a tener problemas de comunicación.

¿Qué intenta la nebulosa? Desde luego, debilitar al rival. Si el buitre vuela en círculos hasta que el moribundo se rinde y yace; el núcleo duro y presuntamente agraviado aguarda paciente que Rajoy boquee, estalle y colapse sus circuitos neuronales. El problema es que nadie agarra el estandarte para colocarse al frente. No hay una alternativa visible. Aguirre no quiere jugársela tan pronto (los últimos acontecimientos sin duda han logrado variar su percepción pesimista: ya no es tan difícil disputarle el mando a Rajoy). Zaplana ha cambiado las ideas por los millones. Acebes está deprimido (pese a la plataforma Save Acebes, promovida por los cachondos de Polònia, el gran programa de humor político de TV3). Aznar no volverá (por favor). Mayor está en Bruselas (más por favores). Y me siento absolutamente incapaz de imaginar sorpresas tipo Ana Botella sin añadir al natural sobresalto la tentación del exilio.

Unos y otros se han olvidado de que existe el Gobierno y, por extensión, el PSOE, de forma que en esta lucha es justo la familia socialista la que emerge con poderío. Por suerte para la democracia y por desgracia para Zapatero, la memoria es breve en política y cuatro son muchos años de legislatura, suficientes para que quienquiera que asuma finalmente las riendas populares enmiede el embrollo y plante cara con alguna posibilidad de victoria.

Y, al estilo Arcadi Espada, ahí va mi coda: Señores del PP, barones y marquesas, empleados y filósofos, afiliados y donantes, reciban mi más sincera felicitación. Siempre he reprochado al partido su funcionamiento autoritario y monótono. Esta catarsis desmonta la crítica. Admito mi error y pido disculpas. Asistir al espectáculo que nos brindan cada día evoca el placer de disfrutar de películas míticas como El Guateque. Con Peter Sellers en pantalla, igual que con Mariano y Esperanza, uno comprende las bondades terapéuticas del caos.

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El supervasco

Fede Durán | 21 de mayo de 2008 a las 12:16

Abro mi correo electrónico y detecto entre la maraña un mensaje de título llamativo: El Supervasco. Me lo envía Fernando Gómez Luna, joven cineasta adicto a la política (aún quedan, menos mal). Aunque de buen verbo y mejores ideas, Fernando no se anda por las ramas. Sólo añade un nombre al enunciado. Javier López Peña. ¿Quién es este tío?, se preguntará la mayoría. Reconozco que mi primer pensamiento, propulsado por un recuerdo facilón, me ha conducido al Superhombre de Nietzsche. Los nazis le usurparon la idea y la aplicaron a su alucinógena realidad, así que algo de eso hay. Pero lo más normal es concluir que López Peña es un anónimo currela, o un prometedor central de segunda división, o tal vez el penúltimo poeta cordobés.

Nanay. Se trata más bien del número uno de ETA. Ya lo sugieren sus vasquísimos apellidos. Qué despistados somos. No comprendemos que la integración (o el síndrome de Estocolmo) tiene estas cosas. El que llega de fuera abraza un nuevo credo con tanta vehemencia que acaba superando a los inventores. Hasta su Rh debe haber cambiado el más por el menos gracias a la mímesis. En el fondo, ocurre a menudo. No sólo contamos con el triste ejemplo vasco o con su equivalente light catalán y gallego, donde chicos con acento andaluz, extremeño o murciano votan a ERC o el BNG (ojo, nadie dice que eso sea nocivo; allí no se mata por las ideas). Europa está plagada. Bosnia es un magnífico referente. Los bosnios no son bosnios. O no lo eran. Bosnia es un sandwich entre Croacia y Serbia. Croatas (católicos) y serbios (ortodoxos) son eslavos y comparten idioma. Los turcos, que pasaron entre dos y cinco siglos en los Balcanes según la zona, convirtieron o forzaron a abrazar el islam a quienes vivían en esa franja, de forma que crearon otro país cuya raíz diferenciadora fue la religión. Díganle hoy a un bosnio que en realidad es croata. O serbio. O, mejor, ambas cosas.

López Peña. Veo sus fotos en internet. Es un tipo orondo. Lleva gafas (milagro, no son de pasta) y un polo del cocodrilo. Una mata de pelo le asoma bajo el cuello. Barba de dos días, orejas pequeñas, expresión fiera. Varios polis de paisano alrededor. Pese a las deficiencias de una imagen congelada, parece que amenaza a todos. Tened cuidado conmigo, advierte su mirada. Lo meten en un coche. Tras la ventanilla, sigue amenazando. Quién sabe dónde lo llevan. Según el PNV, EA y EB, debería tener miedo porque el Gobierno tortura a los terroristas. No traslada esa sensación. Su máscara retadora esconde posiblemente una convicción opuesta: en la cárcel, entre tribunal y tribunal, vivirá protegido y respetado. Tendrá su propia tele, prensa gratuita, conexión a la red y quizás hasta jamón de bellota (español, por supuesto).

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