El efecto Bruni

Fede Durán | 9 de abril de 2008 a las 16:53

Me mola el efecto Bruni. Un soplo de aire fresco en la antipática actualidad política. Es una hermosa dama (tampoco Cécilia le va a la zaga) cuyo poder anatómico oculta una facultad mucho más potente: el absoluto dominio que ejerce sobre el sector masculino, tan babeante, tan previsible en cuestiones sentimentales. No me refiero sólo a las muecas de Sarkozy, tan histriónico que resulta complicado diferenciar cuándo ríe y cuándo llora, sino al embeleso de todo un Gordon Brown durante la visita oficial de la pareja al Reino Unido, a los pinitos casanovescos del duque de Edimburgo (pobre, está acostumbrado a la Reina de Inglaterra) o a la pleitesía de Mubarak o, más recientemente, Francisco Camps.

Todos (ellos) quieren fotos con el dúo de moda. Todos (ellos) pugnan por arrimarse y sentir que el glamour ya no lo aporta el celuloide norteamericano sino las cantantes reconvertidas en primeras damas, quienes por extensión impregnan con su aura a sus consortes. Porque, no se engañen, aquí el secundario es Sarko, mal que le pese.

¿Podría ocurrir al revés? ¿Es factible que una presidenta del Gobierno o de la República se divorcie, reenamore y case nuevamente con una celebridad sin que nadie se tire de los pelos? Por poner: la señora Aguirre le roba la cartera a Rajoy más temprano que tarde, vence a Zapatero o a su sucesor en 2012 y una vez en el poder conoce a… no sé… Tom Jones. Asistiría en Las Vegas a sus conciertos, compartirían el yate de él y las fincas de ella, serían recibidos con éxtasis por Merkel o la Kirchner y contarían por millares las solicitudes de cumbres bilaterales que en verdad serían cuartetos. Mejor aún sería que el romance fuera con Sabina, que es más feo que el tigre galés pero vota al PSOE, con lo que el morbo estaría garantizado. ¿Qué cara se le quedaría a quienes observan con simpatía los pinitos seductores de NS? ¿Cómo arrancaría la habitual supercarta dominical de Pedro J. tras el desliz de su favorita? La igualdad efectiva significa también contar con las mismas posibilidades de acceso a la frivolidad. España será un pelele democrático hasta que cuente con una jefa en Moncloa que además sea fiel reflejo de la sociedad de la que procede, aficionada al chascarrillo, al Hola, al famoseo. Magdalena Álvarez, que reunía las condiciones para lograrlo, ha desbrozado parte del camino, pero sus aspiraciones, ay, se han quedado a medias. No nos falles, Espe.

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Micromemorias II (el contacto)

Fede Durán | 7 de abril de 2008 a las 11:28

Cuando uno escribe de política, su materia prima, su objeto de deseo y a veces también de desprecio son los políticos, claro. Dianas de dos patas que se deslizan entre despachos y pasillos, bien escoltados por asesores trajeados y orgullosos con aires de suma importancia. Hay que ser pillo, escoger bien el momento, vender el producto, la familia profesional a la que perteneces, la difusión que representas.

El jamón de bellota eran Maragall, Mas, Carod y Piqué. No aceptaban entrevistas con menos de un general. Un redactor raso no bastaba salvo que acudiera con refuerzos. Ocurre siempre, en Cataluña y en Lima. Además, si milagrosamente accedían a entablar contacto con un pagano, imponían sus condiciones, que suelen ser dos: la presencia de alguien de confianza en la sala (una especie de inquisidor light) y el derecho a la transcripción de lo dicho, por si consideran necesario desdecirse.

Era mejor aspirar al jamón de york. Había tanta variedad como flexibilidad. Y en casi todos los partidos encontrabas a alguien competente y, lo más importante, con ganas de charlar. Miquel Iceta (PSC) era un buen ejemplo. El tipo que siempre devuelve las llamadas. También cumplía Joan Ridao (ERC), una de esas personas que derriban el tópico de que los políticos se dedican a esto porque no saben hacer otra cosa. Los muchachos de ICV-EUiA no defraudaban: cuanto más pequeño es un partido, más accesible se muestra. Bosch y Miralles eran capaces de recibirte en sus despachos sin que tuvieras la sensación, tan común otras veces, de que te hablan desde un pedestal. Más exigentes eran las cribas de CiU: sus portavoces fueron durante años consejeros y conservan por ello un aura divina difícil de borrar. Aun así, tras los oportunos formalismos, al final la petición colaba y escuchabas a todo un ex conseller Puig confesarte sus miedos y esperanzas. Caso aparte era Francesc Vendrell, portavoz del ex PP de Piqué, radicalmente tímido, extraterrestre en esto del intercambio de información.

Para picar piedra, que en definitiva es la actividad más habitual de todo cronista, están los figurantes, actores terciarios dispuestos a echar un cable a cambio de sentir que contribuyen a formar la opinión de un país. Descubres entonces la parte humana de esas máquinas del discurso y el reproche. Lídia Santos comenzaba a enamorarse del flamenco y no dudaba en pedirme asesoramiento (escucha a Son de la Frontera, Lídia, le sugería). Joan Ferran se destapó como un entendido de la cocina griega. Joan Herrera sabía explotar el puente aéreo para no perder contacto con Barcelona y con sus fuentes nativas y adoptivas. Cruzaba apuestas con Marina Llansana sobre futuros Governs y elecciones. Y por el Parlament andaba entre el tráfago Dani Sirera, indefectiblemente pegado al móvil susurrando frases en castellano, quizás sin imaginar que algún día sustituiría por sorpresa al jefe.

El contacto era agradable. Pese a la leyenda negra que han contribuido a alimentar personajes como Carod, allí el nivel es alto. Los escaños exudan un sincero interés por los asuntos públicos (aunque a menudo, por desgracia, éstos se confundan con el debate metafísico). Estimulante, por cierto, el dinamismo bilingüista: preguntas en castellano, respuestas en catalán, frases híbridas, preguntas en catalán, respuestas en castellano, así hasta cerrar un círculo de enorme diámetro. Si la heterogeneidad es enriquecimiento, regresé a Andalucía forrado.

La niña de Rajoy

Fede Durán | 1 de abril de 2008 a las 12:15

Cambian las caras, sigue el megalíder. ¿Prefieren a Zaplana o a Soraya? Al primero lo conocemos bien, así que cada cual tendrá bien formada su opinión. A la segunda la hemos seguido menos. Hasta ahora su tarea política se ha desarrollado entre bastidores, donde no importan las cámaras sino los resultados. Tiene buena prensa entre enemigos, aval poderoso en cualquier ámbito. Dicen que es dialogante, juvenil, expansiva. Toda una oda a la vida, o más concretamente a su fase primaveral. Concedámosle pues esas medallas. Pero miremos también al futuro. ¿Tiene esta mujer el caché suficiente para ejercer de portavoz en el Congreso? En esa galera (porque es una galera y de las más duras) las buenas intenciones cuentan bastante menos que el poder persuasivo de la palabra. ¿Habla contundente, brillante, pulcramente Soraya? Habrá que esperar para saberlo. Al otro lado del ring le aguarda un hombre aparentemente sensato, el ya casi ex ministro Alonso, receloso de la exageración o del matonismo ideológico. Sobre el debilucho papel de la política, este par de diputados podría ofrecer a los españoles la primera legislatura apacible del siglo. Serían cuatro años tan aburridos como gratificantes. Menuda paradoja.

De todas formas, lo que más incordia es ignorar qué va a decir la protegida de Rajoy. Será la voz de su amo, por eso crece la expectación, ya que al gallego le encanta jugar al escondite y actuar a través de marionetas. Aún nadie sabe cómo planteará la legislatura. ¿Más leña al mono? ¿Ponderación? ¿Esquizofrenia? Danos pistas, Soraya, y hazlo con suavidad, como te gusta, para que aunque no celebremos lo que oímos podamos respetarlo y a veces hasta entenderlo. Sólo entonces se habrá reconvertido modestamente el PP. O, mejor dicho, habrá reconvertido sus formas. Rajoy, el diputado inescrutable, seguirá siendo custodio del fondo. Y eso ya no resulta tan excitante.

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Micromemorias I (el contexto)

Fede Durán | 29 de marzo de 2008 a las 13:03

Qué importante es el maldito contexto. Comienzas en esto del periodismo y no reparas en él. El optimismo del bisoño, supongo. Mis primeros pasos puramente políticos los di en el Parlament catalán, unas viejas cuadras reconvertidas en democrática casa del pueblo. Bonito sitio. Algo lóbrego, pero bien situado, Parque de la Ciutadella, loros ex presidiarios y olor a hierba por las mañanas. Era el único andaluz; el resto de colegas, de la tierra. El subdirector te firma una autorización, los administrativos tramitan el permiso y te presentas allí algo desorientado, con acento del sur, pidiendo muy amablemente tu acreditación y asegurando al mismo celoso bedel que meses después será tu compinche que no te has equivocado de sitio.

Subes las escaleras forradas de alfombra roja ( a veces también hay flashes, como en Hollywood) y te paseas por allí en busca del faristol. Lo encuentras. Están todos los demás. Te miran extrañados. Un intruso. Un rival (uno más). Coges sitio, abres la libreta, compruebas que el boli funciona y acabas contando ovejas hasta que aparece, siempre impuntual, el primer portavoz parlamentario.

El catalán se incrustó en mi cerebro a empellones, sin periodos de adaptación, en bruto. Oía a esos tíos y entendía la mitad. Por la noche, en casa, ponía a Buenafuente. Su programa en TV3 era mil veces mejor que el de ahora. Me eché una novia nativa. Mejoré un montón, hasta el punto de que a los tres años cambiaba de emisora sin ser perfectamente consciente de qué idioma escuchaba. Integración por supervivencia, se llama.

Cada día daba un paseo hasta las cuadras reconvertidas y buscaba información. Es complicado. Por definición, el periodista, sobre todo el político, se cree el rey del mambo. Nadie te echa un cable. Es un círculo cerrado, como en el cole. Al nuevo no se le habla, aunque los años pasen y se convierta no sé si en veterano pero sí al menos en un decente conocedor de la selva. Te acabas acostumbrando. Mantienes la sonrisa, saludas educadamente y construyes tu propio mundo.

Esas ansias de ostracismo tienen quizás una explicación. Para aguantar mucho en esto o te conviertes en un pelota o te consolidas como marciano. Los pelotas, que también son el pelotón, necesitan relaciones de exclusividad con sus fuentes. Y lo exclusivo, es obvio, no casa con el trabajo en comandita. Yo siempre he ido por libre, así que reivindico con orgullo mi condición de marciano. Los periodistas no somos estrelllas; tan sólo asalariados. Y en la vida, me lo enseñaron un par de antepasados, mejor conducirse con nobleza. Que la cara de limón la muestren otros.

Por cierto, los políticos catalanes me hicieron caso. Ellos sí me hablaban.

Dispuesto a batir el récord

Fede Durán | 25 de marzo de 2008 a las 13:42

Manuel Fraga, 15 años de presidente autonómico. José Bono, 21. Jordi Pujol, 23. Juan Carlos Rodríguez Ibarra, 24. Si Manuel Chaves cumple su propósito de repetir como candidato a la Junta en 2012 y además gana (cosa probable en la monolítica Andalucía), establecerá el listón en la muy estratosférica cifra de 26 años. Imagínense tanto tiempo con el mismo jefe. O con el mismo coche. O con las mismas sábanas. Escalofriante.

Parece que el propio Chaves no tiene claro si sirve para otra cosa. Como jurista no se le conocen grandes méritos. Lo suyo es mandar, que no decidir, pues para esta tarea ya cuenta con un notable séquito encabezado por Zarrías. Mandar, pues, viene a ser para el líder algo así como constar. A lo grande, se entiende. Con una tele que lo mima y mitifica su mensaje y sus cualidades. Foco y maquillaje, palio y peloteo.

Todos sabemos que los políticos odian que les toquen sus mecanismos de poder. Nada de cambiar las reglas. Si los ciudadanos me votan, me quedo hasta la muerte. O casi. ¿Por qué no una limitación de mandatos? Hugo Chávez, casi tocayo del nuestro, quiso eliminar esa restricción y Occidente poco más y se lo come. La indignación está bien cuando uno es consecuente, pero en España ni el tato está por la labor. Nuestro único ejemplo es Aznar, tan chungo en tantas cosas: el tío será insoportable, pero se comprometió a estar ocho años en Moncloa y cumplió su palabra. Zapatero, por cierto, no ha dicho ni mu. Apuesto el pescuezo a que se postula también en 2012, aunque sólo sea por conservar ese bello paralelismo hispanoandaluz.

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Libros vitales para un curioso

Fede Durán | 24 de marzo de 2008 a las 18:39

Cada cierto tiempo me propongo sugerir la lectura de algunos libros no necesariamente vinculados a la política. Un poco de aire siempre sienta bien. Ahí va el (modesto) listado.

Cualquier buen periodista les hablará inexorablemente de Ryszard Kapuscinki (1932-2007). Es fácil comprender por qué se trata de un tótem. Vivió en África no como un europeo sino como un oriundo más, mezclado, no implantado, y aprendió a comprender el continente. Ébano recoge sus casi dos décadas de viaje africano y es, para mí, el ejemplo más plástico y ameno de su obra. Descuiden, no se enfrentarán a las típicas memorias tostón. Sus ensayos se disfrazan de novelas. En clave mucho más irónica, podrían añadir a la cesta El Antropólogo Inocente, del muy flemático y por lo tanto británico Nigel Barley (1947), un excelente compendio de las calamidades que atormentan al hombre blanco en tan silvestres tierras.

Otro crack de las letras, quizás desde una perspectiva más sociológica, es Robert D. Kaplan (1952), uno de esos observadores compulsivos para los que tan importante es lo que se cuece en las Antípodas como en su propio patio trasero. Apunten dos opciones. Viaje al Futuro del Imperio disecciona la realidad demográfica de EEUU y sus consecuencias en las próximas décadas. Fantasmas de los Balcanes (no sé si es la traducción elegida por los editores, el original es Balkan Ghosts), su primer gran éxito tras varios portazos, contó con el respaldo involuntario de Bill Clinton, que una buena mañana apareció con el tomo bajo el brazo en la mismísima Casa Blanca. El resto fue coser y cantar.

Como los clásicos nunca mueren y también existen perlas en el panorama patrio, nada mejor que una incursión más o menos exhaustiva en el universo costumbrista e históricamente impecable de Benito Pérez Galdós (1843-1920) y sus Episodios Nacionales. Son cuarenta y seis entregas, así que mejor tomarlo con calma. Las seis o siete primeras, desde Trafalgar hasta Las Cortes de Cádiz, niegan cualquier concesión al aburrimiento. Completar la colección ya depende de la tenacidad del lector.

Quien avisa no traiciona, así que me permito la libertad de añadir algunos títulos estrictamente literarios. Por ejemplo, El Cadillac de Big Bopper, de Jim Dodge (1945), similar en espíritu pero superior en las formas y la estructura a Kerouac; Tokio Blues, de Haruki Murakami (1949), engañosamente naif en el arranque pero espectacular en el desarrollo; Dientes Blancos, de Zadie Smith (1975), un retrato de la Inglaterra inmigrante tan rutilante que abruma; y cualquiera de Raymond Carver (1939-1988), maestro del minimalismo y de lo cotidiano elevado a la categoría de thriller.

Será un honor que sigan alguna de mis recomendaciones.

Un saludo.

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¿Y si copiamos a los yanquis?

Fede Durán | 24 de marzo de 2008 a las 12:39

Depresión posvacacional. Nubes invisibles sobre el sol. Lluvia disfrazada de calor. Aquí estamos una semana después, impacientes por desempolvar la rutina y diseccionar esa vida política que tanto nos apasiona. Lectura sumaria de periódicos. Las cabeceras no han cambiado. Tampoco los directores ni los formatos. ¿Y las noticias? Buf. Monolíticas, previsibles, machaconamente repetitivas. Zapatero quiere llevarse bien con todos, sobre todo cuando se hable de ETA. El PNV dice que la simpatía tiene un precio. El PP aún está demasiado pendiente de su presunta renovación como para hacer caso al PSOE. En Cataluña todos miran de soslayo a ERC, que dice que se divorcia de sí misma (ya saben, Carod y Puigcercós). Andalucía es cosa aparte. Allí un cambio es lo mismo que una revolución, y éstas florecen de siglo en siglo. Murcia y sus ladrillos. Valencia y su sequía. Galicia y su morriña. El mapa sigue igual.

Queremos marcha. No sé, quizás unos bailes, un coro, algo más yanqui que coloree el panorama. Nos atiborran de campaña y, cuando nos acostumbramos, nada. Búsquense las papas, nos dicen. Sazonen su propio aburrimiento. Habrá que reinventar el arranque de la legislatura. Seguro que algún escándalo espera con ilusión ser descubierto. Líos de faldas a lo Spitzer, nuevas primeras damas a lo Sarko, cartas de amor a lo Berlusconi. La política como expresión de la telenovela. España es un tostón pese a su fama folclórica. Tantas cosas copiadas del Imperio, de la Gran República y del Paese Fratello y nos dejamos en el tintero lo esencial.

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Cambia de nombre, José

Fede Durán | 17 de marzo de 2008 a las 13:01

¿Conocen a Marta Ferrusola? Sí, la esposa de Jordi Pujol, aquel tipo bajito que sin embargo acomplejaba a sus interlocutores políticos gracias a una personalidad arrolladora. Bueno, pues la señora Ferrusola, ya lo habrán leído, deplora que un president de la Generalitat se llame José en vez de Josep. Ella representa una línea de pensamiento basada en los galones que dan las raíces, o la raza, que suena peor pero al final quiere decir más o menos lo mismo. Es innecesario repetir los argumentos que desmontan rápida y fácilmente la rancia filosofía ferrusolesca. Lo extraño es que esas palabras vengan de quien vienen. No porque sea alguien socialmente relevante (no lo es, aunque quiera o lo sienta), sino porque es la media naranja de un político que sí lo fue. Pujol no tardó en desmarcarse de sus reproches. Para él, que a Montilla lo preceda un José es la principal muestra del talante tolerante y acogedor de los catalanes, que eligen a un emigrante como líder espiritual (tampoco es así exactamente; los pactos parlamentarios y la voluntad popular no son siempre coincidentes; que se lo digan a Mas). Si de veras piensa eso, y ningún malévolo mecanismo me empuja a concluir lo contrario, resulta algo estúpido que su mujer lo ponga en un brete. Porque, dicho sea de paso, quien pone en un brete a Pujol también empuja al cadalso a CiU, que viene a ser una especie de holograma del ex presidente más querido y recordado. Lo suyo habría sido que Jordi y Marta (qué lástima que no haya una variante catalana de su nombre, madam Ferrusola, así podría usted recalcar su singular identidad sin miedo a que la confundan con una andaluza) aclarasen posturas en la intimidad del hogar para salir después a la calle con la tranquilidad de las mentes armónicamente coordinadas. Vale, diría ella, José debería ser Josep, aunque hable un catalán de pena y haya nacido en Iznájar, pero me lo guardo para mis memorias, que algún editor untuoso sabrá publicar en el momento adecuado (quizás cuando Monti ya no esté). Lo mejor es que la Ferrusola soltó su reflexión en una entrevista concedida a RadioTaxi, granero del emigrante, es decir, del extrarradio barcelonés, es decir, de las tres o cuatro generaciones de Pérez, Fernández o Chacones que a veces dudan si votar al PSC de siempre o pasarse a ERC o CiU. Agradecerán sin duda el gesto de la chica Pujol. Es más cómodo vivir sin dilemas.

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Raca raca la matraca

Fede Durán | 13 de marzo de 2008 a las 12:42

Rajoy ha decidido seguir. O presentarse a la reelección como líder del PP. ¿Se equivoca? Desde su perspectiva, evidentemente no. Desde el exterior, probablemente sí. Ha tenido dos oportunidades para vencer a un rival, Zapatero, al que siempre ha desdeñado. Si tan superior es, ¿cómo ha podido sucumbir? ¿No están los electores a la altura de su pensamiento? ¿Prefieren quedarse con el simplón y traicionero Z? En esta tercera entrega de su carrera hacia Moncloa tendremos la oportunidad de comprobar cuáles son las novedades de su discurso. Porque ésa es otra: la mayoría de votantes ha dejado claro que el catastrofismo no le pone en absoluto. El hollín y los troncos quemados, para las novelas de Cormack McMarthy (La Carretera, Mondadori; cómprenlo). Escribe hoy Javier Moreno en El País que, en cierta forma, Mariano tiene la oportunidad de reinventarse hasta parecerse un poquito a las derechas más modernas de Europa. La reflexión es optimista porque implicaría una honda transformación psicológica del personaje, obligado por la realidad de la voluntad ciudadana a modular palabras y sobre todo ideas. Si Z le ofrece un pacto antiETA que cumpla sus expectativas (tampoco esto deja de ser un ejercicio desorbitado de optimismo), ¿aceptará? ¿Desbloqueará el Consejo General del Poder Judicial? ¿Acatará la sentencia del Constitucional sobre el Estatut aunque no le satisfaga? ¿Olvidará (olvidaremos) el 11-M y aquello del presidente accidental?

Rajoy también necesita amigos. La involución del PP en Cataluña debería empujarle a una catarsis tipo Osho. Por mucho que apuntale Madrid o Valencia, por más que cíclicamente las distancias se recorten en Andalucía, 17-18 escaños suponen una diferencia abultada. Es otro motivo para endulzar el perfil, protestar cuando toque, construir desde la oposición e inhumar viejos fantasmas. Por cierto, un día, hace no tanto, el PP era el primer partido constitucionalista en el País Vasco. Nada queda ya de aquellos tiempos.

Luego está la renovación orgánica. Suena extraterrestre que el aspirante doblemente derrotado se presente en junio al cargo de comandante en jefe sin que nadie ose plantear alternativas. Decepcionante la timidez de Aguirre ante las cámaras cuando le cuestionaron sobre sus intenciones. Empalagosa la sumisión de Camps y Arenas. Comprensible la rendición del solitario Gallardón. Dicen en Génova que no están acostumbrados a pensar sino a que una voz autoritaria les dé hechos los deberes. Por eso les alivia la insistencia de don Mariano. Qué más da que gane o pierda en 2012. La vida son dos días. No importa perderlos en busca de una meta esquiva.

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Obama sólo hay uno

Fede Durán | 12 de marzo de 2008 a las 13:05

Julián Álvarez quería ser otro Obama. La gran nueva esperanza de la política andaluza, hundida en sus propias miserias desde tiempos inveterados. Cierto, es una persona con ideas, buen verbo y cierta bondad difícil de ver en otros compañeros del gremio. El tipo creía en sus posibilidades. Pero Andalucía no es EEUU ni Álvarez pertenece a una maquinaria tan poderosa y engrasada como el Partido Demócrata. Su estrategia para preparar la campaña partía del propósito, logrado al fin, de unificar las diversas corrientes del nacionalismo medirional. El hermanamiento entre ex hermanos llegó tarde. Había, asimismo, un elemento de riesgo en su concepción de la partida del 9-M: el flanco oriental de la comunidad (Almería sigue siendo rara avis, como si el efecto del referéndum de autonomía fuese imborrable) quedaba totalmente descuidado. Quiso centrarse en sus feudos tradicionales. Feudos de baja intensidad, se entiende, porque jamás soñaría Coalición Andalucista con lograr más de un escaño por provincia. Y el desenlace ha sido el conocido. Cero diputados. Declive imparable. Un Parlamento regional empobrecido por la ausencia de una cuarta opción política en tiempos de bipartidismo. ¿Ocurrirá lo mismo con IU? Da la sensación de que las fuerzas de segundo nivel corren contra el tiempo. Objetivamente es pésimo que el espectro ideológico se recorte. PSOE y PP aún conservan diferencias sustanciales, pero tienden desde hace años al mimetismo. Álvarez habrá cometido sus errores, exactamente igual que Chaves, Arenas, Valderas o cualquier otro líder, pero también paga por los que cometieron sus antecesores andalucistas. Remontar el vuelo será casi imposible, aunque siga entonando el yes we can de su admirado Barack.